
Luego del ataque militar de Estados Unidos (EE UU) contra el país, Venezuela amanece otra vez bajo fuego. No se trata de misiles, bombas, quizá es algo más cercano al Discombobulator empleado para desorientar a los soldados que resistieron aquella madrugada del 3 de enero la agresión norteamericana. Se trata de dos guerras simultáneas: una de alta tecnología y otra, más silenciosa, casi imperceptible, que se hace con palabras, imágenes y promesas.
Mientras en el cielo se mueven satélites y drones, en las pantallas y dispositivos electrónicos los algoritmos afinan una narrativa que intenta decirle a la venezolana y al venezolano quién es, a qué le debe temer, a quién obedecer, qué va a ocurrir.
Carlos Zavarce, periodista, filósofo, historiador y docente, describe la coyuntura actual como una guerra de grandes narrativas más que de grandes batallas. Las bombas que más importan, advierte, no son las que caen sobre el suelo, sino las que caen sobre la mente. Donald Trump y la élite que lo rodea no solo mueven portaaviones: manejan relatos, slogans, símbolos y escenas diseñadas para programar emociones, fidelidades, desconfianza y miedos.

Es así como desde esa lógica, recalca el especialista, la opinión pública deja de ser un flujo vivo de conversaciones callejeras para convertirse en opinión publicada. No se trata de lo que piensa la gente, sino de lo que se impone desde un aparato mediático-industrial capaz de fabricar percepción con la misma precisión con la que se construye un dron. La guerra ya no se libra solo en fronteras y mares: se libra en cada edición o timeline.
La agresión que se convirtió en demostración
Para Zavarce, el 3 de enero Venezuela fue el escenario de una “demostración”, es decir, una operación especialmente diseñada para exhibir poder sin necesidad de invasión terrestre. Las fuerzas estadounidenses sabían que por tierra no lograrían conseguir su objetivo principal: presentar al mundo su gran poderío armamentístico. La tenían perdida, por lo que utilizaron el medio que más dominan: el aire.
El docente explica que a EE. UU. no le importaba que los marines cruzaran la frontera, les bastaba con mostrar que su nueva tecnología militar podía bloquear sistemas, neutralizar defensas y operar desde el aire.
De allí, insiste, la nación suramericana aparece en el tablero como laboratorio y vitrina. Los helicópteros y sistemas de guerra electrónica no solo enviaban un mensaje al Gobierno venezolano, sino al mundo entero: Estados Unidos aún puede entrar por arriba, cuando entrar por tierra significaría un costo político y militar demasiado alto. La verdadera advertencia de la Casa Blanca no es solo militar; es narrativa: “podemos hacer esto, cuando queramos y donde queramos”, enfatiza.
Esta operación militar, refiere el filósofo, se complementa con su reflejo mediático. Esta, reflexiona Zavarce, es la razón del por qué mientras en el cielo se mueven aeronaves, en los periódicos y plataformas circulan cifras y titulares que buscan generar impacto, más que comprensión.
“Cuando leí un artículo de New York Times que decía que ´iba a ser muy difícil que Estados Unidos realmente se apropie de los 50 millones de barriles de petróleo´, yo decía, ´ ¿cómo vamos a aportar nosotros esos 50 millones de barriles de petróleo si lo que producimos es un millón diario? Entonces, luego leo otro artículo donde el que escribía decía: ´ cayó el dólar porque entraron 500 millones de dólares al país´; 500 millones de dólares es lo que se consume aquí en dos días de comercio, o sea, es absolutamente nada. Es una cifra lo insignificante», refiere el analista.
En esta línea, precisa, estos discursos buscan capitalizar desde la ignorancia de los datos reales. “Intentan posicionar que Estados Unidos se está encargando de la economía del país, todo es un trabajo absolutamente mediático”, afirma.
Una de las herramientas más empleadas en esta guerra de narrativa, destaca el periodista, es la difusión de imágenes falsas, como la supuesta foto en la que la presidenta encargada condecoraba al director de la CIA. Estas publicaciones, explica, tienen la finalidad de funcionar como pequeños golpes a la credibilidad colectiva.
El argumento de esta estrategia, precisa Zavarce, es que foto compartida millones de veces siempre pesa más que una desmentida leída por unos pocos, más ahora en la época de las redes sociales. Esta es la razón, refiere, por la que Trump desde su propia plataforma de redes, difunde mapas donde Venezuela aparece bajo la bandera estadounidense. “No es un error gráfico, es programación neurolingüística aplicada al imaginario político global”, dice.

