
Natchaieving Méndez
Cuando en la década de los 60 la serie animada Supersónicos mostraba a una familia del futuro escogiendo qué iban a comer con solo tocar los botones de una máquina, se pensaba que esto solo podía ser ficción. Pues bien, lo que antes era imaginación hoy es una realidad con la impresión 3D de alimentos, una tecnología que promete revolucionar la forma en que nos alimentamos.
Ya en la alta cocina se emplea para crear alimentos con formas innovadoras y texturas diferentes. Además, su uso se está aplicando en hospitales y centros de cuidado para personalizar alimentos de acuerdo a las necesidades nutricionales de las personas, especialmente, aquellas que tienen una condición de salud preexistente o les cuesta masticar o tragar.
Tal como en la película Lluvia de Hamburguesas, uno de los objetivos de este avance tecnológico es la obtención de alimentos en grandes cantidades. No obstante, pese a que las ventajas son evidentes, algunos detractores expresan que la manipulación del proceso natural por el cual se obtienen los alimentos puede provocar afecciones en la salud. Es entonces cuando surge la interrogante: ¿la impresión 3D de alimentos es un salto al futuro o un riesgo para la salud?
Más que un simple capricho futurista
La impresión 3D de alimentos tiene sus orígenes en los primeros años del nuevo siglo. Investigadores y especialistas en tecnología exploraron la integración de los revolucionarios avances en materia computarizada, robótica y electrónica para aplicarla en la rama alimenticia. Es así como comenzaron con prototipos que empleaban métodos similares a una manga para repostería y crearon galletas, chocolates y otros alimentos azucarados.
Luego, los avances lograron expandir las posibilidades alimenticias y permitieron imprimir desde pequeñas entradas o bocadillos hasta platos completos. Actualmente, por ejemplo, se han creado hamburguesas (como en la película), carnes, pastas y otros alimentos. Según JamindoMFG.com, “cualquier cosa que pueda introducirse en un cartucho y extruirse a través de una boquilla puede imprimirse”. Así, con sustancias vegetales, han producido comidas con el sabor y la textura de alimentos de origen animal.
Desde este punto de vista, las ventajas de la impresión 3D de alimentos, que son más que evidentes, parecen sacadas de un estudio de cine. ¿Tiene alergias o alguna condición que requiera la exclusión de ciertos ingredientes? Diga adiós a los problemáticos: puede obtener su comida preferida con una combinación capaz de reproducir la misma textura y sabor de alimentos que no puede consumir. ¿A su hijo no le gustan los vegetales? Problema solucionado: imprima un delicioso snack alto en proteínas.
Otro de los beneficios que ofrece la impresión 3D de alimentos es que solo emplea los ingredientes necesarios, lo que podría significar una reducción significativa de desperdicios. Además, permite incorporar ingredientes alternativos, de alto contenido nutricional, como la harina de insectos, que, aunque solo pensarlo podría generar rechazo, con esta tecnología se convierte en una alternativa viable y sostenible.
¿Un futuro sin tomates frescos?
Pero, tal como la filosofía taoísta refiere: todo yin tiene su yang; es decir, no todo es color de rosa. Algunas opiniones encontradas en el ecosistema digital sugieren que uno de los mayores riesgos de la impresión 3D es la desconexión con los alimentos naturales. Tal como ocurrió con otros inventos, existe la preocupación de que las futuras generaciones desconozcan el origen de sus comidas, dado que lo que consumen provendría de una máquina.
No faltará quien diga “esto es imposible”, pero haga la prueba: pregunte a un grupo de niños de dónde proviene la harina que su adulto significativo utiliza para preparar las arepas que consume, y comprobará lo que digo. Ahora imagine un mundo donde los niños no sepan qué es un tomate, porque todo lo que consumen proviene de una impresora
El valor nutricional real también es un factor que pone en duda los beneficios de la impresión 3D de alimentos. Para mantener los productos impresos, es necesario utilizar conservantes, especialmente si se emplean cartuchos con ingredientes frescos o naturales. De hecho, ya existe un extenso estudio sobre los problemas que conservantes como el benzoato de sodio y los nitritos pueden generar en la salud, los cuales han sido asociados con alergias, alteraciones hormonales e incluso enfermedades como el cáncer.
Además, el costo de las impresoras 3D de alimentos y sus complementos son costosos, por lo que su acceso puede ser limitado.
La importancia de preservar lo natural
Este asunto de la impresión 3D de alimentos, aunque se afirme lo contrario, choca con la corriente que, en la actualidad, promueve la importancia de consumir alimentos frescos y libres de aditivos químicos para preservar la salud y la vida.
En la misma línea audiovisual con la que se inició este artículo, un ejemplo de lo anterior es la serie de Netflix Vivir 100 años: Secretos de las Zonas Azules, que transmite un mensaje claro sobre la importancia de una alimentación natural para lograr una vida longeva y saludable.
Historias de personas que viven en zonas con alta concentración de centenarios, como Okinawa en Japón o Nicoya en Costa Rica, tienen en común la costumbre de consumir alimentos frescos, de origen vegetal y con un grado mínimo de procesamiento. Además, resaltan el valor de alimentos locales y tradicionales, como las “tres hermanas” (maíz, frijoles y ayote), una regla alimenticia común en las poblaciones centroamericanas, que aporta los nutrientes esenciales y antioxidantes para el organismo.
De esta manera, la impresión 3D de alimentos se presenta como una herramienta fascinante, pero no debería sustituir nuestra conexión con los alimentos naturales. Como bien dirían los Supersónicos, el futuro es emocionante, pero no debemos perder de vista nuestras raíces.

