
Natchaieving Méndez
Luego de que Israel decidió atacar a Irán el pasado 13 de junio, la pregunta inmediata que surge es: “¿hasta cuándo?”. El pasado martes, se contabilizaban más de 55 mil personas muertas desde el inicio en la operación genocida israelí contra el pueblo de Palestina en la Franja de Gaza (23 de octubre 2023). Durante casi dos años la agresión contra el pueblo palestino ha ocupado las primeras planas, pero ahora, lo noticioso es la escalada de violencia que cada día crece en el Oriente Medio.
Palestina, Libia, Siria, Irán, Egipto han tenido un depredador en común: el Estado de Israel. Desde su fundación en 1948, el país hebreo ha sido uno de los principales promotores del desbalance de la tranquilidad geopolítica en Oriente Medio, enfrentando conflictos con sus vecinos árabes y palestinos en un contexto de guerra, diplomacia y poder internacional.
Sin embargo, este avance de invasión territorial israelí y asedio contra los países cercanos es vista con los ojos complacientes que no actúan con la misma contundencia con la que emprenden “sus luchas” contra sistemas democráticos latinoamericanos. Es así como ante la falta de consecuencias significativas por sus acciones militares y políticas, la percepción de impunidad frente a los ataques de Israel ha sido un tema recurrente en debates sobre el equilibrio de fuerzas en la región.

¿Tierra o guerra prometida?
Pareciera que Israel es un país que se creó para la guerra. Desde su surgimiento en 1948, esta nación hebrea, bajo la excusa de una exclusión y acoso religioso, ha emprendido en diferentes momentos una arremetida contra sus países vecinos y con ello a la ocupación de su territorio. Esta instauración fue y es muy criticada por gran parte del planeta, pues surge de la percepción colonizadora de Gran Bretaña y su heredero americano en Medio Oriente.
Así, el 14 de mayo de 1948, según el portal oficial del Consulado General de Israel, una resolución aumentó y empeoró las diferencias que había y persisten en las naciones del Medio Oriente. El decreto estableció dividir el territorio que ancestralmente pertenecía a Palestina (antigua provincia otomana) entre Israel y un Estado que aglutinara a la población local de habla árabe.
Fue así cuando se originó la Guerra Árabe-israelí de 1948 como consecuencia del desacuerdo de los estados árabes del establecimiento del nuevo país. Las consecuencias de este enfrentamiento fueron devastadoras; si bien los israelíes tuvieron 6 mil 373 bajas, en el otro bando de 10 a 15 mil personas murieron. Además, provocó el desplazamiento forzoso de más de 700 mil palestinos (la Nakba), que marcó el inicio del conflicto palestino-israelí que persiste hasta en la actualidad.
Pese al rechazo entre los países vecinos, Israel consolidó su territorio y progresivamente expandió su dominio a otras zonas que no estaban establecidas en los acuerdos internacionales. Así ocurrió la Guerra del Sinaí (1956), también conocida como la Crisis de Suez.
Este conflicto entre Israel, Francia y el Reino Unido contra Egipto se originó cuando el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser nacionalizó el Canal de Suez. Las potencias occidentales hicieron una intervención militar para recuperar el control estratégico de la vía marítima e Israel invadió el 29 de octubre de 1956, avanzando sobre la península del Sinaí. El conflicto culminó en el 7 de noviembre del mismo año, cuando la presión internacional obligó a los invasores a retirarse. Egipto mantuvo el control del canal, consolidando la figura de Nasser como líder del mundo árabe.
Pero nuevamente las pérdidas humanas son el resultado más lamentable de estos conflictos. Israel sufrió 172 muertos y 817 heridos, mientras que Reino Unido y Francia tuvieron 26 muertos y 129 heridos en conjunto. Egipto, por su parte, registró entre 1.650 y 3.000 muertos, además de 4.900 heridos y más de 30.000 prisioneros.
Luego, 11 años después, se produce la Guerra de los Seis Días (1967) que se desarrolló entre el 5 y el 10 de junio. Nuevamente la provocación vino del lado de las fuerzas israelíes que tomaron a Jerusalén Este, Cisjordania, la Franja de Gaza, junto con el Golán sirio y el Sinaí egipcio, alterando el equilibrio territorial de la región. Este conflicto que no duró una semana ocasionó un saldo significativo de víctimas. Israel sufrió menos de mil bajas, mientras que las fuerzas árabes (Egipto, Jordania y Siria) registraron más de 20 mil muertos.
