
La “Nación de los Medias Rojas” tiene a Dave Roberts, cuyo atrevido robo de la segunda base impulsó la histórica remontada de Boston en la Serie de Campeonato de la Liga Americana del 2004.
Los venezolanos tienen a Javier Sanoja, cuyo robo en la novena entrada preparó la mesa para la carrera ganadora en la final del Clásico Mundial de Béisbol contra los Estados Unidos.
Pero el manager de Venezuela, Omar López, no tenía previsto que Sanoja se estafara la intermedia cuando llamó al jugador utility de los Marlins para correr como emergente. Ésa fue una decisión tomada entre Sanoja y el coach de la primera base, Gerardo Parra.
«El coach de la banca me dijo que me preparara por si [Luis] Arráez se embasaba», le recordó Sanoja a MLB.com. «Me tomó por sorpresa, porque Arráez recibió esa base por bolas bastante rápido. Me dijeron, ‘Vas’. Tomé el primer casco que vi en la banca».
¿Pero la seña para robar? «No tenía luz verde para eso», confesó Sanoja.
En cambio, él y Parra observaron de cerca mientras Garrett Whitlock, de los Estados Unidos, le realizaba los dos primeros pitcheos a Eugenio Suárez, midiendo el tiempo de su movimiento y buscando cualquier posible indicio del lanzador. Con la cuenta en 1-1, Parra y Sanoja se arriesgaron: Era hora de correr.
«[Parra] le estaba tomando el tiempo al pitcher», explicó Sanoja. «Dijo que ése era el mejor momento para saltar».
Ese instante ahora pertenece a la historia del béisbol internacional y es probablemente la base robada más importante en los 20 años de historia del Clásico Mundial de Béisbol.
«Queríamos ponerle más presión al otro equipo», indicó Sanoja. «Es diferente cuando tienes un corredor en segunda sin outs o con un out. Sabíamos que Eugenio es un bateador muy bueno y queríamos estar en posición de anotar. Así que tomamos el riesgo».
Al final, Venezuela necesitó cada pequeña ventaja. Aunque Sanoja está lejos de ser un corredor lento, tampoco es El Flash: Ocupa el puesto 84 en las Grandes Ligas en velocidad en sprint y lleva de 15-9 robando bases en las Mayores. Pero aquella noche en Miami, fue lo suficientemente rápido; sus zapatos azules, rojos y amarillos (combinando con los colores de la bandera de Venezuela) apenas se colaron antes del toque de Brice Turang.
«Fue irreal simplemente ver la forma en que se desarrolló todo», expresó Sanoja. «Todos en todo el país estaban esperando ver la revisión [de la jugada], para ver si yo estaba quieto o out. Que todo el país pudiera ser parte de eso llena mi corazón y es algo muy especial».
Unos pocos pitcheos después, todo el país pudo respirar aliviado: Suárez conectó una línea hacia el hueco entre el jardín izquierdo y central y Sanoja corrió al plato, mientras sus compañeros en el dugout saltaban hacia el terreno, girando los brazos como si cada uno de ellos fuera el coach de la tercera base.
Después de que el derecho de los Cachorros, Daniel Palencia, cerrara el juego en la parte baja de la entrada, comenzó la celebración. Los jugadores venezolanos corrieron hacia el terreno y absorbieron la celebración de los seguidores venezolanos dentro del loanDepot park de Miami, antes de retirarse finalmente al clubhouse para bañarse de champán.
«Empecé a llamar a mi mamá y a mi papá a las 3 a.m.», contó Sanoja. «Todavía estaban celebrando la victoria. Y estuve llamando a muchos de mis amigos de mi ciudad. Con suerte, todos nos reuniremos en noviembre para celebrar el campeonato mundial en Venezuela».
T/LasMayores

