En las aulas de clase de los centros educativos públicos de Venezuela, el eco de la tiza sobre la pizarra suena distinto este abril. No solo es un sonido de enseñanza, es el pulso de una resistencia que desde 2017 suma cicatrices.

Venezuela atraviesa un momento inédito en su historia política y económica: su presidente, Nicolás Maduro, fue secuestrado el pasado 3 de enero por los Estados Unidos y ha sido sometido a un juicio que viola todos preceptos de las leyes internacionales.

El país navega en las aguas de la mandataria encargada, Delcy Rodríguez, quien además enfrenta una guerra cognitiva y mediática que posiciona una falsa narrativa de un “tutelaje” y una “mejora inmediata” por unos ingresos que aun tienen limitaciones para llegar al país, debido a las más de mil sanciones que obstaculizan el manejo de activos venezolanos por la producción de hidrocarburos.

Desde los fatídicos sucesos de inicio de año, Washington ha intentado maquillar su política de asfixia con la publicación de 14 licencias generales bajo la premisa de una «apertura gradual». Sin embargo, la realidad en las calles de Caracas y de todo de todo el país desmienten cualquier alivio real. De las más de mil sanciones impuestas, 1 040 permanecen activas, actuando como un torniquete que impide la estabilización plena del sistema de bienestar social.

Hay movilizaciones en todo el país

Bien lo dijo Rodríguez recientemente, las pérdidas en la industria de hidrocarburos superan los 642 mil millones de dólares, y esto ha cercenado la principal fuente de divisas destinada al gasto público y a la protección social.

Sin embargo, pese a que uno de los sectores más golpeado ha sido el educativo, la tiza no ha dejado de deslizarse en las pizarras de las aulas de clase, el marcador no se ha detenido escribiendo la estructura de oración, las fórmulas matemáticas o las fechas históricas. La maestra y el maestro venezolano ha sido ejemplo de vocación.

Además de marchas, hay asambleas y debates

El amor por la enseñanza los mantiene activos
Ciertamente, debido al deterioro salarial y la baja calidad de vida, muchos docentes decidieron abandonar las aulas y emigrar, algunos fuera del país y otros a distintas opciones laborales. No obstante, una buena parte se mantiene en los salones, recibiendo al grueso de la población de niñas, niños y jóvenes cuyos padres no cuentan con los recursos para costear una educación privada.

Los impulsa la vocación, el amor por la enseñanza y la sensibilidad que solo una maestra o un maestro tiene por la humanidad.
Por ellas y ellos, pese a las notables limitaciones, Venezuela mantiene el sistema de educación pública desde los niveles inicial (a partir de los o años hasta los 6 años), primaria, media (general y diversificada/especializada) y universitaria. La matrícula escolar ha aumentado en los últimos años y, bajo el Programa de Alimentación Escolar se le garantiza la alimentación a una buena parte de la población estudiantil.

En las actividades se presentan propuestas
para mejoras materiales

No ha sido sencillo y esto lo ratifica David Olivares, docente que tiene más de 20 años de trayectoria y que aun permanece en las aulas de sexto grado de la Unidad Educativa

Armando Zuloaga Blanco, con la misma emoción de hace dos décadas, creando estrategias para que sus estudiantes aprendan mejor. En muchas ocasiones ha tenido que sacar de su bolsillo para comprar un marcador, hacer algún material didáctico que le ayude a enseñar mejor o para ayudar a un estudiante que lo necesita.

«El profesional de la docencia ha sido el más golpeado. Si nos mantenemos activos es por vocación y por el apoyo financiero de la familia; sin ellos, por más amor que tengamos, sería imposible ejercer», confiesa.

Olivares vincula directamente la caída de la producción petrolera —que pasó de casi 3 millones de barriles en tiempos del presidente Hugo Chávez a poco más de un millón en la actualidad— con el impacto de las sanciones. Sin embargo, su visión no es de derrota, sino de reconstrucción:
«La solución pasa por revisar no solo el petróleo, sino lo que generan los impuestos, el oro y la agricultura. Administrados con eficiencia, estos recursos deben dar la mayor felicidad al maestro, que junto al sector salud, merece los mejores sueldos para no tener que renunciar», expresa.

