Los Mets han jugado ahora seis partidos sin el dirigente venezolano Carlos Mendoza y tienen récord de 2-4 en esos encuentros. No se pueden sacar grandes conclusiones de esa pequeña muestra. Si el historial reciente del club nos dice algo, es simplemente lo que la mayoría de los vinculados a los Mets, incluidos aquellos en los niveles más altos de la organización, ya lo sabían: Mendoza no era el problema.

El presidente de operaciones de béisbol, David Stearns, no veía a Mendoza como el problema principal del club, al igual que tampoco lo hacían sus jugadores en el clubhouse. Eso no quiere decir que el venezolano esté libre de culpa por lo ocurrido en los últimos 13 meses. Es sólo para dejar al descubierto la realidad de que el despido del manager no se debió tanto a sus fallas personales, sino más bien a un fracaso organizacional sistémico.

Esto recayó sobre los jugadores, la gerencia y Stearns, tal como todas esas partes lo admitieron en los días posteriores a la salida de Mendoza.

“Le fallé a Mendy”, expresó el campocorto puertorriqueño Francisco Lindor en una de las frases más tajantes que salieron del clubhouse la semana pasada. Y añadió: “Al final del día, esto no se trata de él. Es más sobre nosotros, los jugadores, que no rendimos a la altura de nuestras capacidades”.

Esos no fueron los mismos tipos de comentarios que surgieron después de los despidos de Buck Showalter, el dominicano Luis Rojas, Mickey Callaway o incluso Terry Collins. Fueron los comentarios de un equipo que sintió que había defraudado a su líder, y no al revés.

Sin embargo, una realidad de las Grandes Ligas es que, por varias razones, es mucho más fácil despedir a los pilotos que deshacerse de los jugadores estelares o de los gerentes generales. Stearns estará aquí el próximo año. Lindor probablemente también estará, junto a muchos otros jugadores de los Mets que han tenido un bajo rendimiento. El equipo no puede cambiar todo su roster en un año.

Como lo expresó el propietario Steve Cohen en comentarios recientes al New York Post, el historial de Stearns ha sido mixto desde que llegó antes de la temporada del 2024, pero al menos tendrá otro Draft amateur, otra Fecha Límite de Cambios y otro receso de campaña para demostrar que puede desenredar el desastre que ayudó a crear. A diferencia de Mendoza, Stearns tendrá la oportunidad de corregir sus errores. Si bien la reputación del presidente de operaciones de béisbol ha recibido un golpe, Cohen pasó años esperando contratarlo para este puesto. Él cautivó a Stearns con un generoso contrato de cinco años. El dueño no está dispuesto a incumplir con eso ahora, especialmente sin un reemplazo mejor a la vista.

En cuanto a Mendoza, sus días en el béisbol seguramente no han terminado. Muy querido en el clubhouse y en todo el Citi Field, el estratega venezolano superó con gracia los retos de ser manager por primera vez en la ciudad de Nueva York. Si bien ningún dirigente de los Mets desde Bobby Valentine ha vuelto a dirigir tras dejar Nueva York, Mendoza, a sus 46 años, tiene bastantes posibilidades de ser el próximo en lograrlo.

Eso se debe a que, en gran medida, esto no fue culpa de Mendoza, algo en lo que Cohen, Stearns, Lindor y otros pueden estar de acuerdo. De cualquier manera, los Mets seguirán adelante sin él.

T/Las Mayores