Según un estudio reciente de la Universidad de Birmingham, Reino Unido, las freidoras de aire producen cantidades mucho menores de compuestos orgánicos volátiles y partículas ultrafinas que otros métodos de fritura. La investigación indica que estos aparatos pueden ser una alternativa doméstica más segura para la calidad del aire interior, siempre y cuando se mantengan limpios tras cada uso.

El equipo investigador, liderado por el profesor Christian Pfrang y la investigadora Ruijie Tang, analizó cómo distintos métodos de cocción afectan las emisiones de contaminantes en ambientes cerrados. Para ello, emplearon cámaras de análisis del aire y probaron una freidora de aire comercial de 4,7 litros de capacidad, cocinando tanto alimentos congelados como frescos con diferentes niveles de grasa.

En las pruebas, cocinar alimentos con alto contenido graso, como aros de cebolla congelados y distintos tipos de tocino, generó las mayores emisiones de contaminantes en la freidora de aire. Sin embargo, incluso en estos casos, las cantidades liberadas fueron mucho más bajas que las detectadas en la fritura en sartén o en aceite profundo.

La comparación entre métodos fue contundente, los procedimientos tradicionales emiten entre 10 y 100 veces más contaminantes del aire interior que las freidoras de aire, según remarca la Universidad de Birmingham. Tang, encargada de realizar los experimentos, explicó que los aros de cebolla pre-fritos y el tocino lideran la lista de alimentos con mayor emisión cuando se cocinan en freidora de aire, debido a su forma y contenido graso.

No obstante, estas cifras solo representan una fracción de lo que ocurre en la fritura convencional, tal y como constató la investigadora.

Compuestos detectados y límites de seguridad

El estudio detalla además que todos los alimentos evaluados, independientemente del tipo y su proporción de grasa, emitieron niveles de compuestos orgánicos volátiles y partículas ultrafinas considerados bajos desde un punto de vista sanitario.

El análisis químico identificó cetonas, aldehídos y alquenos derivados del uso de aceites calientes y el dorado de los alimentos, pero sus concentraciones estuvieron muy por debajo del límite recomendado por la normativa oficial del Reino Unido para edificios.

Según Pfrang, ampliar la variedad de alimentos estudiados permitió comprender mejor cómo ciertos ingredientes afectan las emisiones al ser cocinados en freidoras de aire. El experto subrayó “este estudio es el último que demuestra los beneficios potenciales de las freidoras de aire para la calidad del aire en interiores”, recogió la Universidad de Birmingham.

T/Agencias