
Un centro especializado en el distrito de Shijingshan, en Pekín, abrió un jardín de infancia para robots donde las máquinas adquieren capacidades mediante estímulos táctiles y ensayo y error. El proyecto, desarrollado por una empresa local de tecnologías hápticas junto a un equipo del galardonado con el Premio Turing, Richard Sutton, busca que los autómatas aprendan a tomar decisiones mediante la interacción directa con su entorno físico.
Durante la etapa de entrenamiento, los sistemas repiten movimientos, recaban información a través del contacto y corrigen su comportamiento tras cada intento. Este método de aprendizaje continuo permite a los robots ajustar sus trayectorias ante obstáculos reales, con la finalidad de adaptarse a condiciones imprevistas y superar los límites de las tareas preprogramadas.
Expertos del proyecto explicaron que las tecnologías actuales dependen de teleoperación, datos humanos o simulaciones fijas que impiden la evolución del autómata una vez desplegado. Frente a ese esquema tradicional, la nueva instalación ofrece un espacio seguro diseñado para que las máquinas comprendan su funcionamiento e interactúen con el mundo real sin depender de grandes volúmenes de información previa.
El nuevo centro marca un avance en la red de instalaciones de entrenamiento robótico de China, presentes también en distritos como Yizhuang. Aunque en otros recintos los sistemas practican labores domésticas o de alta precisión bajo supervisión previa, la sede de Shijingshan introduce por primera vez la capacidad de aprendizaje autónomo sin instrucciones humanas directas.
T/VTV

