La robótica se ha convertido en el pan nuestro de cada día. Pocas décadas atrás este aspecto era presentado en peliculas o series animadas como algo lejano. Hoy está presente desde la esquina con grandes vallas interactivas hasta al bolsillo de manera casi imperceptible.

El funcionamiento de un cajero automático que coordina piezas mecánicas para contar y entregar billetes con precisión; los semáforos inteligentes que regulan el tráfico vehicular en las avenidas; máquinas de cafè que dosifican ingredientes, los ascensores, son apenas algunos ejemplos que evidencian cómo los sistemas autónomos han dejado de ser promesas del mañana, para cumplir una orden compleja programada por un humano para dinamizar su vida.

No es solo metal, plástico, cables o el destello de un sensor infrarrojo, lo que hoy ocurre en la sociedad global es una metamorfosis de la propia capacidad de interactuar con una realidad. Una era en la que, si bien se transita en el peligro de sustituir la potencialidad humana por la practicidad automática de un sistema robótico, también se experimenta la consolidación de una inteligencia colectiva que busca soluciones a desafios que antes parecían insuperables.

Una época en la que la tecnologia se convierte en un lenguaje universal que no sola construye herramientas, sino que diseña el tejido mismo de la civilización del mañana.

Siembra de árboles del saber

En Venezuela, está germinando un fenómeno que ya está dando de qué hablar en el mundo: los Semilleros Científicos.

Si algo caracteriza los primeros años de vida es la capacidad de maravillarse del entorno, encontrar lo extraordinario en lo cotidiano y el cuestionarse sobre lo que nos parece obvio. Este impetu de los primeros años es lo que ha impulsado, desde 2019, este Programa Nacional que impulsa el Ministerio del Poder Popular para la Ciencia y Tecnologia venezolano, para reorientar estas cualidades innatas de las niñas, los niños y los jóvenes hacia la investigación y la ciencia.

Dentro de esta iniciativa, la robótica es empleada como una herramienta que promueve. a través de estrategias educativas y lúdicas, el desarrollo el pensamiento lógico mediant la programación. El sistema que emplean es el denominado STEAM, que por sus siglas en inglés significa: ciencia, tecnología, ingeniería, artes y matemáticas, es decir, trabajan estas cinco disciplinas desde un enfoque globalizador basado en proyectos.

Este modelo educativo con el que se enseña robótica y otras áreas de la ciencia busca que el estudiante comprenda complejos conceptos teóricos de forma sencilla, integrados y aplicados a la resolución de problemas cotidianos. La intención es fomentar una mentalidad critica orientada a emplear el diseño creativo con rigor cientifico para crear ideas innovadoras que tributern a la sociedad.

Un aspecto interesante es la inclusión de las artes en el sistema STEAM, la razón es que desde esta arista se humaniza la tecnologia, se desarrolla la estética, la empatia, la
expresión autentica, aspectos fundamentales para la creación de soluciones funcionales y sostenibles.

Los frutos de la siembra

«El único consejo que tengo para dar es que sigan sus sueños, que no se rindan y que se esfuercen. Cada día es una nueva oportunidad», estas palabras pertenecen a Angelina Ferrer Romero, joven tachirense de 16 años, integrante del equipo Robotics Dreamer que ganó el primer lugar en la categoria «Futuros Innovadores Senior» de las Olimpiadas. Mundiales de Robótica 2024, celebradas en Turquía.

La propuesta liderada por la joven Ferrer Romero se llamó ‘Resiliencia Tecnológica» y consistió en el desarrollo de sistemas robóticos automatizados para monitorear y restaurar suelos mediante sensores de precisión que evalúan la toxicidad y la humedad en tiempo real, permitiendo una intervención humana minima y altamente eficiente. En otras palabras, estos venezolanos crearon unas máquinas avanzadas que funcionan como «médicos de la naturaleza» que, con sus sensores especiales, pueden limpiar suelos contaminados y vigilar la salud de las plantas de forma automática,

Pero las éxitos no quedaron aqui, el año siguiente, el ingenio de los jóvenes de Nueva Esparta: Hassan Hammoud, Manuel Makerncie y David Rosario dio vida a un autómata construido con piezas de LEGO capaz de internarse en zonas de desastre y acceso peligroso, programado para localizar y auxiliar a personas que pudiesen estar en riesgo. Esta innovación de transformación de lo lúdico para fines humanitarios les permitió conquistar la medalla de oro en la prestigiosa Cumbre de la Inteligencia Artificial para el Bien Común (Al for Good Global Summit) en Suiza, foro que reunió a más de 7500 participantes de diversas latitudes.

Estas son solo muestras de lo que ocurre en Venezuela desde los laboratorios de los centros educativos del territorio nacional. En los Semilleras Científicos se ensambla y se somete a la prueba de fuego de la funcionalidad real. Se enseñan los pasos del método de investigación, se agudiza la observación, se instruye cómo registrar desde lo más imperceptible hasta lo obvio y asombroso.

Exitos como el bicampeonato en el FIRST Global Challenge 2025 con el robot «Delta», en la Olimpiada Mundial de Robótica en Singapur, así como en otras áreas de las ciencias como el caso reciente del niño Ibrahim Rahwan, quien apenas hace unos días superó a cientos de participantes y se alzó con la medalla de oro en la Olimpiada de Maternáticas de Singapur y las Escuelas Asiáticas (SASMO), dan cuenta del ingenio, talento y la creatividad de las y los venezolanos.

Los logros de las niñas, niños y jóvenes en escenarios internacionales, en donde causan asombro, son testimonios de la capacidad intelectual que se ha desarrollado, aún, con restricciones y limitaciones económicas

El reto ha sido y sigue siento ir más allá del kit de piezas a cada escuela, significa trascender lo técnico para transformar el entomo. Es emplear el entusiasmo, la creatividad, la curiosidad de los primeros años para esquivar las dificultades y construir, pieza por pieza, tal como se hace en la robótica el país que soñamos.

Natchaieving Méndez