Para este maestro la paradoja es cínica: “el «Imperio» mantiene secuestrado al presidente Maduro y, simultáneamente, impone licencias a cuentagotas que no resuelven el problema de fondo”. Como buen docente su petición no es solo para el sector educativo; con la sensibilidad que caracteriza a un educador también piensa en la recuperación de los ingresos de otros trabajadores.

«Seguimos activos pidiendo el cese total de las sanciones que siguen vigentes, solo así nuestro pueblo, nuestros maestros, médicos, obreros, ingenieros, bomberos, por nombrar solo algunos sectores de la vida nacional, podremos mejorar nuestra calidad de vida que lleve a la vez a una mejor educación para nuestros estudiantes en nuestras escuelas y liceos, al tener maestros y profesores motivados y felices”, enfatiza.

La voz de la vanguardia: «Ni en los peores momentos abandonamos»
El maestro siempre ha sido autoridad y guía no solo para aprender nuevos conocimientos, sino también para confrontar, debatir y compartir ideas. Bajo esta premisa, el gremio docente decidió pasar de la resistencia pasiva a tomar las calles para que su voz se escuche internacionalmente y llegue a quienes mantienen las sanciones contra Venezuela. Esto pese a que saben que muchos medios de información nacional e internacional no cubren sus actividades pues solo consideran noticias las voces que van en contra del Gobierno Nacional.

Mientras la presidenta encargada reitera en cada espacio soberano el llamado urgente al levantamiento de las sanciones y se instaló una Mesa de Diálogo Nacional por los Consensos Laborales y Sociales, las bases magisteriales trazaron una hoja de ruta clara.

El pasado jueves, el Movimiento de Maestras y Maestros Bolivarianos entregó al ministro de Educación, Héctor Rodríguez, una propuesta estratégica para la recuperación de los ingresos y el bienestar integral del sector.

Entregaron propuestas al ministro de Educación

La resolución de esta importante área de la nación es clara: mesas de diálogo en cada escuela para construir consensos territoriales sobre el bienestar docente; convocatoria a la segunda consulta por la Calidad Educativa y agenda de movilización permanente para exigir el cese definitivo de las sanciones, condición para la recuperación integral de los ingresos.

Por ello, desde el pasado sábado 11 de abril los docentes y la comunidad educativa en general se movilizan en cada rincón del país, con un espíritu que se traduce en testimonios cargados de conciencia histórica. Uno de ellos es el del joven docente Wilmer Vásquez, quien recalca que la lucha tiene un objetivo pedagógico y existencial.

«En definitiva, los maestros y las maestras pedimos que se eliminen estas sanciones que han afectado enormemente nuestro bolsillo, que han afectado enormemente la nevera de la familia venezolana, que ha afectado enormemente el bienestar del maestro y la maestra. Y que con la derogación de estas sanciones podamos pedir al gobierno nacional y al ejecutivo que, una vez que se mejoren los ingresos económicos de Venezuela, podamos recuperar el poder adquisitivo», explica Vásquez.

Con una mística inquebrantable, Vásquez envía un mensaje a quienes apuestan por el colapso: «Hoy los maestros le dicen al país y al mundo que, a pesar de las sanciones, a pesar de tantas dificultades que han generado todas estas medidas coercitivas unilaterales, nos hemos mantenido en las aulas de clase (…) Exigimos y vamos a continuar en las calles pidiendo que, sin sanciones, vamos a mejorar el bienestar. Pero además decirles a todos los sectores de Venezuela que nos acompañen en esta lucha y que menos show y más consenso, menos show y más construcción de ese país que todos y todas queremos».

Piden el fin de las sanciones

Su opinión es compartida por Luis Pérez, docente de la Unidad Educativa Experimental Venezuela, quien además de expresar su descontento por la invisibilización mediática, reitera la realidad que se palpa en cada escuela venezolana. » Venezuela es uno de los pocos países que pueden estudiar desde maternal hasta la universidad de manera gratuita y de calidad (…) el maestro bolivariano ha sido una trinchera de lucha de amor, de lucha de paz”, expresa.

La historia de las maestras y los maestros en Venezuela no es hoy una crónica de resignación, sino un testimonio de dignidad. Mientras las pizarras sigan llenas de fórmulas y letras, el bloqueo habrá fallado en su intento más oscuro: el de apagar la luz del conocimiento en la tierra de uno de los genios más grandes de la historia: Simón Bolívar.

T|Natchaieving Méndez