
El 12 de enero de 1946, el termómetro de la historia detectó una fiebre, por entonces desconocida, que rápidamente se propagó por toda Venezuela hasta volverse endémica y contagiosa de generación en generación. La nombraron LVBP y ochenta años después es fácilmente observable en el molde de la identidad nacional.
El caso cero se identificó en la parroquia caraqueña de San Agustín y tuvo por testigo al mismísimo presidente de la República, Rómulo Betancourt. Esa tarde se registró el primer juego en el archivero de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional, origen de una calentura que fanatizó a millones a lo largo de ocho décadas. El Magallanes, dirigido por Manuel “Chivo” Capote, derrotó 5-2 a los “patriotas” del Venezuela, de Juan Antonio Yanes, “Yanesito”. Ese fue el acto inaugural de la temporada fundacional de la LVBP, a la cual concurrieron también el Cervecería Caracas y los “sabios” del Vargas. Todos ellos se asentaban en la capital y compartían el Estadio Cerveza Caracas. El virus de la LVBP, empero, poco tardaría en esparcirse más allá del estrecho valle avileño.
Aquella fiebre bien pudo ser llamada “la Carrasquel”. Ese apellido impregnó la genealogía del beisbol profesional venezolano. Fue Alejandro “Patón” Carrasquel, pionero de los bigleaguers criollos, el ganador de aquel enfrentamiento primigenio tras cubrir la ruta completa, como era la usanza. Fue Alfonso Carrasquel, su sobrino y estrella del Caracas, el autor del primer jonrón y el nombre inicial en la lista de ganadores del premio al Novato del Año. Y hablando de apellidos ilustres, Luis Aparicio Ortega, luego conocido como El Grande, el anotador de la carrera bautismal, remolcada por el antesalista “navegante” Rafael García Cedeño.
LOS PADRES FUNDADORES
La LVBP nació con nombres propios. Detrás del Venezuela se sentaba “Yanesito”, el tenaz hombre de empresa. El Caracas era el fruto del empuje de Martín Tovar Lange y Magallanes del espíritu emprendedor de Juan Carlos Lavaud. Vargas era la hechura de Juan Reggeti. Son ellos los padres fundadores de un hervor multitudinario a partir del cual se desarrolló una poderosa industria exportadora de talentosos peloteros.

Las cuatro divisas creadoras de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional tuvieron descendencia y dejaron en herencia la pirexia descubierta en 1946. El Cervecería sería Leones del Caracas a partir de la edición 1952-1953 y se haría la organización más exitosa del circuito, con 21 campeonatos nacionales y dos cetros del Caribe en sus alforjas. El Magallanes, ese “team” contra el cual “se estrellarían todos los rivales, como el estrecho del mismo nombre”, sería la primera institución deportiva del país capaz de originar un topónimo: los Magallanes de Catia.
El Magallanes de Lavaud naufragó en la quiebra tras la campaña 1955-1956, se refundó en Puerto La Cruz como Oriente y Orientales, retornó fugazmente a Caracas con su designación original y se asentó definitivamente en Valencia a partir de la refriega 1969-1970. Durante su travesía se volvió un torbellino de masas, un rasgo de venezolanidad, un sinónimo de mayorías con 13 gallardetes en sus bóvedas y dos trofeos del Caribe.
El Venezuela de Yanesito mutaría posteriormente en los “licoreros” de Pampero y estos, a su vez, son, tras la famosa venta de a bolívar, el ancestro inmediato de los Tiburones de La Guaira, que a fusil de “guerrilla” y cadencia de samba alimentarían un séquito de alcance nacional celebrante de ocho coronaciones aquí y una en aguas caribeñas.
El Vargas de Reggeti, abridor del lineup de campeones en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional al dominar el certamen de 1946, tomaría múltiples personalidades. Pasaría a llamarse Santa Marta en la batalla 1954-1955, Valencia Industriales en la 55-56 y, tras un tricampeonato y cinco titulaciones en la ciudad carabobeña, se refugiaría en Portuguesa para la 68-69 bajo la advocación de Llaneros de Acarigua, germen de unas Águilas del Zulia nutridas con la savia de la desaparecida Liga Occidental y que con Pastora, Gavilanes, Rapiños y Espadón en el recuerdo alzaron el vuelo desde la 69-70 hasta elevarse a lo más alto de la LVBP en seis oportunidades, con dos insignias del Caribe.
Así las cosas, la LVBP de 1946 salió de su cápsula caraqueña y fue a la toma de todo un país.
LA EXPANSIÓN TERRITORIAL
Mucho ha cambiado desde aquella liga aldeana y exclusivamente capitalina. En estos ochenta años, la LVBP ha ensanchado sus linderos y se ha esparcido a lo largo de la geografía nacional. Magallanes, Cervecería, Vargas y Venezuela, las divisas que conformaron el núcleo original de la liga, tuvieron réplicas. Valencia, Barquisimeto, Maracay, Maracaibo, Puerto La Cruz y Margarita cayeron rendidas ante el fervor incontenible de la pelota. El beisbol, día a día, se transformaba en tatuaje de venezolanidad. Presente en el habla común, en la discusión diaria, en las festividades navideñas, la LVBP se ha vuelto patrimonio del país.

Lo hicieron posible las enormes figuras que fueron entusiasmando a las multitudes y transformándose en rubro de exportación. Desde Alfonso “Chico” Carrasquel, mito fundacional de la LVBP, hasta los astros del presente, el talento se ha arraigado en el territorio. Y han llegado desde todos los rincones. Desde Maracaibo, la cuna del inmortal Luis Aparicio, hasta La Sabana, el terruño de Ronald Acuña Jr.
T/Prensa LVBP

