El arquero de Karachi, Tanveer Ahmed, quien perdió una mano en un accidente laboral en 2008, continúa practicando tiro con arco, mostrando determinación al practicar este deporte a pesar de la lesión y los desafíos que ha enfrentado.
EFE/EPA/SHAHZAIB AKBER

En 2008, un accidente en una fábrica de Karachi le costó el brazo a Tanveer Ahmed, pero no le impidió seguir apuntando. Lo que siguió fueron años de esfuerzo silencioso y decidido para aprender por su cuenta, flecha a flecha, a disparar con un solo brazo. Ahora, este arquero paquistaní tiene la mirada puesta en el escenario más importante de todos: los Juegos Paralímpicos.

Ahmed era un joven que trabajaba en una fábrica textil de Karachi cuando su brazo quedó atrapado en una máquina, provocándole la pérdida del mismo.

El accidente ocurrió en un instante, el tipo de tragedia que, en una fracción de segundo, acaba con carreras profesionales, trastorna a las familias y, para muchos, cierra la puerta a cualquier sueño de logro deportivo.

Para Ahmed, un trabajador sin antecedentes conocidos en el deporte de competición, fácilmente podría haber sido el final de la historia. En cambio, fue el comienzo de una nueva.

Tras el accidente, tuvo que volver a aprender a hacer cosas cotidianas como vestirse, comer, o trabajar desde cero, utilizando un cuerpo que ahora le resultaba desconocido. Pero en algún momento del camino, descubrió el tiro con arco, un deporte que normalmente requiere dos brazos, uno para tensar el arco y otro para mantenerlo firme.

Entrenando con el brazo que le quedaba, desarrolló una técnica propia, adaptando los fundamentos de este deporte: postura, tiro, anclaje y descarga. No había atajos. El progreso en el tiro con arco se consigue a base de miles de repeticiones, y cada una de esas repeticiones tuvo que reinventarse antes de poder repetirse.

«Al principio me costaba mucho, pero ahora ya me he acostumbrado», explicó Ahmed, de 40 años, a EFE desde Karachi.

Afirma que la empresa nunca le indemnizó por la pérdida de su brazo. En aquel momento, ganaba solo 6.000 rupias (unos 21 dólares) al mes. Ahora trabaja como encargado del registro en otra empresa, donde gana 60.000 rupias (215 dólares) al mes.

«Sólo me pagaron el tratamiento y me despidieron a los seis meses del accidente», afirmó.

Camino al sueño paralímpico

Ahmed ya ha ganado varias competiciones locales en Karachi. Este año esperaba competir en un torneo internacional en Tailandia, pero esos planes se frustraron cuando el evento se trasladó a la India, el archirrival de Pakistán.

Ahora tiene la mirada puesta en el Abierto de tiro con arco de Singapur, que se celebrará en septiembre, con la esperanza de llegar aún más lejos.

«Mi sueño es competir a nivel internacional con Pakistán y luego participar en los Juegos Paralímpicos», dice el atleta.

Es el único sustento de su familia y no recibe ninguna ayuda del Gobierno, ni para su familia ni para su deporte. Tiene un hijo de 5 años y una hija de 2. Para mantener viva su carrera como arquero, Ahmed depende del apoyo económico de su entrenador, Aijaz Ali, y de sus amigos.

«No podíamos permitirnos dispositivos especiales para él, así que construimos el nuestro propio: lo diseñamos, lo fabricamos y se lo fijamos al hombro», explicó Ali a EFE.

El entrenamiento ha sido implacable: de dos a tres horas al día, siete días a la semana, durante el último año. Los resultados han sorprendido incluso a su entrenador.

«Ya ha pasado un año y ya está alcanzando un nivel equiparable al de los arqueros internacionales», afirmó.

El éxito de Ahmed no se debe únicamente al esfuerzo. También se debe a haber tenido un entrenador que nunca dejó que su discapacidad física fuera un obstáculo. Ali, que le ha entrenado desde el principio, afirma que Ahmed ha progresado más en solo un año que la mayoría de los demás arqueros a los que ha entrenado a lo largo del tiempo.

«Lo que quizá te sorprenda es que, en realidad, me resultó más fácil entrenar a Tanveer que a los arqueros con ambos brazos, porque él tenía la pasión necesaria para superar esa discapacidad», aseguró el entrenador.

T/EFE