La neocolonización del marketing lácteo

La lactancia materna es un vínculo fundamental entre madre e hijo, que le proporciona al infante nutrientes esenciales y beneficios inmunológicos. A lo anterior se agrega el saldo positivo emocional y psicológico que deja en el pequeño el vínculo afectivo que se genera en esta práctica y que quedará grabado en su mapa mental, base para su crecimiento.

No obstante, este instinto que como mamífero tiene el ser humano ha tenido como enemiga la industria de procesamiento de productos lácteos. Esta, a través de una creciente estrategia de marketing, refuerza por diversos medios una serie de mitos que han contribuido a que, de forma significativa, una parte de la población mundial sustituya este alimento natural por un “complemento” de supuestos nutrientes químicos.

El marketing de la leche artificial utiliza diversos formatos de comunicación para bombardear con información engañosa a los padres de los recién nacidos, así como a los especialistas encargados de su cuidado. Desde afirmar una superioridad nutricional sobre la leche materna hasta presentarse como una opción para saciar el hambre del bebé, entre estos argumentos también apelan a la comodidad y a la imagen corporal según los estándares de belleza industrial.

Para muestra un botón. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) realizaron un estudio reciente a 8500 padres y mujeres embarazadas, así como a 300 trabajadores de la salud. Esta investigación reveló la presencia de una publicidad agresiva para el consumo de fórmulas lácteas, que busca disuadir a la familia al consumo de leche artificial por parte de sus infantes.

No es casualidad que en 2022, los ingresos de la industria productora de fórmulas lácteas hayan ascendido a 55.000 millones de dólares (48.900 euros). De acuerdo a la OMS, este incremento tuvo relación con la aplicación sistemática y, hasta cierto punto, poco ética de disuasión para el abandono de la lactancia materna.

Desmitificando el engaño

Es común escuchar a una madre decir “mi bebé dejó la teta porque no genero mucha leche”. El especialista en el área José María Paricio Talayero, durante una ponencia en la Universidad de Costa Rica, explicó que cuando el infante es amantado desarrolla una serie de destrezas orales y de enganche que a su vez estimulan el pecho para que la madre genere leche.

El chupón del biberón le da la facilidad que con solo morder un poco y absorber sin mucho esfuerzo, pueda obtener el alimento, por lo que prontamente llegará a manifestar rechazo por la acción de emplear más esfuerzo en succionar. Esto ocasionará que al no ocurrir la práctica natural de amamantamiento la succión natural se disminuirá, así como los estímulos en el pezón de la madre. Esta ausencia junto al estrés que esta situación genera, serán enviados al cerebro de la progenitora y producirá que merme la activación de la prolactina, hormona encargada de impulsar la elaboración de leche en las glándulas mamarias.

Es así como la falta de estimulación es lo que genera que la madre no produzca la suficiente leche que el bebé requiere, una situación que además puede afectar a futuro a la progenitora quien posiblemente padezca de quistes en los conductos galactófagos ante la calcificación de la leche que ha quedado represada.

Arremetida de la industria cultural

Si bien las fórmulas lácteas infantiles han sido una solución ante la imposibilidad de una madre de amamantar a su bebé, su función de “en caso de emergencia” ha sobrepasado los límites de la racionalidad y se ha convertido en el requisito sine qua non que una familia adquiere y agrega al presupuesto familiar, casi como una religión.

Ciertamente, estas sustancias poseen componentes que requiere el bebé en sus primeros días de nacido; sin embargo, carecen de los anticuerpos y otros componentes bioactivos presentes en la leche materna.

Tal como la industria cultural ha pretendido vender a través de sus estrategias de marketing en series televisivas, películas, comerciales, vallas, entre otros, el uso de fórmulas lácteas también se le asociaba con un alto estatus social. En décadas pasadas, las familias adineradas preferían la fórmula como símbolo de modernidad y comodidad. La publicidad promovía esta idea, creando una percepción de prestigio en torno a las fórmulas.

Es así como la publicidad engañosa y la constante presión social pueden llevar a que las madres duden de su capacidad para amamantar, lo que contribuye al destete temprano. La comodidad percibida de las fórmulas obvia los beneficios para la lactante como el de protegerla contra la diabetes, la presión arterial alta y enfermedades cancerígenas en mamas y ovarios.

Además, esta práctica estimula en la madre la liberación de oxitocina, hormona vinculada la regulación de las emociones.

La publicidad de la industria de la lactancia artificial engaña a la sociedad con fines monetarios. Esto puede tener consecuencias negativas para la salud física, mental y emocional, pues altera la práctica natural del amamantamiento. Tal como un perro que se muerde la cola, una sociedad prematuramente destetada buscará soluciones químicas para sanar sus enfermedades en la fuente que las creó.