
Comienza el noveno mes del año y ya las tiendas y los restaurantes inician la carrera por colocar los mejores y más vistosos adornos y luces. La algarabía que produce la tambora y el cuatro de las gaitas también se escucha con mayor frecuencia. Es definitivo, se acerca la Navidad, época en algunos, especialmente las niñas y los niños, esperan con anhelo y alegría, pero otros sufren en silencio la llegada de la fecha más “feliz” del año. ¿Síndrome del Grinch?
Recordemos. El Grinch es un personaje de ficción creado en 1957 por el escritor y caricaturista estadounidense, Theodor Seuss Geisel, conocido como Dr. Seuss. Este peculiar duende, es un gruñón ermitaño que odia la Navidad, debido a sus experiencias negativas y a lo aislado que se encuentra. Estos dos últimos aspectos, dan una pista del porqué algunas personas experimentan sentirse como el mencionado hombre gruñón.
De las experiencias negativas
Las fiestas de Nochebuena y Año Nuevo tienen muchas tradiciones, en la que los buenos augurios y la esperanza son la constante de una gran parte de los discursos. Esta celebración decembrina significa, para muchos, la euforia de los regalos y la oportunidad para un nuevo comienzo. No obstante, algunas personas visualizan estos días como un recordatorio del dolor, la pérdida y el incumplimiento de las expectativas poco realistas planteadas el año anterior.
De acuerdo con un estudio canadiense, refiere el medio digital The Conversation, durante las fechas navideñas 40 % de las personas encuestadas expresaron que la soledad es una de las causas de la depresión decembrina; mientras, 38 % manifestaron que este estado se debe a la ausencia de la familia.
Lo cierto es que cada vez es más común escuchar en la calle a personas que relacionan la época de Navidad con ansiedad, tristeza o nostalgia. Otra investigación difundida en Applied Research in Quality of Life y reseñada por MejorConSalud.As.com, destaca que en los últimos meses del año, justo en la entrada y durante las fiestas navideñas, el bienestar emocional y la satisfacción con la vida tiende a bajar.
Lo anterior encaja con la definición de lo que los especialistas denominan Depresión blanca o Blues de Navidad. Este estado temporal de ánimo negativo, puede producir mal humor, falta de apetito, tristeza, ansiedad y hasta insomnio, y es una reacción emocional de resistencia a los estímulos del exterior.
Así pues, estas fechas es una suerte de “memoria y cuenta” de lo que se ha hecho durante el año, lo que genera estrés y hasta desconsuelo cuando se comprueba el incumplimiento de las metas poco realistas planteadas al finalizar el año anterior.
Del No aislamiento
En la era de la hiperconexión, ser feliz en Navidad se convierte en un imperativo social. El excesivo bombardeo de mensajes y publicidad del “deber de estar felices” y “en familia y hermandad”, lleva a las masas a entrar en el torbellino de obtener todos los requerimientos sociales necesarios para conseguir el anhelado y “casi obligatorio” regocijo que “todos” deben sentir. Lo contrario es ser Grinch, Ebenezer Scrooge y cualquier otro personaje de los cuentos, que si bien no son ejemplo de humanidad, son diferentes al rebaño.
Vallas publicitarias, tiendas, medios de información y redes sociales parecieran sincronizarse en un mismo villancico navideño. El aumento de las reuniones familiares, los intercambios de regalo en los grupos de trabajo y el consumismo exacerbado de estas fechas son, para una buena parte de la población, factores de agobio, endeudamiento y razones para la melancolía al comprobar, que sus circunstancias, bien por causas económicas, distancia o pérdidas físicas, son diferentes.
Tener la “Navidad perfecta” y encontrar obstáculos para cumplir con los requerimientos sociales, puede significar una razón que genere tristeza y lleve al rechazo de las fechas. El excesivo esfuerzo por alcanzar la decoración impecable, el regalo perfecto, la ropa impactante, la cena de Nochebuena o Año Nuevo inolvidable hace que la ansiedad, el estrés y las expectativas desorbitantes impuestas desde los cánones homogéneos del consumismo a través de las películas y series, ocupe el espacio del verdadero sentido de estas fechas.
El no estar a la altura de lo “socialmente esperado” puede resultar paralizante y generar el agotamiento de mantenerse en competencia por cumplir los estándares que, según los medios de información, son requeridos para conseguir la alegría navideña.
El Informe Europeo de Pagos de Consumidores de 2022 refiere que 40% de los padres de España se sintieron presionado de destinar grandes cantidades de recursos a la compra de productos navideños. 91% de ellos manifestaron que estos gastos supusieron un duro golpe para la economía familiar, 6 de cada 10 adultos entre 25 y 34 años se sintieron coaccionados a adquirir regalos y un buen porcentaje de todas estas inversiones fueron destinada a la adquisición de nuevas tecnologías, especialmente, smartphone para sus hijos. ¿Pasa igual en los países de América Latina? ¿Un celular será la perdurabilidad del ciclo de la fuente de consumismo?
Poca iluminación, poco ánimo
Pero muchas veces el sentirse Grinch no es consecuencia de una circunstancia social, también puede tener su razón biológica. Investigaciones del Instituto Baker en Melbourne en Australia, han comprobado que en los meses de invierno se produce una disminución de la producción de serotonina en el sistema nervioso central, un neurotransmisor que influye directamente en los estados emocionales.
Provoca entonces lo que se conoce como Síndrome de Depresión Estacional o Trastorno Afectivo Estacional (TAE), que se origina cuando existe un poco exposición a la luz natural. En otras palabras, menos luz, disminución de la temperatura, menor serotonina y, en consecuencia, una baja energía en todos los aspectos.
Aunque Venezuela se encuentre en la Zona Intertropical, al estar más al norte también se experimentan bajas temperaturas, así como noches más largas y días más cortos, lo que igualmente, aunque en menor proporción que otros países más cercanos a los polos, hace vulnerable a la población a padecer de TAE.
¿Se borra la Navidad?
La respuesta evidentemente es no. Por más empatía que puede sentirse por quienes no comparte la alegría de estas fechas, las fiestas decembrinas representan para una buena parte de la humanidad, el renacimiento de la esperanza y la renovación del conteo de 365 días de oportunidades para vivir como se desea.
La Navidad puede ser un mar de emociones, por lo que encontrar la propia hoja de ruta puede ser el mejor regalo. Superar el Síndrome del Grinch o lo que los expertos han denominado Blues de Navidad, pareciera una tarea difícil, pero no imposible.
Especialistas en el área psicológica refieren que el primer paso para superar este bajo estado emocional es el autocuidado, que incluye tener un sueño regular y mantener actividad física. De acuerdo con el portal therapyside.com, el ejercicio regular mejora estado de ánimo. También, comer de forma saludable, especialmente en estas fechas de exceso gastronómico, es fundamental para que el organismo esté en equilibrio.
Además, evitar autoajuzgarse al tener la voluntad de decir “no” a los compromisos que resulten abrumadores, puede ser una forma eficaz de evitar el estrés de las fechas, manejar las expectativas y reducir la ansiedad de la festividad.
Hablar con amigos y familiares sobre lo que se siente, crear nuevas actividades que generen alegría y bienestar y buscar ayuda profesional, también son alternativas para sobrellevar la incomodidad de las fechas decembrinas. Sin embargo, la mayor de las herramientas para superar la marea social es aceptar que se es y se puede sentir diferente al resto sin que esto signifique estar en desventaja o minusvalía con respecto a los demás.

