La ciudad de Santa Marta, ubicada en el mar Caribe, en el departamento de Magdalena en el norte de Colombia, se convirtió en el epicentro de la resistencia climática con el inicio de la Primera Conferencia sobre la Transición para abandonar los Combustibles Fósiles. Este evento congregó a representantes de 45 naciones que, en conjunto, poseen una influencia determinante en la producción y el consumo energético a nivel planetario.

La ministra de Ambiente colombiana, Irene Vélez-Torres, destacó que la actual inestabilidad del suministro petrolero, acentuada por conflictos bélicos internacionales, obliga a replantear la dependencia de los hidrocarburos. Según la funcionaria, el objetivo principal es consolidar una coalición política sólida que no solo manifieste su voluntad de cambio, sino que ejecute acciones concretas e inmediatas.

El debate se centró en la creación de una hoja de ruta internacional que permita una transición justa, abordando temas sensibles como la eliminación de los subsidios estatales a los combustibles. Los organizadores proponen transformar la deuda externa de los países en desarrollo en financiamiento directo para proyectos de generación renovable y modelos económicos productivos no extractivos.

A pesar de la relevancia del encuentro, la ausencia de potencias como Estados Unidos, Rusia y Arabia Saudita marca un desafío significativo para la implementación de estos acuerdos globales. Mientras la Administración estadounidense actual refuerza su apuesta por el mercado petrolero tradicional, otras naciones como China avanzan silenciosamente en el desarrollo de tecnologías energéticas de vanguardia.

Expertos y comunidades indígenas presentes en la cumbre advierten que la resistencia de los sectores económicos más ricos podría profundizar las injusticias sociales ante un cambio climático severo. Los delegados insisten en que mantener modelos energéticos obsoletos bajo protecciones artificiales solo retrasa el progreso necesario para asegurar la supervivencia de los estados insulares y las poblaciones vulnerables.

Las propuestas surgidas en este escenario colombiano serán trasladadas a la próxima cumbre climática en Türkiye con el fin de institucionalizarlas formalmente. El reto inmediato será convencer a los mercados globales de que la soberanía energética del futuro depende de la innovación tecnológica y del abandono definitivo del carbón y el gas.

T|TELESUR