Natchaieving Méndez

Es inevitable. La frase “Segunda Guerra Mundial” aparece y la sombra de una palabra golpea, pesa y consume la memoria: muerte. Más allá de las gestas heroicas, las hazañas estratégicas para ocupar territorios, los aciertos y desaciertos en tácticas belicistas, las alianzas, los engaños, los sistemas de inteligencia, una guerra al final de cuentas es muerte.

Se mencionan, recuerdan y honran los nombres de quienes lideraron batallones. Calles, avenidas, películas y libros perpetúan a quienes bajo un cargo de poder dirigieron a hombres y mujeres durante este período de la historia, pero detrás de ellos, ¿cuántos anónimos lucharon y entregaron sus vidas?

De acuerdo con Rober Charvin, la Gran Guerra ocasionó alrededor de 80 millones de muertes. De este total, 40 millones eran civiles; 88 % de esos fallecidos eran víctimas soviéticas, es decir, 25 millones de pérdidas humanas que representaba 14 % de la población total de la entonces Unión Soviética (URSS). Además, 53 % de los militares muertos en combates fueron soldados del Ejército Rojo.

China también tuvo una alta cantidad de decesos: 20 millones de muertos. Esto sin contar los más de 6 millones de judíos asesinados, así como las más de 400 mil víctimas de los países occidentales (británicos 1,8 %; franceses 1,4 % y caídos del ejército de Estados Unidos 1,3 %).

Para David Bastardo, politólogo e investigador de la Fundación IDEA, detrás de las gestas heroicas que dominan los relatos históricos, yace un sufrimiento que se menciona poco, pero que fue su verdadero cimiento. “Debajo de todas las gestas, de los grandes comandantes y visionarios están todos los que dieron la vida: los soldados, los civiles de los que se habla menos todavía y los combatientes regulares de lado y lado fueron los que sufrieron los estragos de todo el enfrentamiento de la guerra y que continúa pasando y seguirá pasando en todos los lugares en que haya guerra”, resaltó.

Citando al investigador Ian Kershaw, el politólogo resalta que la Segunda Guerra Mundial se convirtió en el mito fundacional del mundo moderno, el cual “está cargado tergiversaciones, transfiguraciones que sesga, para bien o para mal, la comprensión histórica”.

Es así como en 1945 finaliza la Guerra Global y comienza una carrera informativa por posicionar una versión conveniente de la historia. Muchas versiones caen en el error de exaltar unos hechos sobre otros, inducir desde simples verbos la descalificación de algunos actores para minimizar su participación, aporte y, de esta manera, deshonrar la entrega de los 80 millones de almas ofrendadas en este episodio oscuro de la historia contemporánea de la humanidad.

A muchos de los que nacimos de este lado del charco, justo en el ala occidental, por años nos contaron los hechos que ocurrieron a través de los lentes extraordinariamente encantadores de la magia hollywoodense y la historiografía vinculada a los intereses de quienes pactaban con el principal líder de las relaciones comerciales de nuestros países. Juzgamos alianzas sin conocer las verdaderas intenciones, estigmatizamos personajes solo por las referencias que el “hermano mayor” nos aportaba, exaltamos participaciones que fueron importantes, mas no determinantes.

No obstante, cuando los números de decesos saltan a la vista y se conoce que 88 % de esos fallecidos eran víctimas soviéticas, la mayoría de ellos soldados, entonces, el cuestionamiento sobre los sectores que tuvieron mayor o menor participación hacen que se derriben viejas creencias.

Resistencia roja por la supervivencia

Uno de los mitos inoculados en el pensamiento occidental después de la Segunda Guerra Mundial es que gracias al apoyo armamentístico de Estados Unidos (EEUU) el Ejército Rojo pudo resistir y vencer combates contra las fuerzas del Tercer Reich. Diferentes historiadores, internacionalistas y especialistas en el tema desmienten esta versión pues alegan que este factor contribuyó cuando la Wehrmacht de Hitler ya estaba diezmada a causa de la acción defensiva del ejército de la URSS.

Para entender este aspecto es importante tener claro la premisa de que la lucha del Ejército soviético, más allá de ser impulsada por la defensa de un territorio, tuvo como fin la supervivencia. Al respecto, el politólogo e investigador David Bastardo explicó que desde antes del acuerdo de no agresión firmado entre la URSS y la Alemania Nazi en 1938, Hitler había trazado un plan de contingencia de expansión geopolítica más amplio bajo el concepto de Lebensraum (espacio vital), el cual tergiversó hacia un carácter de clasificación racial.

En este sentido, mucho se ha difundido el desprecio y la agresión de los nazis contra la golpeada población judía, pero poco se menciona la aversión hacia los eslavos a quienes consideraban una raza inferior que debía ser esclavizada o erradicada. De allí que rusos, polacos, ucranianos, checos, entre otros, también fueron objetivo de exterminio del ejército del Tercer Reich. Entonces, la defensa roja además de resguardar su territorio protegía la existencia de su estirpe.