Seguidamente ocurre la Guerra de Yom Kipur (1973) que comenzó el 6 de octubre de 1973, cuando Egipto y Siria atacaron Israel por sorpresa para recuperar territorios perdidos en 1967. Inicialmente, avanzaron en el Canal de Suez y los Altos del Golán, pero Israel contraatacó y recuperó posiciones. El conflicto dejó más de 15 mil muertos en el bando árabe y 2 mil 656 israelíes fallecidos, terminando el 25 de octubre con un alto el fuego impulsado por la ONU. Su impacto llevó a los Acuerdos de Paz de Camp David (1978) entre Israel y Egipto.

La cercanía eterna de una amenaza nuclear
Israel atacó a Irán en una operación militar a gran escala denominada Operación León Creciente que, según el gobierno israelí, tiene como objetivo neutralizar las capacidades nucleares de Irán, las cuales consideran que el país persa está “muy cerca” de desarrollar armas nucleares, lo que representa una amenaza existencial para la nación hebrea.
Este argumento no es nuevo. Desde 1992, el primer ministro del Estado de Israel, Benjamín Netanyahu ha reiterado el discurso de que Irán “ya está a punto” de sacar la bomba que erradicará el pueblo israelí ¿previsión o estrategia?
Una cadena de televisión estadounidense difundió un video en el que se ve al líder israelí repitiendo la misma advertencia en declaraciones en los años: 1996, 2002, 2012, 2015 y 2025. Otro medio extranjero recordó que en 1992, Netanyahu afirmó que faltaban cinco años para que Irán lograra armas nucleares y en 2009, aseguró que la amenaza era inminente. En 2025, el discurso sigue siendo el mismo.
Bajo este pretexto, Israel ha impulsado sanciones y ha intensificado las tensiones en Oriente Medio, presionando a sus aliados occidentales, en especial a Estados Unidos, para que intervengan. Incluso, en 2013, cuando el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad asistió a los actos fúnebres del presidente Hugo Chávez, la amenaza de que el líder persa se acercara a Venezuela, desembocó en la arremetida de Israel y sus aliados en el apoyo de sanciones en contra de la nación suramericana.
Hasta este miércoles el conflicto ha cobrado un alto costo humano. Según el Ministerio de Sanidad iraní 1.500 personas han sido afectadas desde el inicio de los bombardeos. De ellas, más de 220 han muerto, en su mayoría civiles, lo que agrava la crisis humanitaria en la región.
La impunidad reinante
Los conflictos anteriores y otros que si bien no se mencionan en el artículo no son menos importantes, dan cuenta de un saldo mayor de pérdidas humanas en el bando que no es israelí. Más allá de certificar la fuerza militar del Estado de Israel, que es apoyado por grandes aliados occidentales, lo decepcionante es la ejecución de operaciones para apropiarse de territorio, sin respetar la historia y antigüedad de los pueblos frente a la mirada de los organismos internacionales y rompiendo cualquier resolución sobre este tema.
Resoluciones internacionales, como la 242 del Consejo de Seguridad de la ONU (que instaba al retiro de los territorios ocupados tras 1967), no fueron cumplidas plenamente y las sanciones efectivas no se materializaron.
Uno de los factores clave en la aparente impunidad de Israel ha sido el respaldo constante de potencias occidentales, en particular Estados Unidos. El apoyo financiero y militar ha garantizado que Israel mantenga su superioridad tecnológica y disuasiva, reduciendo el impacto de posibles sanciones internacionales. Esto ha permitido que medidas como la expansión de asentamientos en Cisjordania, consideradas ilegales por el derecho internacional, continúen sin repercusiones severas.
La inacción de organismos multilaterales como la ONU ha sido otro elemento central en esta dinámica. A pesar de múltiples resoluciones condenando acciones israelíes, el veto estadounidense en el Consejo de Seguridad ha impedido sanciones concretas.
La relación entre Israel y Palestina es quizás el eje más visible de la impunidad israelí. La ocupación, el bloqueo de Gaza y los enfrentamientos recurrentes han dejado miles de víctimas civiles. Informes de organismos como Human Rights Watch señalan constantes violaciones a los derechos humanos, pero el liderazgo israelí ha evitado consecuencias legales.
En contraste, los grupos armados de resistencia palestina han sido satanizados y sancionados por ataques contra civiles israelíes. Esto deja en evidencia el desequilibrio en la aplicación de la justicia internacional.
La impunidad de Israel en sus relaciones con sus vecinos se ha sostenido por una combinación de victorias militares, respaldo diplomático y fallos en la aplicación del derecho internacional. Mientras el conflicto continúa, la búsqueda de una solución justa y equitativa sigue siendo un desafío para la comunidad global.

