Por: Natchaieving Méndez

Hace calor, sin embargo, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, afirmó en su intervención del pasado 22 de septiembre en la 81ª Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) que “el planeta se está enfriando”.

El mandatario estadounidense desmeritó las advertencias de los científicos y especialistas sobre el cambio climático para apoyar su teoría de que había que seguir el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA), cueste lo que cueste. Son “las mismas personas que dijeron que todos estaríamos muertos en 12 años debido al calentamiento global, un nombre que luego se cambió a cambio climático porque el planeta se estaba enfriando, no calentando, y nadie había muerto”, eso dijo.

De acuerdo a lo anterior, según Trump, es mentira que agosto se haya coronado como el mes más cálido jamás registrado en la historia planetaria, con una temperatura media global del aire en superficie de 16,96 °C (0,85 °C por encima de la media de referencia y unos 1,51 °C más cálido que el promedio preindustrial).

Estos datos sobre el aumento de la temperatura no son inventos de los medios de comunicación, son parte de las advertencias del Servicio de Cambio Climático de Copernicus, programa de observación satelital y monitoreo del clima perteneciente a la Unión Europea. Lo curioso es que esta afirmación fue corroborada por la NOAA (Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica), agencia científica pública y del servicio meteorológico perteneciente al gobierno de EE. UU., el país de Trump.

Además, la alerta del aumento del calentamiento global lo certifica la OMM (Organización Meteorológica Mundial), que no pertenece a un solo país, sino que es un organismo internacional especializado de la ONU, el mismo ente donde el mandatario desmiente que en el planeta esté aumentando la temperatura. Vaya paradoja.

De acuerdo la narrativa del inquilino de la Casa Blanca, es un invento que entre agosto y septiembre más de 1500 millones de personas a escala global sufrieron episodios de calor extremo peligroso.  Que en países como India, China, México y parte del sur de Europa (Francia, Italia, España), las poblaciones enfrentaron decenas de días superando los umbrales de seguridad biológica. 

Igualmente, para Trump es mentira que las temperaturas medias de la superficie del mar fuera de los polos alcanzaron un récord de 21,11 °C, lo que alimentó olas de calor marinas en el Atlántico Norte y el Mediterráneo Occidental, destruyendo ecosistemas bentónicos.

Quizás para el presidente estadounidense las sequías del verano y el sobrecalentamiento del suelo que generaron megaincendios en el oeste de su país (California, Oregón), Canadá y partes de Europa del Sur, nada tiene que ver con el aumento de la temperatura planetaria. Tampoco para el mandatario es verdad que la alta energía térmica acumulada en los océanos aceleró la formación e intensidad de sistemas tropicales y favoreció la rápida intensificación de huracanes y tifones.

Todo esto sin hablar del aumento de la demanda energética (por uso de aires acondicionados) en varios países que registró máximos históricos y provocó fallas locales en redes eléctricas y un agotamiento severo de las cuencas hidrográficas. Todo esto es mentira, el planeta se está enfriando según Trump.

Trump negó ante la ONU el calentamiento global

Dejando de lado la ironía, los datos de las agencias especializadas contradicen de forma categórica las narrativas que niegan el aumento de las temperaturas. La OMM junto a la NASA (por cierto, servicio de EE. UU.) han documentado que los años recientes figuran entre los más calurosos registrados en la historia moderna. Confirman una tendencia constante de calentamiento global impulsada por la actividad humana no regulada.

Estas instancias aclaran la confusión del mandatario. Explican que el calentamiento global se trata del aumento continuo de la temperatura media del planeta, mientras que el cambio climático tiene que ver con los efectos derivados de este proceso.

Evidencia científica e hipocresía histórica

Esto se viene advirtiendo desde hace tiempo. Un informe de 2023 refiere que: “las actividades humanas, principalmente a través de las emisiones de gases de efecto invernadero, han causado inequívocamente el calentamiento global, haciendo que la temperatura superficial mundial alcanzara 1,1 Celsius por encima de los niveles de 1850-1900 durante el periodo 2011-2020”.

