Le invito a hacer un cálculo sobre su tiempo diario. De las 24 horas del día, un adulto promedio invierte ocho en trabajar, dos en trasladarse y aproximadamente seis en dormir. Toda esta cuenta da como resultado 16 horas, quedando ocho para otras actividades: ejercicios, comer, aseo, compartir con la familiar, distracción ¿otro trabajo? En este punto vale la pena preguntarse: ¿cuánto tiempo del día dedica a las redes y al contacto con los dispositivos electrónicos?

Una investigación realizada en 2024, publicada en el portal comparitech.com, refiere que en el mundo las personas pasan seis horas y 57 minutos frente a una pantalla por actividades que requieren el uso de internet. Podríamos suponer que este tiempo está incluido en la jornada laboral anteriormente mencionada; sin embargo, el estudio advierte que, de ese tiempo, tres horas y 43 minutos son dedicadas a dispositivos móviles.

«Ah, pero es que se trabaja con el celular». Ciertamente, este comentario también podría surgir; no obstante, el mencionado artículo detalla que dos horas y 27 minutos se emplean en redes sociales, una hora y 33 minutos escuchando música en línea y 55 minutos en podcasts. ¿Qué tiempo queda entonces para otras actividades?

La generación virtual

En el caso de niños y jóvenes en edades de pleno desarrollo cerebral, los datos son más alarmantes. Como es fácil inferir, el tiempo de exposición a los dispositivos móviles aumentó durante el período de la pandemia y se ha mantenido en los años siguientes. No es descabellado: si un cerebro en formación ha estado expuesto constantemente a un estímulo de mucha intensidad durante meses, le es difícil adquirir otros hábitos que sean más pasivos.

Antes de la pandemia, específicamente en 2019, la Asociación Americana de Pediatría advirtió que, de acuerdo a sus estudios, esta población pasaba entre 4 y 7 horas diarias de exposición a las pantallas, las cuales se dedicaban, fuera del trabajo académico, al consumo de contenidos de ocio como redes sociales, videojuegos y visualización de plataformas de video. ¿Podrían imaginarse los pensamientos de un estudiante que ha estado expuesto a numerosos estímulos digitales cuando un profesor, utilizando solo un marcador y una pizarra de manera tradicional, intenta explicarle un algoritmo matemático?

Lo anterior es, tal vez, la justificación del aumento de la cantidad de diagnósticos de trastornos del neurodesarrollo como los retrasos en el lenguaje, el autismo, el déficit de atención con hiperactividad, la ansiedad generalizada y la depresión en edades tempranas.

El uso excesivo de la tecnología está influyendo en el proceso de formación del cerebro, especialmente en las áreas vinculadas al análisis, la toma de decisiones, la creatividad, la inteligencia emocional y el razonamiento lógico. Cada vez más, los docentes se enfrentan a la tarea de hacer explicaciones más simples, con menos abstracción y más concretas, pues lo contrario genera el fracaso frente a una actividad escolar, aspecto que sus estudiantes, emocionalmente, parecieran tener menos herramientas para soportar. ¿Será esta una de las causas de la llamada generación de cristal?

Revisemos con números el comportamiento de diversos países de América. El país que reporta más tiempo de exposición a las pantallas de personas en edades tempranas es Estados Unidos. Para 2021, un estudio de Common Sense Media arrojó que los adolescentes estadounidenses pasaban un promedio de 7 horas y 22 minutos al día frente a pantallas; el 53% de ellos afirmó ser dependiente de sus celulares.

Este tiempo disminuyó en niños estadounidenses entre 8 y 12 años, cuyo promedio fue de 4 horas y 44 minutos al día. No es difícil entonces deducir las causas de la inclinación del actual presidente de este país de tener como aliado a los dueños de las principales plataformas tecnológicas, así como tratar de minimizar el acceso digital de las empresas chinas.

Pero en otras latitudes la realidad no es distinta. En Corea del Sur, la Korea Communications Commission en 2020 determinó que adolescentes surcoreanos pasaban un promedio de 5 horas diarias frente a pantallas. En Canadá, una investigación de Statistics Canada arrojó que niños y adolescentes de entre 5 y 17 años pasan alrededor de 3 horas diarias usando dispositivos electrónicos para el ocio, lo cual aumenta a 5 horas diarias en jóvenes entre los 15 y 17 años.

En países latinoamericanos también existe esta tendencia. En 2021, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) de México, no solo comprobó que 67% de los adolescentes de entre 12 y 17 años utilizan diariamente internet, también indicó que 44% de ellos pasan más de 4 horas al día en redes sociales, videojuegos y videos en línea.

En Brasil una encuesta realizada en 2021 por el Instituto de Geografía y Estadística encontró que 92% de los adolescentes entre 10 y 19 años no solo utilizaban internet de manera diaria, dedicaban a las pantallas alrededor de 5 horas y media en actividades no académicas

Los estudios en diversos países son innumerables y la preocupación va en crecimiento, como también la vinculación y dependencia de los niños y jóvenes hacia los dispositivos móviles y el uso de internet para fines no educativos. Esta nueva realidad no solamente ha alterado la interacción de la población infantojuvenil con el entorno, además, refieren los expertos, ha ocasionado problemas de insomnio, ansiedad, comportamientos impulsivos, aislamiento, disminución de la actividad física, entre otros males.

Suramérica entre los más dependientes

En general, el estudio publicado por comparitech.com indica que, sobre la premisa que la mayoría de las personas duerme ocho horas, la población a escala mundial pasa delante de una pantalla 44 % de su tiempo cuando está despierta. Esto entonces justifica por qué líderes políticos o muchas de las gestiones están encaminadas a tener mayor presencia en redes sociales y ahora los llamados influencer adquieren una relevancia en la dinámica social, pues son quienes más “contacto” mayor cantidad de personas.

De este total, refiere la mencionada publicación, de un lado de la balanza, como la población que más tiempo pasa frente a un dispositivo electrónico, están los sudafricanos con 70 % de horas del día dedicadas a este fin. En el otro extremo, el de menor tiempo empleado, están los japoneses, quienes pasan delante de las pantallas menos de 28 % del tiempo.

Los países latinoamericanos no se quedan atrás en este aspecto. Según el informe Digital 2024: Global Overview Report de Datareportal en Brasil, un ciudadano promedio pasa aproximadamente 9 horas de su tiempo frente a una pantalla. Esta misma tendencia es similar en Colombia, Argentina y Chile. En tanto, Rusia, Malasia, Emiratos Árabes Unidos y Tailandia registra un consumo de un poco más de 7 horas diarias que emplean sus poblaciones en los espacios virtuales.

Los datos sobre el tiempo empleado frente a un dispositivo electrónico llaman a la reflexión acerca de la dependencia tecnológica que avanza cada día. El uso excesivo de los dispositivos electrónicos no solo ha mermado el tiempo para otras actividades importantes para la socialización, además han afectado negativamente la capacidad de concentración y el bienestar emocional.

Es por ello que es vital establecer un equilibro entre el tiempo frente a las pantallas, especialmente en las edades tempranas, y las actividades que impulsan el desarrollo personal, la creatividad y las relaciones interpersonales. De esta manera puede asegurarse que el avance tecnológico pase de ser el lobo feroz o el meteorito virtual que exterminará la sociedad, a un aliado para el crecimiento, bienestar y desarrollo integral de las personas.