Natchaieving Méndez

Si algo nos ha enseñado la historia de la humanidad es que los procesos culturales son cambiantes. Fíjese bien en la palabra que empleo: “cambiantes”, no la frase “van evolucionando” pues esto quiere decir que existen unas culturas superiores sobre otras y esto es una gran falacia.

Partiendo desde que la cultura es todo el conjunto de símbolos con significado, costumbres, creencias, formas de convivencia, lenguaje, valores, en fin, lo que identifica a un grupo social determinado, es una gran aberración decir que “su cultura evolucionó hasta…”, tal como se manejó por mucho tiempo para referirse a los pueblos originarios. Si usted lo hizo no se preocupe, esto fue parte del proceso de programación colectiva empleado durante años por potencias dominantes para someter. Ya lo liberamos, sigamos.

Durante mucho tiempo, también se posicionó que la cultura europea era “pura” y con ello se desvaloraba la que surgió luego del proceso de invasión a la gran Abya Yala, llamada posteriormente América. Tal como se evidencia en la historia de los pueblos al otro lado del Océano Atlántico, los procesos de invasión, transculturización, aculturación e hibridación cultural fueron constantes, antes y después de Cristo. Propio de los invasores: llegan a una tierra e imponen las creencias dominantes, así ha sido siempre y será así, aunque existan otras formas de invasión más tecnificadas.

Es cuando llegamos a la fecha que hoy nos ocupa: Halloween. Esta “celebración” proviene de los celtas, pueblo del hemisferio norte que realizaba el Samhain, una fiesta con la que anunciaba el fin de la cosecha, el inicio del frío y el invierno, y el momento en el que la oscuridad sería más prolongada. Tenían la creencia de que en este momento se debilitaba la barrera entre los vivos y los muertos, por lo que las almas de los fallecidos podían visitar el mundo de quienes aún estaban con vida. Por ello, se reunían alrededor del fuego, preparaban ofrendas para honrar los espíritus buenos y, en muchos casos, empleaban máscaras para despistar a los no tan buenos.

Los celtas fueron invadidos por los romanos, civilización que también tenía una explicación sobrenatural para los cambios de iluminación propios entre el otoño y el invierno en el norte del planeta. Pensaban que un gran portal, sellado por una piedra, separaba el mundo de los vivos y muertos y que esta gran puerta era removida en tres ocasiones del año: 24 de agosto, 5 de octubre y 8 de noviembre. Esta creencia, similar a la de los celtas, se fusionó creando lo que más adelante los cristianos llamarían “fiestas paganas”.

En la cosmovisión de los pueblos originarios del Abya Yala también existía o existe la creencia de que los muertos vuelven al plano de los vivos cada cierto tiempo. Aunque con la invasión europea el cristianismo trató de sustituir esta creencia con la instauración del Día de los Santos, no se logró el objetivo, pues aún muchas comunidades indígenas mantienen los rituales para honrar a sus fallecidos. De ahí la palabra “resistencia” del 12 de octubre que algunas mentes alineadas con el eurocentrismo han pretendido desconocer… Como siempre digo, “harina de otro costal”.

Así, en Inglaterra medieval, el sinónimo de “santo” era la palabra “hallow”, por lo que el día anterior al primero de noviembre era nombrado como “All Hallow eve”, víspera de la fiesta de los Santos. Las culturas resistentes, utilizaban esta fecha previa para mantener sus tradiciones y creencias. Con el tiempo, la palabra evoluciona hasta lo que actualmente conocemos como Halloween.

Tal como se puede evidenciar, esta cultura enraizada en Inglaterra, llegó a los territorios que actualmente ocupa Estados Unidos y Canadá. Pese a la aversión cristiana inculcada en el proceso de colonización y el exterminio de los pueblos originarios, el Halloween se mantiene bajo el rechazo, el miedo y la estigmatización impuesta por los principios religiosos de la Iglesia.

Al pasar del tiempo, la industria cultural, especialmente la del cine y la televisión, usa la tendencia del ser humano a buscar lo prohibido para sus producciones; así que, como otro proceso de invasión, esta vez cultural, esta fecha se instala en otros países, especialmente, en el sector comercial: las auyamas (calabaza) con rostro terrorífico, los zombis, las calaveras, las brujas, los monstruos y otros elementos ahora son cada vez más frecuentes en Latinoamérica.

¿Por qué resuena esta fecha en tantas personas?

Si bien las razones históricas de esta celebración anglosajona permiten comprender su origen, es necesario explorar por qué, emocionalmente, esta fecha resuena en tantas personas

Tal como lo explica el portal Neopraxis, el ser humano tiene la tendencia psicológica de explorar lo desconocido, incluso, si esto tiene que ver con experiencias macabras y aterradoras. Esto ha sido utilizado por los medios de comunicación masiva, especialmente los audiovisuales, para captar seguidores y ¡miren que lo ha logrado!

Desde personajes de la literatura como Frankenstein, Drácula, hasta otros legendarios del cine como Freddy Krueger, Pennywise, Jason Voorhees, sin contar los muñecos diabólicos Chucky, Annabelle y otros, todos ellos son parte de este 31 de octubre para asustar a niños y otros no tan jóvenes. Pese al miedo, las personas evocan a estos personajes y sus historias ¿a qué se debe esto?

El mencionado espacio digital refiere que para muchas personas este día se convierte en un momento de catarsis, en las que pueden liberar emociones y tensiones reprimidas en un contexto en el que la sociedad se aboca también a este fin. Biológicamente, sentir miedo desencadena la liberación de sustancias como la adrenalina, lo cual genera una momentánea sensación de energía y emoción. Por eso, muchos buscan emociones fuertes para sentirse más animados y alertas.

Además, ante una situación de miedo, el ser humano reacciona segregando dopamina de forma automática, como un mecanismo natural que lo prepara para “huir” o “enfrentar” la adversidad. Entonces aparece la sudoración y el aumento de la frecuencia cardíaca. Esta sustancia, también se genera en circunstancias de placer y de máxima felicidad, por lo que puede explicar por qué cuando esta emoción de miedo está ligada a un contexto seguro y se supera, tal como ocurre en Halloween, se disfruta y hasta se hace adictivo.

Otro factor psicológico que influye es la curiosidad a lo desconocido, lo cual lleva a las personas a enfrentar situaciones que pueden ser macabras o aterradoras, pero que al superarlas les da una sensación de logro, seguridad y empoderamiento.

Además, en muchos casos, el Halloween puede ser una excusa para fortalecer lazos sociales con personas que comparten estas emociones y que a menudo son minimizadas u ocultadas pues generalmente son consideradas una muestra de debilidad de quienes las siente. De allí que en este día se creen ciertos lazos de solidaridad e identificación que permite al individuo alcanzar la aceptación social desde la vulnerabilidad.

Más allá de disfraces y los sustos prefabricados, Halloween invita a mirar con ojos críticos y simbólicos los procesos de invasión cultural que han moldeado las prácticas actuales. Reconocer el origen de estas celebraciones, sus capas de resistencia y sus mutaciones comerciales, permite resignificar lo que consumimos y compartimos.

En cada máscara hay una historia, en cada miedo una posibilidad de catarsis, y en cada rito una memoria que se niega a desaparecer. Que esta fecha no sea solo una excusa para el entretenimiento, sino también una oportunidad para honrar lo que fuimos, cuestionar lo que somos y decidir lo que queremos seguir siendo.