Al identificar a los países cuyas actividades industriales y de producción más han contribuido al calentamiento global, los datos de la Comisión Europea (EDGAR) y los monitoreos satelitales de Climate TRACE destacan a los principales emisores de gases de efecto invernadero en 2022, ordenados de mayor a menor:

  1. China (15.700 millones de toneladas de CO₂e).
  2. Estados Unidos (6.000 millones de toneladas de CO₂e).
  3. India (3.900 millones de toneladas de CO₂e).
  4. La Unión Europea (3.600 millones de toneladas de CO₂e).
  5. Rusia (2.600 millones de toneladas de CO₂e) serán los mayores emisores en 2022.

Es aquí cuando no sorprende que el líder del segundo mayor contaminante de CO₂e ignore una realidad evidente: la sobreexplotación de recursos naturales de su país en función del capital está saturando la atmósfera y acelerando drásticamente el cambio climático.

Las actividades humanas contribuyen al calentamiento

Mientras el presidente de una de los mayores responsables argumentaba la necesidad de seguir la explotación, las voces de los países más vulnerables resonaron con un dramatismo desgarrador en la Gran Manzana. Líderes de naciones en desarrollo como Tuvalu, ​país insular de Oceanía​ situado en la región de la Polinesia, ​en el océano Pacífico, recordaron que para sus pueblos, la crisis ambiental es un luto diario provocado por fenómenos meteorológicos cada vez más agresivos e impredecibles.

Otra voz fue la del primer ministro de Nepal, Balendra Shah, quien en su intervención hizo un reclamo directo hacia las potencias industriales. Con la autoridad moral que le otorga representar a un país golpeado por devastadoras inundaciones causadas por el deshielo glaciar, el mandatario cuestionó la falta de acción global ante la pérdida de vidas humanas en los territorios golpeados.

Shah recordó que su nación apenas aporta un porcentaje mínimo a las emisiones globales de carbono y pese a ello sus comunidades pagan un precio devastador en vidas, infraestructura y desarrollo económico. Sus palabras nos recordaron las imágenes que hace semanas conmocionaron al mundo entero, cuando las aguas que bajaron con fuerza desde el Himalaya sepultando proyectos enteros y dejando un rastro de pérdidas multimillonarias e irrecuperables.

Las consecuencias empienzan a notarse

La factura humana de la inacción política

El impacto de la inacción climática no se mide solo en grados centígrados o en pérdidas monetarias; se traduce directamente en vidas. Las graves sequías, disminución de agua e incendios forestales producidos por el poderoso fenómeno El Niño de este año, así como al aumento récord del calor global desestimado por Trump, podrían causar casi medio millón de muertes en el mundo para finales de febrero, así lo alerta un informe del Laboratorio de Impacto Climático (Climate Impact Lab), con sede en la Universidad de Chicago, publicado un día después de la intervención del dignatario estadounidense en la ONU.

De acuerdo con este estudio, los países más pobres son los que sufrirán las consecuencias más severas pues la afectación climática se une a la “inseguridad alimentaria y elevados costos de la energía, en parte debido al cambio climático y a las repercusiones de la guerra en Irán”.

Urge tomar medidas

El secretario general saliente de la ONU, António Guterres, calificó la situación actual como una profunda injusticia intergeneracional. Cuestionó con dureza a la industria de los combustibles fósiles por tratar la atmósfera como un depósito de desperdicios sin asumir los costos sociales ni ambientales que provocan sus billonarias ganancias operativas.

En este sentido, el diplomático hizo un llamado a los gobiernos para implementar planes inmediatos de transición energética con plazos vinculantes. Detener la deforestación, financiar la adaptación de los países en desarrollo y frenar el deterioro ecológico son pasos indispensables para evitar que el daño afecte a más generaciones y fracture de forma definitiva la cohesión social en todo el planeta.

Desde su fundación en 1945, la Asamblea General de la ONU ha celebrado 81 períodos de sesiones ordinarios. La atmósfera con entiende de discursos ideológicos, de argumentos encaminados a demostrar el poder sobre el mundo, retóricas negacionistas o promesas incumplidas desde los estrados. El reloj sigue su marcha, la crisis climática su curso implacable y, como bien advierte la realidad diaria de las naciones más vulnerables, el aliento del planeta no esperará a que la política decida actuar.