
Natchaieving Méndez
Recientemente, la vicepresidenta de la República de Venezuela, Delcy Rodríguez, denunció la planificación de una “falsa bandera” contra una plataforma de la petrolera estadounidense ExxonMobil, que se encuentra en el área marina en litigio de la Guayana Esequiba.
La frase “falsa bandera” llama poderosamente la atención, especialmente, porque se refiere a la intención es hacer creer a la colectividad, erróneamente, que un ataque lo ejecuta un país para luego justificar su invasión.
Guyana, en descarada violación de los acuerdos internacionales, ha permitido operaciones de una empresa extranjera para su beneficio, dentro de un territorio que legítimamente le pertenece a Venezuela y que está en discusión ¿No es una provocación promover cualquier tipo de actividad económica y apropiarse de los recursos cuando se sabe que esta zona no se puede intervenir por el proceso legal en el que está?
Además, cabe la otra pregunta: ¿a quién beneficiaría un supuesto ataque de Venezuela a una empresa estadounidense, justo en momentos en que la nación norteamericana emprende una abierta política de presión para sacar a la actual gestión gubernamental venezolana? ¿Se quedaría la Administración de Donald Trump tranquila al saber que una compañía de ellos es vulnerada por un gobierno al que consideran enemigo?
No, no es neurosis, el contexto en el que ocurriría este plan también causa suspicacia. Se desarrollaría justo en la semana de la Cumbre de jefes de Estado de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), en la que participará Guyana, así como otros países aliados a EE. UU y algunos de los que fueron visitados recientemente por el secretario de Estado de la nación norteamericana.
Y es que la estrategia de una falsa bandera para justificar un contrataque ha estado por siglos y en diferentes lugares. El objetivo es claro: desprestigiar al otro con una acción que vulnere su credibilidad en el entorno internacional, para favorecer y justificar que el supuesto agraviado emprenda inicie un conflicto y obtenga, finalmente, una ganancia política. Vale revisar la historia y el escenario se repite.
De Piratas a la Segunda Guerra Mundial
Se dice que en siglo XVI, los piratas ondeaban una bandera de una nación enemiga para engañar a sus barcos; de esta forma, los atraían para abordarlos, saquearlos y quedarse con la embarcación. No obstante, algunos estudios refieren que esta acción se evidenció, incluso, antes de Cristo.
Un reportaje del escritor español David Gómez, en el medio digital El Orden Mundial, refiere que uno de los hechos más antiguos del empleo de la estrategia de la falsa bandera fue el ascenso de Darío I al trono del Imperio persa en el siglo VI a. C.
La historia cuenta que este rey persa asesinó a Gaumata, de quien se decía despojó el trono a Cambises II haciéndose pasar por su hermano Esmerdis. Algunos historiadores contemporáneos refieren que, por las tensiones que se vivían con su predecesor, Darío utilizó esta versión de la usurpación para justificar el magnicidio que perpetró y legitimar su toma del poder.
Lo cierto es que los primeros registros sobre este concepto, se ubican en 1569, aunque se le hace notorio más tarde en el ámbito naval, vinculándole con la acción pirata. La estrategia fue posicionada entonces en el mundo militar y aceptada en las leyes marítimas internacionales, con la condición de que el buque atacante, antes de iniciar la ofensiva, izara su bandera.
De manera que, una acción hostil planificada por sus propios autores de forma de no aparecer como responsables de ella, se empleó en las grandes guerras del siglo XX. No obstante, fue hasta los años ochenta cuando el columnista del London Daily Telegraph, Robert Moss, popularizó el término tal como se concibe actualmente.
Uno de los casos de falsa bandera conocido a principios del siglo XX fue el que ocurrió en 1931 cuando militares japoneses volaron parte de una vía de ferrocarril en la comunidad de Mukden y se culpó a China de esta agresión. Fue la excusa para que Japón ejecutara la invasión en esta región.
Luego, en febrero de 1933, el incendio del Reichstag, el parlamento alemán, supuestamente provocado por los comunistas y socialistas, fue el pretexto para que el gobierno de Adolf Hitler suspendiera la Constitución de 1919 y estableciera una dictadura legal. La acusación de los presuntos autores partió de los nazis, aunque había indicios que señalan como autores de este siniestro a los hombres del Führer alemán.
En esta misma línea, seis años después, ocurrió un ataque a una emisora de radio en Gleiwitz, área fronteriza con Alemania, supuestamente perpetrado por militares polacos. Los presuntos atacantes amenazaron con ir a la guerra contra Hitler, lo que sirvió de excusa para que el Tercer Reich iniciara su invasión a Polonia. Luego se comprobó que tal agresión había sido ejecutada por oficiales nazis vestidos con el uniforme de Polonia.
No puede quedar por fuera la operación Gladio, que trató de actividades clandestinas respaldadas por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos y la Organización del Tratado de Bruselas (posteriormente OTAN) para desacreditar a los comunistas en Europa, en plena Guerra Fría. Estas acciones incluyeron atentados, asesinatos, secuestros, rumores de invasión, todos erróneamente adjudicados a fuerzas soviéticas.
Posgrado en falsas banderas
La operación Gladio, no ha sido el único hecho de falsa bandera en los que el mal llamado “Hermano Mayor” ha participado o promovido. Muy convenientemente, el 15 de febrero de 1898 explotó un acorazado estadounidense en La Habana, Cuba, que para el momento era colonia española. Había llegado 20 días antes a la costa cubana para “una visita de rutina”. Estados Unidos culpó a España de este hecho he inició una guerra contra el país europeo.
La inconsistencia de cómo ocurrieron los hechos ha llevado a los historiadores a aseverar que esta voladura fue ejecutada por las mismas fuerzas norteamericanas para inmiscuirse en el proceso independentista de Cuba, intervenir a la isla militarmente e instaurar un sistema sometido a los intereses estadounidenses.
Todo esto sin mencionar el falso ataque de militares de Fidel Castro a la Bahía de Guantánamo en 1962; los planes develados de volar en 1961 el consulado de EE. UU. en República Dominicana para justificar una intervención de marines en el país caribeño, lo cual se ejecutó al final en 1965; la información desclasificada en 1962 de un plan que incluía la explosión de aviones norteamericanos que serían adjudicados a las fuerzas cubanas…el historial es largo, digno de otro artículo e incluso, una tesis.
A lo largo de la historia, la estrategia de la falsa bandera ha sido utilizada como un recurso para manipular percepciones, justificar conflictos y perseguir agendas políticas o militares. Desde las primeras menciones en tiempos de piratas hasta los eventos más recientes en Venezuela, este método refleja cómo las narrativas fabricadas pueden moldear decisiones internacionales y cambiar el curso de las naciones.
Comprender estos antecedentes históricos invita a analizar críticamente los eventos actuales y a cuestionar las intenciones detrás de las acciones que impactan al orden global.

