
Un equipo multidisciplinario del Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona, España, realizó el primer trasplante parcial de cara del mundo, a partir de una donante que había solicitado la eutanasia. El centro de salud dio a conocer los resultados de la intervención este lunes, en una rueda de prensa en la que estuvo presente la receptora, afectada por una grave infección que provocó la necrosis de células y tejidos faciales.
El trasplante facial exige una compatibilidad extremadamente precisa entre donante y receptor. Ambos deben compartir sexo y grupo sanguíneo, además de presentar medidas antropométricas similares, un requisito clave para garantizar la viabilidad del injerto. En este caso, no existía ninguna conexión entre la donante y la receptora,
Según, Joan-Pere Barret, jefe del servicio de cirugía plástica y quemados de Vall d’Hebron, explicó que el hecho de contar con una donante que recibió la eutanasia permitió una planificación quirúrgica detallada «pudimos realizar una planificación en 3D tanto de la donante como de la paciente, lo que facilitó enormemente el trabajo», señaló. Esta preparación previa contribuyó de manera decisiva al éxito de una intervención que marca un antes y un después en la medicina reconstructiva.
Elisabeth Navas Moya, coordinadora médica del programa de donación y trasplantes del Hospital hizo referencia a la buena evolución de Carme, la receptora, quien en sus propias palabras «ha recuperado una calidad de vida que no imaginaba que pudiera volver a tener» aseguró.
Explicó que el trasplante está evolucionando favorablemente, tanto desde el punto de vista estético como funcional. «No se trata solo de tener una cara, sino de que esta sea funcional», dijo. En este sentido, la paciente ya recuperó la sensibilidad, respira mejor, puede tragar con normalidad y se alimentó por vía oral, algo que no podía hacer antes de la intervención.
Además, la recuperación le permite volver a salir a la calle y recuperar su identidad, aunque la coordinadora subraya que «lo más importante es que la funcionalidad está evolucionando muy bien». Actualmente, Carme realiza ejercicios diarios para fortalecer y activar la nueva musculatura facial.
Uno de los aspectos clave en esta fase, es evitar el rechazo del trasplante, por lo que la paciente está siguiendo un tratamiento con inmunosupresores. De este modo, Moya, destacó la importancia de la planificación del procedimiento «tenía que ser un trasplante extremadamente bien organizado, y el hecho de disponer de varias semanas para prepararlo, al tratarse de una donación programada procedente de una paciente sometida a eutanasia, fue determinante» aclaró.
Expertos de distintos campos participaron
Para poder llevar a cabo un trasplante de este tipo, se necesita la implicación de expertos de distintos campos, como la cirugía plástica, trasplantes, inmunología, psiquiatría y psicología clínica, rehabilitación y unidad de cuidados intensivos.
Pere Barret, explicó que Carme, a través de la picadura de un insecto, sufrió una infección que le provocó una necrosis, la muerte irreversible de células y tejidos, en la cara «lo que podría haber quedado en una anécdota acabó siendo una experiencia horrible para ella y todos los familiares», lamentablemente.
Esta situación causó una alteración severa de sus funciones del habla, de su respiración y de su nutrición, poniendo en peligro la vida. Carme fue a Vall d’Hebron para realizar una intervención de urgencia para poder recibir nutrientes y se le ofreció la posibilidad del trasplante de cara. .
Una cirugía de máxima complejidad
La cirugía del trasplante de cara es de máxima complejidad, puede durar hasta 24 horas y requiere experiencia y recursos asistenciales de laboratorio. Se trasplantan piel, tejido adiposo, nervios periféricos, musculatura facial y hueso de la cara, con estructuras que son pequeñas y con una disposición tridimensional compleja.
Solo se han realizado 54 trasplantes de cara en el mundo y hay una veintena de centros trasplantadores, entre ellos el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona.
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