Hace unos días conversaba con un amigo y me dijo una frase lapidaria: “me siento en La metamorfosis de Kafka”. Se refería al fenómeno viral de los therian: personas que, si bien se identifican con máscaras de animales, se definen como más que ese disfraz. Ellos manifiestan que experimentan una identificación profunda, espiritual o psicológica, con un animal no humano.

Comencé a investigar sobre ellos y descubrí que, aunque no los conocía, el therianismo no es reciente: surgió a finales de la década de los noventa, junto a los punks y los emos. A diferencia de otras subculturas basadas en el entretenimiento o el disfraz, el individuo siente que su esencia, instintos o su percepción del mundo corresponden a los de un animal específico, ya sea un lobo, un felino, un perro o un ave.

Quienes se identifican como tal asumen su condición humana, pero sienten que su alma pertenece a otra especie o mantienen una afinidad profunda con ella. En ocasiones, encuentran satisfacción en imitar conductas asociadas a ese animal, desde ciertos movimientos sutiles hasta sonidos característicos.

Los therians no deben confundirse con otras subculturas como los Otherkin, que son aquellos individuos que se identifican con criaturas mitológicas como dragones o hadas. En ambos casos no se trata de un juego de rol o de “querer ser”, sino de una convicción interna de que su identidad no es puramente humana. Tampoco debe confundirse con la comunidad furry, que está centrada en el arte y los disfraces.

Tres décadas de identidad bajo la piel

Aunque en las últimas semanas, la visibilidad de los therian ha acaparado las redes sociales, especialmente TikTok, este fenómeno no es nuevo. Sus raíces se hunden en los inicios de la cultura digital de los noventa, específicamente en los grupos de noticias Usenet: primeros sistemas de comunicación global en red que no eran una página web, sino grupos de noticias organizadas por temas, en la que la gente publicaba mensajes de texto que otros podían leer y responder.

En este espacio se creó en 1992 el foro alt.horror.werewolves para intercambiar opiniones relacionadas con el cine de terror. No obstante, lo que compartieron los usuarios fue más allá de la ficción, pues muchos comenzaron a expresar una conexión psicológica y espiritual con la naturaleza animal que no encontraban lugar en el mundo físico.

Así, esa “nueva identidad” que comenzó bajo el nombre de “licantropía clínica” o espiritual, evolucionó hacia therianthropy (teriantropía) para consolidar una autopercepción que hoy desafía las nociones tradicionales.

El nombre therianthropy es término derivado de las palabras griegas therion (bestia o animal salvaje) y ánthropos (humano). Bajo este concepto, la transformación no es física, sino que se manifiesta como una conexión espiritual e interna profunda con un animal específico.

Para expresar este vínculo, practican el quadrobics: el arte de desplazarse en cuatro patas. Según los therians, este andar es una forma de desahogo y bienestar emocional. Al imitar los movimientos naturales de su «theriotipo», logran alinear su comportamiento externo con su identidad animal interna, encontrando una sensación de libertad y autenticidad que el caminar erguido no les proporciona.

Más allá del arenero: el pánico moral

Esta curiosa identidad ha sido absorbida por lo que el sociólogo Stanley Cohen denominó “pánico moral”. Esto ocurre cuando una sociedad reacciona con una histeria colectiva ante un grupo minoritario, percibiéndolo como una amenaza destructiva. Vamos a la historia.

En la Inglaterra de los sesenta, la tensión entre mods y rockers sirvió de combustible para este fenómeno. Los primeros eran jóvenes de clase trabajadora, vestidos con trajes de talle italiano (sofisticación urbana), que escuchaban jazz moderno y se transportaban en motonetas (Vespa o Lambetta). Los segundos usaban chaquetas de cuero negro, botas de motociclista, escuchaban rock and roll de los 50 y conducían motocicletas de alta cilindrada.

Sucedió que, durante un feriado en mayo de 1964, jóvenes de ambos bandos coincidieron en la ciudad costera de Brighton. Hubo algunas peleas, empujones en la playa y se rompieron algunas ventanas. Los medios británicos transformaron una rivalidad estética entre Mods y Rockers en una amenaza nacional. De esta forma, el pánico moral permitió que el Gobierno, que enfrentaba severas críticas por la economía, el desempleo juvenil y el sistema de clases, aprobara leyes de orden público más estrictas y se presentara como el «defensor de la paz”.

En esta línea, pero en los 80, en Estados Unidos la marea informativa se saturó de supuestos cultos diabólicos en guarderías, se empleó entonces lo que algunos llamaron “el Pánico Satánico”. Estas noticias eran la máscara de lo que realmente ocurría en el momento: el país atravesaba reformas económicas agresivas y una creciente desigualdad.

No debe olvidarse la campaña agresiva en el cine, la radio y posteriormente la televisión para infundir el miedo al comunismo, China, los soviéticos, entre otros. En todos estos casos, la creación de un “demonio popular”, sea un rockero, un supuesto satanista o, actualmente, un adolescente therian, le da carta blanca para que el poder político legisle bajo el amparo de la emoción y el miedo, mientras los problemas reales quedan relegados al silencio.

No es casualidad que este boom de los therian haya surgido en estos tiempos. Tampoco es casualidad que su auge se dé en países como Argentina y Estados Unidos, ambos con temas políticos muy comprometedores.

