Mucho se ha hablado acerca de “los pronósticos” de la serie animada Los Simpson, cuyos capítulos han coincidido con hechos acontecidos en el mundo. No obstante, en esta oportunidad nos referiremos a WALL-E, una película de Pixar estrenada en 2008 y pese a los pocos diálogos que contiene, presenta una realidad del planeta que pareciera estarse cumpliendo.

Dirigida por Andrew Stanton, escrita por Stanton y Jim Reardon, WALL-E nos ubica en el año 2805, en una Tierra inhabitable, rodeada de basura y poblada solo por insectos y robots que apilan las grandes toneladas de basura. Un pequeño robot presenta un comportamiento inusual: desarrolla personalidad. Pese a su carácter autómata de recoger y aglutinar basura, el autómata “siente” curiosidad y experimenta “emociones” como nostalgia, soledad y amor ¿Inteligencia artificial?

Una nave envía a otros robots al planeta en búsqueda de algún indicio de vida. Entre los enviados está EVE, que también se dale del patrón y envueltos en una suerte de amor robótico lleva la trama a una nave en la que permanece parte de la población humana conectadas a dispositivos electrónicos, obesa y sin cumplir siquiera las funciones de socialización. Esta realidad es controlada en el film por una mente maestra llamada AUTO, que es un programa digital que solo tiene el fin de tener el poder la humanidad ¿Le recuerda a algo?

¿Vamos al mundo de WALL-E?

En 2021, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) difundió un informe en el que alarmaba sobre la producción de más de 2.000 millones de toneladas de desechos sólidos al año, una cifra que según sus pronósticos puede alcanzar los 3.400 millones de toneladas para el 2050. Aun más, la Asociación Internacional de Residuos Sólidos (ISWA), difundió otro estudio en el que exhorta que esta predicción para dentro de 30 años se quedó corta, pues la cantidad de producción de desechos sería 3.800 millones de toneladas.

¿A qué se debe este aumento desenfrenado en la producción de basura? La respuesta es inminente: los patrones de consumo, un aspecto que también es criticado por la película Wall-E, la cual muestra cómo los humanos alineados, prefieren la comodidad a expensas de la estabilidad del planeta.

Para muestra un botón, la empresa consultora McKinsey reveló en 2023 un estudio en el que 45% de los consumidores no piensan en la durabilidad para comprar. En otras palabras, quienes compran no disertan cómo su elección de consumo podría afectar el ambiente, sino que responde a la mera satisfacción del impulso cada vez mayor obtener comodidad y recompensa inmediata con productos nuevos.

Valdría enlazar estos estudios con los efectos de la sobre exposición de las personas a plataformas digitales como TikTok o Instagram, que ha comprobado la programación del cerebro del internauta para obtener gratificación instantánea. La ausencia de esa inmediatez produce estados de ansiedad, un trastorno que para 2017 la Organización Mundial de la Salud estimaba que padecía 264 millones de adultos, 63% de esta cantidad son mujeres. Esta cifra aumentó 2022 como consecuencia del Covid 19, período en el que existió mayor uso de las redes por el aislamiento necesario.

Bien es sabido que uno de los reguladores que encuentran los seres humanos frente a la ansiedad es el consumo excesivo de alimentos y también las compras compulsivas. Entonces, entre el bombardeo de publicidad, cada vez más atractiva, sobre alimentos no nutritivos difundidos por cadenas de comida rápida o la adquisición de nuevos objetos, queda la imagen de la película WALL-E de las personas obesas, sobre pequeños vehículos, apenas moviendo sus extremidades para buscar alimentos.

En el mismo estudio de la encuestadora McKinsey, se muestra que 60% de los consumidores consultados expresan su deseo de reducir sus compras, pero dentro del patrón de la cultura de obsolescencia programada, es decir, la mayoría de productos están diseñados para no durar mucho tiempo. Un ejemplo de ello son los teléfonos móviles, computadores y equipos electrodomésticos, que constantemente son reemplazados por modelos más modernos, lo que ocasiona que estos aparatos inutilizados se conviertan en un desperdicio más para el medio ambiente ¿Desechos que formarán parte de las 3.800 toneladas de desperdicio para 2050?

Este aumento de residuos sólidos, así como la emisión de gases que producen han contribuido al aumento de gases invernaderos en la atmósfera, lo cual incide directamente en un cambio climático que en la película también se trata de manera implícita. Según el último informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), el calentamiento global ha causado el aumento de temperaturas globales en 1.5 grados centígrados, superando los límites que los científicos consideran seguros.

Las olas de calor, sequías y huracanes cada vez más intensos y devastadores dejan a la humanidad más vulnerables. De acuerdo con el IPCC, 50% de la población mundial está en riesgo ante eventos climáticos extremos, lo que sugiere que podríamos estar en la senda que lleva a un futuro devastador al igual que el mostrado en «WALL-E».

Dependencia tecnológica

Una de las escenas que más causa impacto en WALL-E es cuando los humanos sobrevivientes, son inútiles para usar sus extremidades por el sedentarismo en el que viven. La dependencia tecnológica los llevó a la desconexión total con la sociedad real, empleando sus dispositivos como una forma para la interacción, aunque físicamente se encuentren uno junto a otro.

Esta escena difundida en 2008, casi una década después, se experimenta hoy en fiestas, reuniones y hasta actos escolares, en los que los padres prefieren y emplean más esfuerzo en buscar la toma perfecta para colgar en las redes sociales el baile de sus hijos, que disfrutar del trabajo artístico con sus propios ojos.

Un informe de 2022 de la OMS expresa que un adulto pasa alrededor de ocho horas diarias conectados a las pantallas, lo que ha desencadenado trastornos de salud mental como la ansiedad, antes mencionada, y la depresión. Algo que es lógico, pues los algoritmos bombardean con publicaciones vinculadas con los estados de ánimos de los internautas, generando adicción. Esto sin mencionar la población juvenil, cuyo informe también revela que uno de cada cinco jóvenes enfrenta problemas de salud mental, un fenómeno que refleja la apatía de los personajes de la película que han olvidado cómo disfrutar del mundo físico que los rodea.

Hay esperanza

Si bien WALL-E presenta un futuro desolador, ofrece además el camino para la salvación. En la actualidad, existen iniciativas que plantean un cambio de un modelo económico más sustentable y menos invasivo para el planeta, en el que se toman prácticas ancestrales con la tecnificación de los nuevos tiempos para el aprovechamiento de los recursos sin el detrimento ecológico. Tal como se ha planteado en Venezuela con la pesca artesanal o el empleo de productos orgánicos, no contaminantes, para el trabajo de la tierra.

El movimiento de la economía circular también se ha convertido en una alternativa. Este se basa en reutilizar y reciclar productos para minimizar la generación de residuos. En este sentido, países como Suecia han alcanzado tasas de reciclaje superiores al 99%, liderando el camino hacia un futuro más sostenible.

La participación de la colectividad también ha cobrado protagonismo, por lo que cada vez se evidencia más presión ciudadana a las industrias y poderes generadores de leyes reguladoras para la adopción de prácticas más sostenibles que conserven el ambiente. Campañas sobre reducción de plásticos, protección de la biodiversidad y promoción de energías renovables están ganando terreno, similar al pequeño pero significativo descubrimiento del pequeño WALL-E, revitaliza la esperanza en la humanidad.

En este sentido, es vital que cada ciudadano asuma con rapidez y determinación el principio de que las decisiones que tomemos hoy, serán la definición del mañana. Entonces en la humanidad estará el destino de que WALL-E sea solo una buena película de ficción para niños o una crónica de un desastre anunciado.