Uno de mis primeros trabajos fue visitar colegios para dar charlas sobre el contenido que impartía una institución educativa. En aquella oportunidad, me ayudaba con un mapa de la ciudad para ubicar las direcciones y buscaba puntos de referencia para llegar a las instituciones. Recuerdo que en aquel momento comparaba las líneas cartográficas con las calles y avenidas; e incluso, recorría una manzana reconociendo en ella las formas de las líneas que horas antes había visto en papel.

Con el pasar de los años, como es natural, este don de ubicar direcciones percibiendo el espacio desde sus formas geométricas y empleando la memoria se redujo significativamente. Pudiese adjudicarlo a la edad, sin embargo, he conocido personas más jóvenes, inclusive niños, a quienes les cuesta esta capacidad de orientación. Entonces caigo en la cuenta que tanto ellos como yo, ahora requerimos solo encender la voz del GPS del celular que nos indique a dónde ir para ubicar una dirección.

Pero hay más. Investigando cómo los seres humanos se ubicaban en el espacio antes de los mapas encontré que el empleo de los sentidos era vital para este fin. La ubicación de las estrellas, la dirección del viento, el vuelo de las aves, el movimiento de las olas, en otras palabras, el diálogo con la naturaleza era la herramienta para localizar un sitio.

Todo lo anterior ha cambiado, pese a que estudios afirman que el cerebro humano cuenta con sistemas neuronales para recordar direcciones, construir rutas y mapas mentales del entorno. ¿Qué ha ocurrido entonces?

Desde hace más de 30 años, los científicos refieren que esta pérdida de las habilidades no solo de orientación, sino además otras relacionadas con los procesos cognitivos, se debe a la creciente dependencia de factores externos para realizar labores que antes exigían un esfuerzo mental, aunque sea mínimo.

Herramientas como la calculadora, los dispositivos electrónicos, la inteligencia artificial han surgido para ayudar a las funciones del ser humano y muchas de ellas se han convertido en una extensión. Al delegar funciones cerebrales mínimas a estos apoyos, también se generan, consciente o inconscientemente, dependencias, pues si bien se aligera el esfuerzo mental y se minimizan los tiempos, se puede generar la creencia interna de que no se puede llegar a un buen resultado sin el uso de estos apoyos. Es lo que se ha llamado delegación cognitiva, memoria externa o mente extendida y es un aspecto que preocupa, especialmente, en el ámbito educativo con el auge de la IA.

Un estudio realizado por la Unicef, basado en encuestas en diez países, arrojó que al menos 20 millones de niños de entre 12 y 17 años han utilizado herramientas de IA para resolver una tarea, buscar información, traducir un texto, retocar una imagen o hasta conversar con un “amigo”.

Lo anterior resulta preocupante, pues justamente es en este período de la vida humana cuando se desarrollan las principales habilidades neuronales relacionadas con el pensamiento lógico, abstracto, la percepción para pensar y razonar sobre su entorno y lo que trasciende a él. Entonces, si nuestra población infantil y joven en su etapa de desarrollo delega a factores externos los procesos que le permitirán internamente adquirir habilidades mentales básicas para su desenvolvimiento social, ¿cómo pensarán los adultos del futuro?

Evidencia del impacto neuronal
Investigadores del Massachusetts Institute of Technology , citados en un artículo de National Geographic, realizaron un estudio en el que midieron la actividad cerebral de 54 jóvenes quienes durante tres sesiones debían redactar textos, unos apoyándose con ChatGPT, otros con Google y el resto solo con sus habilidades mentales.

El resultado fue que quienes usaron ChatGPT no solo lograron una baja calidad de sus textos, sino además registraron peor nivel neuronal, lingüístico y se les notó menos conectados con las ideas plasmadas en sus escritos. Basados en esta investigación, los especialistas concluyeron que emplear repetidamente IA reemplaza el esfuerzo cognitivo necesario para el pensamiento independiente y deja una “deuda cognitiva” que se traduce en la pérdida progresiva de las capacidades mentales, la cual no se observa a corto plazo, pero existe.

