
Natchaieving Méndez
En días recientes, un medio digital internacional publicó que un arqueólogo egipcio, Zahi Hawass, comenzaría una campaña para exigir que se devuelva a su nación el busto de Nefertiti.
Aunque esta esfinge es de gran importancia en la historia del país africano, su recuerdo físico permanece en la capital de Alemania, en el museo de Pérgamo. ¿La razón? Los arqueólogos que la encontraron en 1912 era un grupo alemán. ¿Es posible siendo este busto un ícono de la cultura egipcia? Pues para la legislación de la época, sí.
En el momento en el que se realizaron las excavaciones en Amarna, Egipto, las leyes en la nación árabe no eran estrictas en cuando a la protección del patrimonio de su pueblo. Los artefactos descubiertos en un territorio podían ser llevados al extranjero como parte de acuerdos entre los exploradores y el gobierno egipcio.
Es por ello que una vez descubierta la esfinge por los arqueólogos alemanes, tanto el busto de Nefertiti como otros objetos egipcios de valor histórico y cultural encontrados en esa expedición, estuvieron en la lista de lo que Alemania conservaría.
Desde entonces, la controversia con respecto a Nefertiti ha sido hasta fuente de inspiración para producciones cinematográficas. Egipto ha solicitado la repatriación de la estatua en varias ocasiones a lo largo de las décadas, pero… la estatuilla permanece en Berlín. Oídos sordos.
@jorgerodriguez4195: Ok parece bien. Pero igual habrá campaña contra Francia e Inglaterra que también tienen piezas egipcias porque no me van a decir que sólo Alemania las tiene.
Este fue uno de los comentarios de la mencionada publicación del medio digital, que siguió a muchas las reacciones que develan que el despojo de Nefertiti a su país de origen es un hecho que se repiten en varias latitudes y épocas de la historia de la humanidad.
La excusa para el expolio patrimonial
Uno de los grandes debates mundiales ha sido la “expatriación” de los objetos de valor histórico y cultural a sus países de origen. Entre los siglos XIX y XX, los conflictos ocurridos en diferentes partes del mundo y la escasa o naciente consciencia del significado patrimonial de objetos y edificaciones, permitieron el expolio de muchos bienes íconos de culturas milenarias.
Bajo la excusa del “hermano protector”, las grandes potencias y los infaltables pescadores con bolsillos llenos, han “pescado en río revuelto” y han despojado a las naciones de auténticos tesoros que representan su idiosincrasia. Nefertiti no ha sido la única, son muchos los objetos que se encuentran en la lista de la diáspora de objetos patrimoniales fuera de sus pueblos.
Tal es el caso de Los frisos del Partenón, esculturas de mármol que datan del año 447-432 a. C. y que decoraban las paredes del templo ubicado en Atenas. A principios del siglo XIX, este patrimonio de Grecia fue sustraído de su lugar de origen gracias a la maleta llena de liras esterlinas de Thomas Bruce, un diplomático británico conocido como Lord Elgin, que traslado esta obra con el consentimiento del gobierno griego de la época que estaba en conflicto y bajo el dominio turco.
Poco tiempo después “el buen botín” se vendió al Museo Británico, Londres, en donde se exhiben con el descarado nombre de Los mármoles de Elgin y que no pueden sacarse del lugar por “un acta” de 1963 que prohíbe el retiro de piezas de la colección.
Algunos consideran que esta “reubicación” contribuyó a que las esculturas no se destruyeran por la falta de cuidado y consciencia patrimonial en su país de origen, así como los conflictos que sucedieron luego en esta nación. Sin embargo, ¿dónde queda el significado real que solo puede establecerse entre el objeto patrimonial y la conexión con pueblo que lo erigió?
El robo a los americanos
@williamsgerardomunoz: desde Chile hace años se pide la devolución de 2 Moais de Rapa Nui, que se robaron los piratas ingleses
En Europa y África no solamente existen casos de robo de objetos patrimoniales. Tal como el mensaje anterior, dos esculturas originarias del pueblo indígena de Rapa Nui, que habitaba la isla de Pascua en territorio chileno, desde 1868 están en el Museo Británico. La razón es que una expedición inglesa decidió llevar dos moais como un suvenir para la monarquía ¡Qué barbaridad!
Otro ejemplo lo muestra el siguiente mensaje: @osky_villa9: Le van a decir que se desintegra… así nos dicen a los mexicanos con el penacho de Moctezuma. Sin dudas, la época en la que se produjo el mayor robo de objetos de valor para los pueblos y que nunca se sabrá a ciencia cierta cuántos fueron, fue en la invasión europea a tierras americanas.
El Penacho de Moctezuma, guerrero que gobernó tierras mexicanas entre 1502 y 1520, permanece en Austria. Las teorías de su periplo son muchas y ninguna ha sido comprobada; sin embargo, lo que se conoce es Hernán Cortés entregó esta indumentaria indígena al rey Carlos I de España, por lo que finalmente llegó al poder de una familia del mandatario en Habsburgo.
Lo cierto es que no está su territorio de origen, en donde si tiene un significado más allá de lo contemplativo, porque es un testigo de la identidad cultural resistente de México.
@romeroinciartelaguairamascerca: Es una demostración del robo de las riquezas y de un intento por borrar la Historia, la cultura y el origen de los pueblos.
No podía dejar de mencionarse lo ocurrido en Venezuela con la Abuela Kueka, una piedra de jaspe de 30 toneladas de gran importancia para la comunidad indígena Pemón. Esta fue sustraída de Santa Cruz de Mapaurí, estado Bolívar y desde 1998 se exhibió en el Parque Metropolitano Tiergarten en Berlín como una obra del artista plástico Wolfgang von Schwarzenfeld, cuando realmente pertenece a los pueblos originarios venezolanos, a quienes finalmente se les devolvió.
¿Por qué conservarlos?
@mariozavag: ¡Excelente! Cada país debe y tiene derecho a tener los restos de su historia en su país.
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), define el patrimonio como un legado heredado a los pueblos por sus antepasados y que a su vez se transmitirá a las futuras generaciones. Es un testimonio de vida que hace excepcional, único e irremplazable a un país y sus habitantes. Una huella de la evolución de la sociedad, de allí la importancia de la preservación de estos objetos y prácticas que son una suerte de cable de conexión con el pasado, necesaria para que las poblaciones reconozcan su origen y la explicación de su identidad.
Ciertamente, cada pueblo debe poseer sus objetos patrimoniales, pero en los procesos bélicos que constantemente ocurren en el mundo hacen que esta premisa ponga en tela de juicio. Aunque la Convención de La Haya de 1954 estableció normas para proteger bienes culturales en el mundo, existen casos lamentables como en Siria, donde desde 2011 la guerra ha destruido sitios arqueológicos y museos desde 2011, causando pérdidas irreversibles de patrimonio milenario. Surge la pregunta ¿y si hubiesen estado en el resguardo de otros países?
Cada objeto robado es un fragmento de historia que se pierde y, en muchos casos, se transforma en mercancía sin valor. Reconstruir la memoria histórica y el patrimonio cultural es un paso esencial hacia la reconciliación y la paz. Por esta razón es importante la concienciación sobre todo lo que representa la memoria histórica de los pueblos y su resguardo para proteger la identidad de cada nación. De esta manera se mantendrá la diversidad, tan importante para la preservación de la esencia de la humanidad.