En esta resistencia, describió Bastardo, era obvio que el parque armamentístico de un ejército numeroso como el soviético en algún disminuyera. Es cuando EEUU, ya dentro del juego bélico por el apoyo a Gran Bretaña y el ataque de Japón (aliado de Hitler) a la base naval de Pearl Harbor en Hawái, interviene con el sistema “lend-lease” (préstamo y arriendo) para suministrar armamento, municiones, vehículos.

Este sistema estadounidense fue creado cuando Gran Bretaña se quedó sin recursos para contratacar al ejército hitleriano. Bajo este método, la nación norteamericana dotaba de forma inmediata de municiones, aviones, tanques, alimentos, entre otros insumos al país aliado que lo requiriera y generaba una deuda a largo plazo.

Referente a este tema, el internacionalista Juan Miguel Díaz Ferrer, destacó que en los meses del verano de 1941 se dieron los primeros pasos y acuerdos para la alianza Unión Soviética, Estados Unidos y Gran Bretaña y así firmar los primeros acuerdos. Sin embargo, al poco tiempo el ejército nazi avanzó hacia territorio soviético y amenazó con invadir a Moscú, una arremetida que occidente pensó perdería el Ejército Rojo.

No obstante, esta batalla que tuvo lugar en los primeros días de diciembre, en el gran invierno, significó la primera derrota del llamado “Ejército Invencible” de Hitler. “Los soviéticos lanzaron una ofensiva y lo alejaron casi 200 kilómetros más allá de Moscú, Stalin fue felicitado por Gran Bretaña y Estados Unidos. En esa gran victoria prácticamente la ayuda occidental no jugó ningún papel porque apenas en estos los meses previos habían llegado a la Unión Soviética algunos centenares de tanques ligeros, es decir, que eso era insignificante y por lo tanto no jugó ningún papel en un hecho tan extraordinario como la derrota de los alemanes a las puertas de Moscú”, recalcó Díaz Ferrer.

El internacionalista subrayó que “gracias al heroísmo valentía y corajes y las armas soviéticas” fue posible esa gran victoria en la Batalla de Moscú. Este momento fue crucial no solamente por el fracaso de la estrategia nazi, además fortaleció la resistencia soviética.

La ayuda de la alianza comenzó a llegar con mayor cantidad entre mediados de 1942 e inicios del 43, aclaró Díaz Ferrer quien además agregó que gran parte del armamento que llegaba a los soviéticos se utilizaban como reserva pues, por ser de otra procedencia, debían tener un entrenamiento previo para su uso, lo cual podía ocasionar que cuando era empleado ya era tecnológicamente inferior a lo creado por los alemanes o por los soviéticos.

“Hubo casos que, como demoraba su tiempo, algunos vehículos y tanques de las entregas iniciales eran buenos, pero después que llegaban se rezagaban de la tecnología de los tanques alemanes y soviéticos. No fue siempre, luego se modernizó, la mayoría de ese equipo quedó en la retaguardia y en la formación de nuevas unidades”, relató.

Muestra de lo anterior se pueden evidenciar en los videos de la época, en los que era difícil ver un tanque norteamericano en batalla. Por ejemplo, la Batalla de Kursk (entre el 5 de julio y 23 de agosto de 1943) los tanques que se ven son T-34 que fue un invento de los soviéticos que fue por años el mejor tanque, en su momento superó a los tanques alemanes”, resaltó.

El especialista refiere que ciertamente la contribución de Estados Unidos fue significativa, especialmente en los productos alimenticios que llegaron a escasear en la Unión Soviética. Es así como los alimentos procesados, en latas, fueron de gran ayuda para mantener al ejército soviético. Sin embargo, considera que la historiografía occidental ha exagerado en afirmar que sin este aporte la URSS hubiese sido derrotada, pues “las armas no se disparan solas” y fue gracias al valor, la proeza y heroicidad del Ejército Rojo que fue posible la disminución y derrota de las fuerzas hitlerianas.

La historia, lejos de ser un relato absoluto, es un reflejo de quienes la cuentan. Las cifras, los discursos y las interpretaciones han moldeado la memoria colectiva, pero más allá de estrategias y victorias, la verdadera pregunta sigue en pie: ¿hasta qué punto recordamos el costo humano real de los enfrentamientos? En cada guerra, los héroes son celebrados, pero los sacrificios, a menudo, quedan en el olvido. A 80 años de la Gran Victoria, honremos la memoria de ese 88 % de vidas que se perdieron en la Segunda Guerra Mundial y que en el relato occidental han estado invisibilizadas