
El aparato digestivo y el cerebro están más conectados de lo que se pensaba, hasta el punto de que quienes padecen trastornos intestinales persistentes tienen hasta el doble de probabilidad de desarrollar enfermedades neurodegenerativas, como alzhéimer o parkinson, según ha confirmado un estudio dirigido por la española Sara Bandrés-Ciga.
La investigadora, directora del área de neurogenética en el Centro para la Investigación del alzhéimer y otras demencias de los Institutos de Salud de Estados Unidos, ha codirigido este macroestudio de tres grandes bases de datos: el BioBanco del Reino Unido y los biobancos de Escocia (SAIL Biobank) y Finlandia (FinnGen).
Sus revolucionarios hallazgos aparecen recogidos en la revista científica Science Advances, y a ellos ha contribuido también el científico Armando Reyes, de la española Universidad de Málaga.La enfermedad de alzhéimer es la causa más común de demencia a nivel mundial.
Su patogénesis es multifactorial e incluye el depósito de β-amiloide en el sistema nervioso central, la presencia de ovillos neurofibrilares intraneuronales y una disminución de la cantidad de sinapsis. Aún se desconoce la causa de la progresión de la enfermedad.
Actualmente, se sugiere que el cerebro está conectado al tracto gastrointestinal, especialmente al sistema nervioso entérico y al microbioma intestinal. Diversos estudios han encontrado una asociación positiva entre el alzhéimer y las enfermedades gastrointestinales como la periodontitis, la infección por Helicobacter pylori , la enfermedad inflamatoria intestinal y los trastornos del microbioma.La inflamación crónica puede provocar la formación de placa beta-amiloide en el tracto intestinal, que se propaga al cerebro a través del nervio vago.
El microbioma desempeña un papel importante en muchas funciones corporales, como la absorción de nutrientes y la producción de vitaminas, pero también es un factor importante en el desarrollo de muchas enfermedades, incluida la enfermedad de alzhéimer.
Es por ello, que tanto la cantidad como la diversidad del microbioma cambian significativamente en pacientes que padecen alzhéimer e incluso en personas en la etapa preclínica de la enfermedad, cuando aún no se presentan síntomas.
T/Agencias

