El expresidente de Bolivia, Evo Morales, anunció el inicio de una huelga de hambre para exigir un diálogo con el gobierno de Luis Arce, tras 19 días de protestas y bloqueos de carreteras por parte de sus seguidores.

Estas manifestaciones buscan la suspensión de las investigaciones en su contra por presunto abuso de menores, que Morales califica como una persecución política.

Durante su declaración, Morales afirmó: «Puedes arrestarme, espero que no me maten. He estado muchas veces preso, no tengo miedo, pero no saldré de Bolivia. Estoy con mi pueblo y con el pueblo vamos a resistir». La huelga se lleva a cabo en un clima de creciente tensión, donde sus partidarios han tomado varios puestos militares y mantenido a más de 20 uniformados como rehenes.

Morales, quien se encuentra en la región cocalera del Chapare, instó a sus seguidores a considerar la suspensión temporal de los bloqueos para evitar más violencia.

A pesar de que las protestas comenzaron como un reclamo por su situación judicial, han evolucionado hacia demandas más amplias, incluyendo la renuncia del presidente Arce.

El exmandatario también solicitó la participación de organismos internacionales en las mesas de diálogo que propone, donde se discutirían tanto temas económicos como políticos.

En este contexto, las manifestaciones han dejado alrededor de 90 heridos, principalmente policías, y han complicado severamente la cadena de producción y abastecimiento en el país.