
Se terminó una expectativa de dos meses. Este jueves el presidente Emmanuel Macron nombró al derechista Michel Barnier como nuevo primer ministro de Francia, con la misión de formar un “Gobierno de unidad”, anunció la presidencia en un comunicado.
Barnier, de 73 años, ha sido ministro y comisario de la Unión Europea con amplia experiencia en las negociaciones del denominado Brexit. Es marcadamente conservador y militante de la cuarta fuerza de la Asamblea Nacional, lo que ha enervado a las izquierdas, ganadoras de las últimas elecciones legislativas, lo que indica que la estabilidad del país queda en manos del bloque macronista y de las derechas.
Pero la propuesta de Macron parece que no logrará superar la crisis política surgida del adelanto en junio de las elecciones legislativas previstas en 2027, pues dejaron una Asamblea Nacional con tres bloques lejos cada uno de la mayoría absoluta.
En este sentido, el nuevo primer ministro deberá convencer a la mayoría de un Parlamento que tiene la potestad de tumbar un Gobierno, sin proponer otro alternativo, con una moción de censura que se daría si la izquierda y la extrema derecha unieran sus fuerzas. Sin embargo, Barnier ya lanzó un primer aviso: «Habrá cambios y rupturas, y habrá que escuchar y aplicar mucho respeto. Entre el Gobierno y el Parlamento, pero también hacia todas las fuerzas políticas. Y digo todas».
Todo apunta a que Barnier deberá apoyarse para gobernar en el grupo macronista (166 escaños), los 47 diputados de su propio partido, Los Republicanos (la formación tradicional de la derecha moderada que, en principio, se había negado a entrar en el Gobierno) y de otras fuerzas minoritarias, como el grupo centrista y regionalista LIOT (21 escaños).
Con ello, el primer ministro, que por el momento no ha dado pistas sobre la composición de su futuro Gobierno, no logrará alcanzar una mayoría absoluta de 289 escaños, pero sí superará en apoyos a la coalición de izquierdas del Nuevo Frente Popular, primera fuerza de la Asamblea con 193 diputados.
La izquierda critica con mucha dureza no solo el hecho de haber sido descartada para gobernar, sino que, con esta decisión, la llave de la gobernabilidad estará paradójicamente en manos de la extrema derecha de Marine Le Pen, cuyo avance apenas logró contenerse a través de un cordón sanitario y una fuerte movilización electoral, que relegó a Reagrupación Nacional a la tercera posición, con 142 escaños, solo una semana después de haber vencido en la primera vuelta de los comicios.
(Con información de El Periódico)