Antes de aterrizar en el 2026, vale recordar el famoso caso de las “cajas de arena” para “niños” en colegios de EEUU que se dio entre 2021 y 2022, y luego volvió a surgir en 2023 y 2024. Todo comenzó cuando en Michigan una madre afirmó en una reunión escolar que el distrito ponía cajas de arena para estudiantes que se identificaban como gatos, es decir, therians.

A pesar de que el superintendente del colegio tuvo que enviar un correo masivo para aclarar la falsedad de la información, el video de la mujer se hizo viral. Pero el chisme no quedó allí, llegó a figuras como la congresista Lauren Boebert y el podcaster Joe Rogan, quienes replicaron el bulo para justificar ataques a las políticas de inclusión.

Lo cierto es que en esta historia existe algo de “verdad”. Algunas escuelas de Colorado guardaban cubetas con arena para gatos como parte del protocolo de emergencia en caso de tiroteos escolares, para que los niños atrapados en un salón pudieran hacer sus necesidades si el cierre duraba horas.

Aquí entonces se evidencia como mientras la sociedad discutía sobre supuestas “cajas de arena para niños-gatos”, el foco se desviaba del mayor problema de fondo: la inseguridad escolar y la violencia armada. Es lo que se denomina el Mapa del Desvío, un término que proviene de la comunicación política estratégica contemporánea y el análisis de los medios.

Pudiese decirse que esta estrategia está estrechamente vinculada al pánico moral y es una versión moderna de la primera forma de manipulación mediática descrita por Noam Chomsky: la distracción. Este filósofo y politólogo (a quien actualmente le conviene la aplicación de esta estrategia) sostenía que el elemento primordial para el control social es el desvío de la atención del público de los problemas importantes por medio de la saturación de informaciones insignificantes que función como pequeñas distracciones.

Del caso Epstein a las reformas de Milei: la arquitectura de la distracción

La aplicación del Mapa del Desvío se compone de cuatro etapas que funcionan como un engranaje de distracción: ancla (los hechos reales que tienen un impacto directo y que las esferas del poder desean evitar análisis a fondo); niebla (silencio o la falta de profundidad mediática sobre el «ancla»); trampa (tendencias virales o los «pánicos morales”, en el que se utiliza a grupo minoritario o hecho anecdótico para generar indignación colectiva) y salida (se identificar la maniobra de distracción para redirigir la atención hacia el ancla)

Se lo muestro en hechos puntuales. En EE. UU. un caso que ha generado consternación tiene que ver con el caso del depredador sexual Jeffrey Epstein y la vinculación de personajes de poder con este delincuente fallecido. Este sería el ancla, al igual que la inestabilidad económica derivadas de las políticas antinmigrantes del gobierno de Donald Trump.

La publicación de los archivos bajo la Ley de Transparencia de Epstein comenzó en diciembre y el último lote se difundió el 30 de ese mes. ¿Cuántos hechos virales han opacado los nombres y relevaciones contenidas en estos documentos?

Si se analiza el Mapa del Desvío en acción, lo que se vivió en el Super Bowl 2026 es uno de los mejores ejemplos. El sistema lanzó la trampa de la Indignación y el espectáculo de Bad Bunny y su puesta en escena contra las políticas antimigratorias de Trump. La cobertura obsesiva sobre las curiosidades del show del puertorriqueño actuó como la niebla perfecta: mantuvo ocupado al colectivo en lo estético, los simbolismos, la exaltación del reguetonero. Esto evitó que la opinión pública global exigiera respuestas sobre los últimos nombres revelados en el caso Epstein.

Lo mismo ocurre en Argentina en donde los programas de opinión se han volcado a analizar el fenómeno Therian, en vez de prestar atención al impacto de las nuevas reformas laborales que impulsa el Gobierno de Javier Milei. Esto también se replica en Ecuador que se posiciona como uno de los seis países más peligrosos del mundo, con índices de violencia récord, superado por aquellos que están en guerra.

Esta maniobra logra una Distracción Colectiva sumamente efectiva: la energía que debería estar dirigida a auditar las élites involucradas en la Lista Epstein o a debatir los artículos de la Reforma Laboral en Argentina o el porqué de los altos niveles de violencia en Ecuador, se agota en peleas digitales sobre la salud mental de los jóvenes o la pérdida de valores tradicionales.

Desde todos los ángulos, la única manera de romper el engranaje es a través de lo que denominan “un ejercicio de alfabetización crítica”, en el que el ciudadano aprenda a reconocer cuándo una tendencia viral realmente es importante o es una estrategia para ocultar un movimiento político y económico.

En un ecosistema digital saturado, nuestra única salvación para salir de la niebla y no permanecer en la espiral de la manipulación es entender que nada de lo que se difunde es casualidad, menos si son hechos curiosos o alocados como los therians o el Super Bowl 2026 con Bad Bunny.

Hay que ser claros: somos vulnerables a la trampa de la distracción colectiva y su reconocimiento es el mecanismo más efectivo para la salida del Mapa del Desvío. La verdadera rebeldía hoy no es seguir la tendencia, sino negarse a mirar hacia donde el poder nos señala.

T/Natchaieving Méndez