Un trabajo especial publicado por National Geograsphic habla acerca del efecto Google o cómo el Internet o la Inteligencia Artificial están teniendo repercusión en la memoria humana.

«La revista científica Nature la recoge en uno de sus últimos artículos, como un preámbulo para analizar cómo el Internet, los GPS y la Inteligencia Artificial están mejorándonos la vida, pero también para preguntarse cuál es el precio que estamos pagando por ello. ¿Pueden estas tecnologías estar afectando a nuestra memoria?», así comienza el artículo del portal en español.

El efecto Google

Desde hace años, los científicos y expertos en la materia han estado notando que dependemos de la tecnología para almacenar la información en vez de confiar en nuestra propia memoria. Se trata de un fenómeno que incluso goza de un nombre propio, el efecto Google, y que define exactamente el hecho que, al poder encontrar algo en Internet con un par de clicks, solemos tender a recordarlo menos. Esto no tiene nada de malo, pero analizar sus consecuencias, tampoco está de más.

Tal y como expone Nature, ya en el año 2011 comenzó a haber evidencia de este efecto. Concretamente, fue la psicóloga Betsy Sparrow quien, a través de un estudio publicado en ese año, reveló que cuando las personas escribían datos en un ordenador, recordaban mucho mejor dónde habían guardado los datos que la propia información misma. En otras palabras, parecía que no memorizaban los datos, sino el camino que debían de seguir para encontrarlos.

Este comportamiento tiene mucho sentido: vivimos en un mundo donde el acceso a la información es un proceso prácticamente inmediato.

Sin embargo, ya en ese momento, esta psicóloga advirtió que eso podría generar una falsa sensación de conocimiento. De hecho, otro estudio similar de 2021 demostró que aquellas personas que buscaban las respuestas en Google, creían tener más conocimientos que aquellas que respondían sin buscar. ¿Qué significa esto? Que existe una gran parte de la población confundiendo la información externa con la que reside en su propia memoria.

El GPS

Si eres una de esas personas que utiliza el GPS a diario, tal y como Adrian Ward, es posible que, al igual que él, hayas notado que sin él te cuesta más trabajo recordar ciertas rutas.

Si es así, tenemos que decirte que no es pura curiosidad. Parece ser que un estudio del año 2010 ya empezó a ver trazas de esto: las personas que usaban un GPS para recorrer un trayecto de forma frecuente eran igual de malas para repetirlo sin ayuda que aquella que nunca lo habían hecho antes.

De acuerdo con Nature, parece que, en términos simples, estamos perdiendo la capacidad de crear mapas mentales en nuestro cerebro, simplemente porque delegamos esa tarea a la tecnología.

Ahora bien, el problema se vuelve algo más importante cuando nos damos cuenta de que la memoria espacial está ligada a otras habilidades, como la resolución de problemas o la toma de decisiones.

Que los Chatbots nos ayuden

La inteligencia artificial (IA) ha sido de mucha ayuda para infinidad de cosas: hacer textos, buscar información, hacer fotografías, entre otras.

Parece que todo se ha intensificado con la llegada de las herramientas de IA, como es ChapGPT. No es lo mismo buscar en Google “¿cuál es la capital de Madagascar?” que pedirle a un chatbot que te explique la historia de ese país.

Los científicos parecen temer que esta nueva forma de interactuar con la información nos haga más “cognitivamente perezosos”. Es decir, hay un cierto miedo a que nos acostumbremos por completo a que la IA haga todo el trabajo por nosotros y, de esa forma, dejemos de ejercitar nuestras propias habilidades de pensamiento crítico y memoria. (Nature)

«Por si fuera poco, a todo se suma un riesgo adicional: los chatbots tienen la capacidad de generar información que es falsa, pero que parece convincente, lo que podría derivar en que recordemos cosas que en realidad son incorrectas, tal y como si fueran ciertas. ¿Te imaginas estar completamente seguro de un dato que, en verdad, no es correcto?», cierra National Geographic.