¿Cuál es la intención?
Zavarce resalta que uno de los objetivos de esta guerra de narrativa es demoler la cohesión del bloque revolucionario venezolano. Al mismo tiempo, puntualiza, pretenden reafirmar “el mito de la omnipotencia estadounidense”. “Por eso Trump lanzó una frase tan interesante como: ´la riqueza de Estados Unidos la tienen otros países y nosotros simplemente vamos por ellos´. La frase fue la lapidaria, ya no es ´América para los americanos´, es el mundo para los americanos. Por eso es que nosotros fuimos, simplemente, un proceso de demostración”, argumenta.
Igualmente, destaca el docente, es importante considerar que esa narrativa también busca atomizar al chavismo: rumores de corrupción, traición, negligencia, intrigas sembradas en redes y pasillos, todo orientado a erosionar la confianza entre bases y liderazgo. Explica que no se trata solo de cambiar un gobierno, sino de vaciar de sentido un proyecto histórico. Una guerra por el significado de las palabras “soberanía”, “pueblo”, “revolución”.
Ejemplos en la historia del mundo
El guion no es nuevo, refiere Zavarce y compara la acción mediática de Trump con otros empresarios que compraron medios antes de hacerse del poder. Uno de ellos, menciona, fue Silvio Berlusconi en Italia, dueño de canales y programas, que moldeó el imaginario de una sociedad entera desde la pantalla, antes de sentarse en el Palazzo Chigi. En América, el profesor señala a la familia Santos, en Colombia, que construyó su poder a través del control de medios como El Tiempo, articulando opinión y gobierno. “Así se hizo de dos presidentes”, recordó.
Desde la visión del analista, Groenlandia aparece como otra pieza de este rompecabezas. Allí se cruzan intereses militares alemanes, daneses y finlandeses, mientras Rusia niega públicamente cualquier ambición sobre el territorio. Señala que detrás de los comunicados y desmentidos, lo que se disputan es el paso estratégico por el norte y la posibilidad de contener a chinos y rusos.
Además, en lo interno de EE. UU, en Minneapolis, el renacer de grupos como las Panteras Negras corre en paralelo a la militarización del territorio: cada foco de resistencia se vuelve también un foco de cobertura mediática, seleccionado y recortado según convenga, diserta.

Programar para un pensamiento social único
Para Zavarce, lo que hoy se llama “estrategia de comunicación” tiene sus raíces en desarrollo en la época de los 60, en el contexto de la Guerra Fría: la programación neurolingüística. Explica que esta técnica, creada originalmente por terapeutas, se trasladó al terreno político y mediático y luego se ocultó por su peligrosidad, pero nunca se dejó de usar.
“Eso es simplemente programación neurolingüística trabajada al extremo. Simplemente está preparando a la humanidad entera (…) Cuando tú ves cualquier material de entretenimiento si lo comienzas a ver con cuidado ves todo el veneno que hay. Moldear y programar una población hacia un pensamiento único, más parece un dogma que algo científico”, expone.
Bajo esta lógica, detalla el analista, se crean las llamadas “leyes del mercado”, las cuales se presentan como verdades naturales, intocables, cuando en realidad son dogmas útiles para justificar desigualdades. Es por ello que, para este periodista, es necesario que se mire con cuidado desde las noticias económicas hasta las de entretenimiento.
Muestra de lo anterior, destaca, es la supuesta pelea ocurrida meses pasados entre Netflix, Warner y Paramount, que se presentó como competencia feroz. “Pero detrás de todo esto se encuentran siempre los mismos nombres (los dueños de BlackRock). Lo que están haciendo es un juego de sombras para financiar toda su operación. BlackRock es tan poderosa que sus ingresos anuales es la suma del ingreso de Francia, Inglaterra, España, Alemania y triplican los de Estados Unidos. Es un teatro de sombras: el gran capital discute consigo mismo mientras el público aplaude sin ver quién está en la cabina de luces”, especifica.
La mayor arma de la población venezolana
En toda esta mediática y geopolítica, Zavarce resalta que el pueblo venezolano cuenta con algo que suele pasar desapercibido en los análisis: sigue su vida cotidiana. A pesar de las amenazas, sanciones y operaciones psicológicas, destaca, la mayoría de la gente sigue trabajando. “Va a la playa, se toma un trago”, comenta el analista quien describe estas acciones como acto de resistencia silenciosa. “No es indiferencia, es una forma de no entregar el equilibrio emocional al enemigo”, aclara.
Recuerda que el chavismo se mantiene unido desde 1998, no porque esté libre de errores, sino porque su base social es profundamente matriarcal. “Las lideresas de los barrios, las organizadoras de las comunidades, las que se preocupan por hijos, vecinos y territorio, son mujeres”, resalta.
Esa fuerza, explica el periodista, viene en buena medida de la herencia africana, más que de la indígena, pues salvo los wayuu, la mayoría de los pueblos originarios venezolanos son patriarcales. Por ello asegura que las mujeres africanas trajeron consigo una ética del cuidado que hoy sostiene buena parte del tejido revolucionario.
En este sentido, Zavarce refiere que ni el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores ni la agresión militar ni las maniobras para intentar imponer figuras como María Corina Machado han logrado desencadenar la guerra civil que algunos daban por segura.
Recalca que en la actualidad el país no está domesticado, pero tampoco está en llamas. Está en espera activa, cautelosa, aprendiendo a leer las jugadas tal como lo enseñó Hugo Chávez. Por ello, para este comunicador y filósofo, “frente a una maquinaria que quiere volver leña al movimiento, la tarea es clara: seguir trabajando desde cada espacio, disputando la narrativa, desmontando las sombras y recordando que la verdadera batalla se libra en la conciencia colectiva”.
T/Natchaieving Méndez

