
Natchaieving Méndez
Llega el último día del año y las tradiciones surgen de acuerdo con el punto en el mapamundi que se encuentre. Comer 12 uvas debajo de una mesa, utilizar una prenda amarilla, brincar olas, sacar la maleta luego del abrazo, tener un billete de alta denominación en el bolsillo o comer una cucharada de lentejas para atraer la abundancia son algunas de las más emblemáticas costumbres que se repiten cuando el reloj marca las 11:59 pm el 31 de diciembre.
En la actualidad, muchos estudios refieren que las redes sociales han moldeado no solo al cerebro humano, su capacidad de atención, la percepción de la vida y las formas de socialización; sino que, además, el auge de las diferentes plataformas de comunicación digital ha impulsado o modificado costumbres y rituales de fechas icónicas como la noche de Año Nuevo.
La fiesta de Nochevieja ya no solo se vive en la sala de la casa, ahora se escenifica, se edita y se sube en formato vertical a una pantalla que cabe en la mano. Lo que otrora fueron costumbres que se daban en la intimidad familiar, en la actualidad forman parte del océano digital. Redes sociales como TikTok e Instagram no solo documentan las incidencias de la última noche del año, también dictan normas para la decoración, para el orden de la cena y hasta plantean retos virales para cumplirlos durante estas fechas.
De este modo, estos espacios digitales han convertido las tradiciones de fin de año en contenido globalizado y disponible en tiempo real, capaz de superar idiomas, husos horarios y contextos culturales. El algoritmo ha difundido la cultura a tal punto que es posible encontrar un video de un joven asiático repitiendo rituales latinoamericanos bajo el audio de la tendencia del momento. ¿Bueno, malo? Depende del ojo con que se mire y si la experiencia va más allá de ganar seguidores en redes.
La búsqueda del “momento perfecto”
En esta era digital, el contenido breve y llamativo ha convertido lo simbólico en una puesta en escena estética. Los platos de la cena cuidadosamente acomodados, las velas de colores con significados específicos y las mesas decoradas y ordenadas para que nada se quede por fuera del lente de la cámara. Más que las creencias de lo que se usa de ropa, utensilios o se ritualiza en Nochevieja, es lo que se muestra a la comunidad digital.
Esta búsqueda de la foto o el video nítido del “momento perfecto” ha impuesto una capa de presión sobre celebraciones que, históricamente priorizaban, la experiencia vivida. Así, la atención se divide entre el abrazo de la medianoche y su grabación, transformando la emoción de estar y disfrutar con otros en la ansiedad de captar la mejor toma y demostrar en redes que realmente se está disfrutando la ocasión.
Es así como, progresivamente, la narrativa visual digital desplaza el foco de la experiencia genuina. La llamada glocalización (pensamiento global para la acción local) es acompañada de una rigurosa planificación visual. Incluso, el acostumbrado resumen del año que cada persona realiza a lo interno, ahora es editado por los usuarios de las redes para transformar la reflexión personal en un producto de consumo masivo.
De esta forma, el valor simbólico del ritual se somete a lo más conveniente para que se vuelva viral: más que comer las 12 uvas y pedir un deseo con cada una, parece importar que se registren y se participe en este ritual que está de moda. Así, la línea entre vivir y documentar se diluye, y lo privado se reconfigura y somete a la cantidad de “visualizaciones”, “me gusta” y comentarios que genera una publicación.
Las celebraciones decembrinas cada vez más son el resultado de una mezcla entre la cultura de redes, la industria del diseño y la espiritualidad de tendencia, enlazados por el scroll. La felicidad y la autenticidad espontánea se sustituyen por el impulso de cumplir con las líneas establecidas por la marea digital, lo cual genera estrés por alcanzar lo que las redes posicionan.
De celebraciones tradicionales a las tendencias
Durante muchas décadas, en países como Venezuela, una de las principales características de estas fechas decembrinas es la celebración colectiva. Grupos de personas recorren las calles o espacios comunes con instrumentos tradicionales o elaborados de forma improvisada para cantar aguinaldos y villancicos frente a los pesebres. También, otro espacio destinado para el intercambio familiar y comunitario es la elaboración de platos típicos propios de la época decembrina.
Estas costumbres han sido transmitidas por generaciones y en ellas encierran parte de la identidad de los pueblos, lo que los hace diferentes, excepcionales y auténticos. Son oportunidades perfectas para que los más jóvenes compartan y conozcan de los más adultos sus experiencias, creencias y todo lo que conforma el patrimonio oral familiar.
Llama la atención que, en la actualidad, que a interacción, si no es normada, se pierde al estar cada integrante de la familia ensimismado en el mar de las redes. Igualmente, cada vez es más frecuente que las dinámicas de interacción no sean las que se han transmitido por la herencia cultural, sino que muchas han asumido las tendencias que las redes posicionan: las fotos grupales con una posición específica, el baile de moda, etc.
Así, muchas familias, grupos de amigos o compañeros de labores repiten coreografías o dramatizaciones que se difunden en los llamado trends de Tiktok y la época navideña no escapó de ello.
Uno de los challenge que se popularizó desde hace algunos años, es el bailar en grupo alguna canción que esté en tendencia y esté relacionada con la celebración, vistiendo un atuendo navideño o en pijamas, y generalmente con lentes oscuros. Tal ocurre con el video del comediante y creador estadounidense Denzel Crisp, cuya versión del famoso aguinaldo venezolano El Burrito Sabanero venezolano ha sido replicada por grupos de amigos, familiares y laborales.
Asimismo, el baile robotizado del popular Jingle Bells ha sido parte de las publicaciones de los usuarios de Tiktok desde diferentes partes del mundo. Caso igual ocurre con el All I want for Christmas is you que ha sido el fondo musical de usuarios de esta plataforma social quienes asumen el reto de mostrar su destreza en el baile con la interpretación Mariah Carey.
Al final, el verdadero desafío de esta celebración de Año Nuevo es evitar que la pantalla opaque la vivencia, el abrazo, la caricia, la palabra sincera y sin inteligencia artificial involucrada.
El mayor deseo es que este 2026 que pronto comienza el éxito no se mida en likes, sino en experiencias y alegrías reales y momentos fuera de cámara. Al sonar el cañonazo y las campanadas, que tu mejor conexión no sea el wifi, sino el calor de quienes te acompañan. ¡Feliz y auténtico 2026!

