
Era la gran final del Clásico Mundial de Béisbol y el piloto de los Diamondbacks, Torey Lovullo, junto con el coach de pitcheo Brian Kaplan, seguían de cerca el duelo entre Venezuela y los Estados Unidos.
Lo más probable es que ambos hubieran visto el partido de todas maneras, pero esta vez prestaban especial atención porque el zurdo de Arizona, Eduardo Rodríguez, era el abridor de Venezuela.
Lovullo y el gerente general Mike Hazen conocen a Rodríguez desde hace muchos años, desde su etapa con los Medias Rojas. La confianza que siempre tuvieron en él los llevó a firmarlo a un contrato de cuatro años y US$80 millones antes de la temporada del 2024.
Los primeros dos años de Rodríguez en Arizona no salieron como nadie esperaba. Las lesiones limitaron severamente su participación en el 2024 y, en el 2025, nunca logró encontrar su ritmo.
Volvamos a marzo, cuando Lovullo y Kaplan seguían atentos a la apertura de Rodríguez. Ambos estaban más concentrados en si el venezolano alcanzase el número de pitcheos que esperaban para mantenerlo encaminado hacia el inicio de la temporada regular.
Entonces, en la parte baja del tercer inning, Rodríguez lanzó un cambio en cuenta de 2-2 a Byron Buxton, quien hizo swing y falló. Lovullo y Kaplan se miraron sorprendidos.
«Los dos comentamos sobre ese cambio contra Buxton», recordó Lovullo. «Era un lanzamiento que realmente nadie le había visto hacer. No creo que Buxton estuviera preparado para eso y, cuando hizo swing y falló, creo que ahí nació algo».
Rodríguez se vio brillante en esa presentación con Venezuela, al lanzar 4.1 entradas en blanco para encaminar al equipo al título del Clásico Mundial de Béisbol.
Aquel partido le dio un gran impulso de confianza rumbo a la temporada regular, una sensación que parece haber aumentado con cada apertura.

«Simplemente fue un impulso de confianza», dijo Kaplan. «Fue una apertura enorme para él. Cargó a su país sobre los hombros e hizo lo que tenía que hacer para ayudarlos a ganar frente a un lineup muy difícil. Sentí que eso le devolvió la confianza y le hizo sentir que todavía tenía todo lo necesario para tener éxito. Fue muy bueno ver ese cambio, ese cambio psicológico, y verlo mantener ese impulso».
Rodríguez trasladó ese momento a la campaña regular y siguió encadenando una buena apertura tras otra, lo que finalmente le valió la primera convocatoria al Juego de Estrellas de su carrera, en su 11ma temporada en las Grandes Ligas.
«Después de todos estos años, es muy especial tener por fin la oportunidad de ir a uno», expresó Rodríguez. «Pensé que nunca iba a ser convocado, porque normalmente lanzo mejor en la segunda mitad. Estoy muy contento por ello».
Lovullo disfrutó especialmente haber sido quien le dio la noticia de que, por fin, era un All-Star.
«Fue un gran momento», comentó Lovullo. «Lo he visto desde que tenía 19 años, cuando apenas comenzaba su carrera, y de ninguna manera estaba pensando en ser un All-Star en aquel entonces. Me honra haber sido el primer manager en decirle que había recibido ese llamado. Uno se encariña con estos muchachos, y lo conozco desde alrededor del 2015 o del 2016. Lo celebramos juntos y compartimos un gran momento».
Otra lección que Rodríguez sacó de su experiencia en el Clásico Mundial fue mantenerse fiel al plan establecido antes del juego y no apartarse de él durante el encuentro por dejarse llevar por las emociones.
Kaplan considera que eso también refleja una mayor confianza de Rodríguez, tanto en su receptor como en el trabajo que realizan antes de cada apertura.
«Decidí durante el Clásico Mundial que iba a seguir el plan sin importar qué pasara», explicó Rodríguez. «Iba a ejecutar el plan y pasara lo que pasara, al menos habría seguido el plan. Eso también me ha dado resultados durante la temporada».
T/LasMayores

