Al igual que en los humanos, los perros poseen esta glándula que suele pasar desapercibida hasta que da problemas, como lo es la próstata. Esta estructura es exclusiva de los machos y cumple una función vital en su sistema reproductor.

La próstata del perro es pequeña, dividida en dos lóbulos y se ubica justo detrás de la vejiga, rodeando la uretra. Su trabajo principal es producir el líquido seminal que da volumen al eyaculado. La próstata no es estática; su tamaño depende directamente de hormonas como la testosterona. Esto explica por qué los perros no castrados son los más propensos a desarrollar afecciones, ya que la estimulación hormonal constante hace que la glándula crezca con el tiempo.

Expertos señalan que la enfermedad más común es la Hiperplasia Benigna de Próstata (HBP), un aumento progresivo del tamaño asociado al envejecimiento. Aunque al principio no parece grave, el problema real surge cuando ese crecimiento presiona otros órganos o causa dolor al animal. Las enfermedades prostáticas han estado en un segundo plano en la veterinaria, pero la realidad es contundente, estudios recientes indican que casi la mitad de los perros analizados (47,5%) presentan alguna anomalía en esta glándula.

En muchos casos, estas patologías se descubren por accidente o cuando ya están muy avanzadas, debido a que el perro no suele mostrar síntomas evidentes en las etapas iniciales. Sin embargo, gracias a los avances en ecografías y conocimiento clínico, hoy es más sencillo abordar estas enfermedades si se detectan a tiempo.

T/Con información 20minutos