Durante el Congreso Pedagógico celebrado en Caracas, el presidente Nicolás Maduro citó un artículo publicado en The New York Times titulado Pensar se está convirtiendo en un lujo, escrito por Mary Harrington. En este análisis publicado el 30 de julio de 2025, la periodista británica advierte sobre una transformación silenciosa pero profunda: el debilitamiento de la capacidad de concentración y razonamiento profundo en amplios sectores de la población, especialmente en los más pobres, como consecuencia del uso excesivo de redes sociales y dispositivos digitales.

La comunicadora parte de una experiencia personal: su paso por una escuela Waldorf en los años 80. En aquella época, refiere, esta institución promovía la lectura y el juego al aire libre frente al consumo de televisión. Aunque en aquel momento la normativa le causaba disgusto, encuentra que en la actualidad ve menos televisión y lee más libro, lo cual se ha comprobado no solo beneficia el lenguaje, también las capacidades lógicas y de razonamiento.

“La alfabetización a largo plazo no es innata, sino que se aprende, a veces laboriosamente”, recalca Harrington, quien cita el planteamiento de la académica y experta en el área Maryanne Wolf, que asegura que “adquirir y perfeccionar una capacidad de `lectura experta´ de formato largo altera literalmente la mente”.

“Reconfigura nuestro cerebro, aumenta el vocabulario, desplaza la actividad cerebral hacia el hemisferio izquierdo analítico y perfecciona nuestra capacidad de concentración, razonamiento lineal y pensamiento profundo. La presencia de estas características a escala contribuyó a la aparición de la libertad de expresión, la ciencia moderna y la democracia liberal, entre otras cosas”, enfatiza la periodista en su artículo.

En este sentido, la periodista refiere que hoy el desafío es mayor. La irrupción de los celulares y las redes ha generado un entorno optimizado para la distracción, en el que el pensamiento profundo se ve desplazado por estímulos breves, compulsivos y visuales.

Para ejemplificar el decrecimiento de las capacidades cognitivas, no solo en niños sino en toda la población, Harrington cita estudios que muestran una caída en los niveles de alfabetización en la mayoría países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), observándose descensos más dramáticos del Coeficiente Intelectual (CI) entre naciones más pobres.

Esto se traduce, en que si bien la lectura reconfigura el cerebro y fortalece el pensamiento analítico tal como señala Wolf, está siendo reemplazada por patrones de consumo digital que favorecen el salto superficial entre contenidos. Una población con menos análisis y profundidad en sus planteamientos.

Brecha cognitiva y elitización del pensamiento

Uno de los aspectos más inquietantes del artículo de la periodista británica y que recalcó el presidente Maduro, es precisamente la advertencia que hace acerca de que la capacidad de pensar largo y tendido podría convertirse en una habilidad reservada a las élites.

En su análisis, Harrington compara esta dinámica con la brecha alimentaria entre quienes pueden evitar la comida ultraprocesada y quienes quedan atrapados en su consumo. En el plano cognitivo, los hijos de familias con mayores ingresos ya pasan menos tiempo frente a pantallas, acceden a escuelas con restricciones tecnológicas y cultivan hábitos de lectura profunda. Mientras tanto, los sectores populares enfrentan una sobreexposición digital que afecta su memoria, atención y lenguaje.

De esta manera, la autora alerta que esta desigualdad no solo impacta el desarrollo individual, también podría alterar el funcionamiento democrático. Un electorado postalfabetizado (así describe al colectivo menos racional, tribal, movido por “vibraciones” y memes) se vuelve vulnerable a la manipulación política y a la concentración del poder en manos de oligarcas hábiles en redes sociales.

Al final, Harrington plantea que pensar está dejando de ser un derecho común y se está convirtiendo en un lujo de clase. Esto profundiza las desigualdades y pone en riesgo los fundamentos de la democracia. Esta desigualdad cognitiva, ligada al consumo y uso desigual de la tecnología, demanda una reflexión urgente sobre cómo construir una sociedad donde la alfabetización profunda y el pensamiento crítico no se conviertan en privilegios de pocos.

T/Natchaieving Méndez