
El exceso de información puede llevar a un individuo o a un colectivo a realizar acciones que son contrarias a sus valoresSi algo ha caracterizado el antes, durante y después de la elección presidencial realizada el pasado domingo 28 de julio en Venezuela, ha sido la influencia de las redes sociales para disuadir la percepción de la población mundial sobre este evento. Días previos a los comicios, influencer del medio artístico, así como del Tiktok, Instagram y Facebook, contrarios a la opción revolucionaria, difundían mensajes nostálgicos, tristes, tocando la emotividad de sus seguidores ¿Por qué la tristeza y no alegría? ¿No estaban seguros de un triunfo?
La respuesta se resume en dos palabras: espiral emocional. De acuerdo a la página oficial del Centro de Intervención Psicológica Integral y Aplicada (CIPSA), cuando a una persona le invade un estado de ánimo negativo, las distorsiones cognitivas dominan sus creencias y la autopercepción, haciendo que empeore la situación. Los pensamientos van de la siguiente manera: “del estado de ánimo negativo a pensamientos autodestructivos”. El malestar va creciendo hasta el punto de trastocar su sistema de valores como el respeto, la tolerancia, la empatía y otros que tienen que ver con la convivencia.
Es aquí cuando el individuo establece conexión solo con lo que su estado de ánimo le pide, por lo que no es casual que una persona busque información y permanezca mayor tiempo en una publicación, consiga de forma “casual” otros post de lo buscado. Es lo que se conoce como algoritmo, el cual generalmente está manipulado por los programadores de las principales plataformas comunicativas digitales.
Adicción a la información
Tal como pasa con el alcohol, las sustancias psicotrópicas, los juegos de azar, el sexo, ocurre también con las redes sociales: el exceso puede producir adicción. La razón es que estos estímulos generan en el cerebro la segregación de dopamina que es llamada la sustancia del placer, aunque la información no sea agradable, pero es la que corresponde al estado de ánimo del internauta.

Es cuando aparece la infofrenia, un término que aunque no está incluido como patología psicológica, se ha manejado con mayor frecuencia en los últimos años, especialmente, luego de la pandemia y en los sucesos políticos ocurrido en Venezuela en las últimas décadas.
Este padecimiento hace que la persona sienta necesidad, casi compulsiva, de conseguir información sobre un tema. El individuo, constantemente bombardeado de noticias, tiende a sufrir de ansiedad e incluso de desesperación en la búsqueda constante de contenidos relacionados con el hecho noticioso.
Este contacto permanente con el celular, tablet o PC, ocasiona vulnerabilidad en el usuario, tanto que puede inmovilizarlo o impulsarlo a realizar acciones que cotidianamente no forman parte de su personalidad. En consecuencia, puede entrar en estado de indefensión, tristeza o ira si se encuentra desconectado.
¿Aprovechar la adicción?
Los primeros registros en Venezuela de este padecimiento se ubican en 2002, justo antes del golpe de Estado contra el comandante Hugo Chávez. En esta ocasión, los medios privados a cargos de factores opositores, incluyeron en su programación información permanente, en distintos formatos, para influenciar la histeria colectiva contra del gobierno que recién iniciaba.
Otro ejemplo del empleo del exceso de información y la manipulación a los infofrénicos se evidenció en las guarimbas del 2014 y 2017, así como el intento de golpe en 2019 cuando las noticias falsas, popularizadas como “fake news”, se hacían eco de conflictos y distorsiones de la realidad, lo que mantenía la zozobra de la colectividad y anulaba, en una parte de la población, la mayor característica del venezolano: su buen humor.
En la elección presidencial del pasado domingo 28 de julio esta manipulación y conducción de una parte de la población hacia la infofrenia fue más notable. Muestra de ello fue la escasez de propaganda electoral durante el período de campaña por parte de los factores, que una vez consumados los comicios, llamaron a los focos de violencia al no reconocer los resultados. Así, las redes fueron constantemente bombardeadas con información “extraoficial” y opiniones de “influencer” que al final decantó en emplear la infofrenia, el duelo y la frustración de la pérdida de las elecciones al estallido.
El objetivo de la estrategia es simple: quién domine la mente, domina la opinión y en consecuencia, las acciones correspondientes. Por ello, la infofrenia es empleada por las fábricas transnacionales de comunicación, con su germen en Estados Unidos, país que cuentan con especialistas en comunicación, psiquiatría y psicología social para distorsionar con información envenenada a las masas de seguidores de las redes sociales. Es la razón por la que los principales ejecutores de los actos de violencias hayan sido menores de edad, pues además de ser fácilmente manipulables son los mayores consumidores de las redes.
Retornar al equilibrio
En una entrevista publicada en un medio de comunicación digital, el psicólogo social Fernando Giuliani, explicó que la forma de superar la adicción a la información y al mundo virtual es, en primer lugar, identificando los desencadenantes de la información y alternar el tiempo de exposición en las redes con otras actividades fuera de ellas.
Para el especialista, es de gran importancia mantener un equilibrio entre el mundo real y el digital, con la finalidad de desarrollar la capacidad de controlar y establecer límites que eviten la distorsión de lo que ocurre en el entorno.Destaca que aunque el estado de alerta es bueno, siempre debe ser controlado y no debe conducirse hacia el pánico o la histeria.
De allí, que es importante aceptar y estar atentos al nivel de miedo e incertidumbre que se padece, sin caer en la irracionalidad y la creación de escenarios surgidos a partir de lo que se consume a través de las redes. El uso racional de estas y el cuestionamiento constante del contenido es vital para evitar no caer en infofrenia.