Pese a que estos estudios quedan en el campo de lo teórico y, quizás, son desestimados por las grandes corporaciones que manejan la tecnología digital, así como muchos países promueven el perfeccionamiento de la IA, ya se ven los resultados de esta “dependencia mental” en el ámbito educativo o así se expresó en el reciente informe del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

En este informe de 2025, realizado durante una década en 91 países, contó con la participación de 760 000 estudiantes. Los resultados de las pruebas realizadas a niños y jóvenes determinaron una caída sustancial en la lectura de 28 puntos, que en otras palabras significa que estos sujetos de aprendizajes se encuentran en esta área del aprendizaje como si hubiesen perdido año y medio de escolaridad.

Otra área afectada fue matemáticas que registró 22 puntos de disminución en el rendimiento que hace una década. En las ciencias, aunque se mantuvo relativamente estable, está por debajo de lo esperado.
Si bien este informe toma en consideración aspectos como las economías de los países, así como otros aspectos del ámbito social, en esta ocasión demostró cómo la IA y las herramientas digitales están impactando en los procesos formativos de los niños y jóvenes. Más de uno de cada cuatro estudiantes afirmó no solo haber utilizado métodos digitales para la resolución de sus tareas escolares, además expresó distraerse con dispositivos electrónicos durante las clases.

Los encuestados que confesaron las distracciones no solo obtuvieron peores resultados, además manifestaron su desconexión con la escuela y los procesos de aprendizaje.

A todo lo expresado se le suma que especialistas en el área neurológica han advertido en diversos artículos publicados en el ecosistema digital, que el uso constante de redes sociales disminuye la conectividad de la corteza prefrontal, región encargada de la concentración sostenida y el control inhibitorio. Esto significa que se debilita el freno biológico, es decir, el estudiante sabe que debe soltar el celular para trabajar o descansar, pero carece del impulso regulador para ejecutar esta decisión. La noticia es que esto también está ocurriendo en adultos.

Rutas hacia el equilibrio
Todo lo expuesto no pretende frenar el avance tecnológico ni encerrar en una burbuja a la humanidad para que no se vincule con el ámbito digital. Diversos organismos como la Unicef y la misma OCDE ofrecen pistas de lo que se puede hacer para que la marea IA y redes sociales no extermine las funciones neuronales que biológicamente posee el cerebro humano.

Un dato novedoso en el informe PISA 2025 es el grado de preparación de los estudiantes para emplear herramientas digitales en la resolución de problemas complejos, divididos en pequeñas tareas fáciles de solucionar. Cerca de dos tercios de los sujetos involucrados en el estudio alcanzaron un nivel óptimo en la resolución de problemas con el uso de herramientas digitales. Sin embargo, solo la mitad demostró una competencia básica en las áreas de ciencia, lectura y matemáticas, lo que demuestra que las bases sólidas en materias imprescindibles influirán en la capacidad de resolución de problemas con herramientas digitales.

A la par, Unicef pide invertir en la alfabetización digital y en la investigación de los efectos de la IA en el desarrollo de los niños y jóvenes. Además, exige cerrar las brechas de conectividad y obligar a las empresas tecnológicas a incorporar medidas de protección desde el diseño de sus productos. Reforzar leyes regulatorias e incluir la responsabilidad empresarial en la difusión de material inadecuado, que generen adicción o incluyan datos falsos, también es parte de las demandas de este organismo internacional.

Al final, también se trata de la responsabilidad desde el hogar de estimular el desarrollo del pensamiento en los sujetos de aprendizaje. Si bien el uso de la tecnología aligera los tiempos y la calidad de entrega de productos en una época en la que la rapidez importa más que la calidad, se debe crear conciencia de que cada proceso, desde el razonamiento para ubicar direcciones hasta la lectura, el descifrar números o dilucidar problemas científicos, es necesario para el desarrollo de las habilidades mentales. Lo contrario solo incrementará las probabilidades de exterminio de una especie que se diferenció del resto de los animales cuando comenzó a utilizar sus capacidades de pensar.

T|NATCHAIEVING MÉNDEZ