
Donald Trump formalizó el nacimiento de la Junta de Paz, enviando cartas de invitación a 60 líderes mundiales para perfilar el futuro de Gaza (Palestina). Entre los destinatarios figuran jefes de Estado como el egipcio Abdelfatah Al Sisi, el argentino Javier Milei y el primer ministro canadiense Mark Joseph Carney, además de una propuesta extendida a Italia.
La ambición estadounidense es convertir este organismo en una realidad capaz de sustituir a la ONU, interviniendo no sólo en Oriente Próximo sino también en escenarios críticos como Ucrania y Venezuela.
La estructura del proyecto descansa sobre tres pilares básicos: la Junta de Paz encabezada por Trump, un comité ejecutivo asesor y un grupo de tecnócratas palestinos para la gestión interna.
Jordania también ha recibido una invitación para el Rey Abdullah II, confirmando que los documentos están siendo legalmente revisados. Este heterogéneo organismo pretende reunir a distintas naciones bajo el liderazgo de Estados Unidos para construir una estabilidad que sea finalmente duradera.
Sin embargo, la iniciativa provocó la reacción inmediata de Israel, descontento por la falta de consulta previa sobre la composición de los comités. Benjamin Netanyahu expresó su firme oposición, objetando en particular la presencia de figuras vinculadas a Turquía y Qatar, naciones consideradas hostiles a los intereses israelíes.
El primer ministro convocó urgentemente a sus socios de coalición, entre ellos los líderes de la derecha radical Smotrich y Ben Gvir, para analizar la situación. La tensión aumentó hasta el punto de que el Ministerio de Asuntos Exteriores israelí recibió instrucciones de disputar formalmente los nombramientos con Washington.
La Administración Trump ha sugerido al primer ministro israelí que se centre en la amenaza iraní y deje que EE.UU. se encargue de la reconstrucción territorial. EE.UU. dice estar convencido de la solidez de su método, rechaza las objeciones y avanza hacia la aplicación del plan.
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