La Conferencia 30 de Naciones Unidas sobre el Clima (COP30), comienza oficialmente este lunes en Belém, Brasil, durante un medio de un arcoíris de disputas comerciales, conflictos armados y la necesidad urgente de convertir discursos en responsabilidades y acciones concretas.

«La COP30 puede marcar el momento en que la humanidad vuelva a empezar, restableciendo nuestra alianza con el planeta y entre generaciones (…) elegimos la valentía en lugar de la inacción, para cambiar el rumbo en la lucha contra el cambio climático«, señaló André Corrêa do Lago, presidente de la COP30, en una carta pública.

Encarga a los más de 50 líderes globales y representantes de 160 países que transformen Belém, capital del estado brasileño de Pará, un ciclo de acciones para hacer frente a la crisis climática mundial.

Además, en el documento, Corrêa do Lago hace un recuento de la historia de las discusiones acerca de la crisis climática, que comenzaron con la Cumbre de la Tierra (ECO-92) en Río de Janeiro.

“En Belém, honraremos esta continuidad: la capacidad de nuestra especie para cooperar, renovarse y actuar conjuntamente ante la incertidumbre”, redactó.

Las temperaturas récord y los fenómenos extremos están afectando a comunidades en todo el mundo.

El embajador enfatizó: «Con esta décima carta, concluyo un ciclo de palabras para que el mundo pueda iniciar un ciclo de acción; estamos a punto de lograrlo«.

Luiz Inácio Lula da Silva, el presidente de Brasil, le otorgó a la reunión un tono moral urgente. En el foro, se advirtió que «en un escenario de inseguridad y desconfianza, los intereses egoístas prevalecen sobre el bien común», y se exigió que la COP30 «sea la COP de la verdad».