En las últimas dos décadas, el panorama de la ciberseguridad experimentó una transformación radical y la evolución del malware, en sus múltiples formas, pasó de simples virus diseñados por entusiastas, hasta sofisticadas herramientas de espionaje y sabotaje utilizadas por actores estatales y criminales organizados para atacar a empresas, gobiernos y personas.

La empresa de antivirus ESET los remume de la siguiente manera:

Los primeros pasos (2000-2010): Los virus y gusanos informáticos eran las principales amenazas, causando molestias y daños considerables. Estos malwares causaban daños mediante la eliminación de archivos y la congestión de redes y su proliferación tuvo fuerza debido a la rápida expansión del acceso a internet y la falta de una cultura de ciberseguridad.

Crimen Organizado (2010-2020): En esta era se profesionalizó el cibercrimen según ESET, con el secuestro de datos a cambio de un rescate. El malware se volvió más sigiloso y dirigido. Aquí el macromalware, que utiliza macros en documentos de Office para infectar sistemas fue de los métodos de propagación más utilizados con engaño a los usuarios para que habiliten las macros y ejecutan el malware.

APT y la geopolítica del malware (2020-presente): Las Amenazas Persistentes Avanzadas (APT) han ganado protagonismo, estos ataques se centran en el espionaje y el sabotaje a largo plazo. La inteligencia artificial (IA) se integra al malware, y los ciberataques tienen a ser más complejos y personalizados. Sus tácticas avanzadas, incluyendo el uso de malware sofisticado y técnicas de ingeniería social, han subrayado la necesidad de una colaboración internacional en ciberseguridad.