Natchaieving Méndez

Durante siglos, cada 6 de enero se celebra en diversas partes del mundo de influencia cristiana el Día de los Reyes Magos. Especialmente en países hispanohablantes, en esta fecha se hacen dramatizaciones en las que tres hombres, ataviados de monarcas, entregan regalos a los niños en alusión a lo que, según las Escrituras, ocurrió con Jesús de Nazaret unos días después de nacer.

Sin embargo, la historia de los Reyes Magos, como todas las vinculadas con las creencias humanas, ha tenido diversas versiones. Incluso se llegó a hablar de un cuarto rey mago, uno persa que se retrasó en el camino, otro con facciones indígenas ¿Sorprendida? ¿Sorprendido? Pues le contaré de qué se trata.

No siempre fueron tres

De acuerdo con la versión que por siglos se ha relatado, tres Reyes Magos: Melchor sobre un caballo de Europa; Gaspar con su camello de Asia y Baltasar montado en un elefante desde África, siguieron la estrella de Belén para entregar presentes al hijo de Dios; sin embargo, en el primer registro escrito en el que se menciona a estos personajes no se especifican nombres, edades, estatus social, color de piel ni tampoco el origen específico, solo que provenían del Oriente.

De acuerdo con el Evangelio de San Mateo, una de las características de estos caminantes fue que entregaron al niño Dios: oro, incienso y mirra. De allí que muchas representaciones y relatos posteriores vincularon el número de regalos con la cantidad de magos. No obstante, algunas pinturas que plasmaron el momento de la “Epifanía de Jesús” muestran dos, cuatro, siete, doce, incluso una caravana de magos, lo que refiere que no existió un número específico.

Artabán, un sabio persa

En esto de la imprecisión de la cantidad de Reyes Magos, en el portal de National Geographic, se relata como parte de tradiciones posteriores en la literatura cristiana la leyenda de Artabán, un caminante persa que sería el cuarto rey que siguió la estrella para entregar al hijo de Dios un zafiro, un rubí y una perla. Sin embargo, su lejanía y diversos actos de amor que realizó en el camino le retrasaron, por lo que llegó tarde y no logró ver al Niño Jesús.

Existen muchas versiones de esta historia. Una cuenta que, en el camino, Artabán se encontró con varias personas necesitadas y decidió ayudarlas. Primero, vendió el zafiro para pagar el tratamiento de un hombre gravemente enfermo; luego, entregó el rubí para rescatar a una mujer que estaba siendo vendida como esclava y finalmente, al llegar a Jerusalén, ofreció la perla a unos soldados romanos para salvar a una joven.

Cuando el caminante llegó al punto de encuentro, los otros sabios se habían marchado y ya le habían advertido a María y José los peligros que le acechaban por la cólera de Herodes El Grande, por lo que tampoco pudo adorar al Niño Jesús.

Existe otra versión que relata que este cuarto sabio era quien más lejos se encontraba, lo cual, además de las dificultades que encontró en el camino, le impidió llegar en el momento de la denominada Epifanía de Jesús, encuentro del Niño con los sabios. En esta teoría, Artabán llevaba un cofre de perlas y en su camino encontró muchos pobres, enfermos, encarcelados a quienes les entregaba una perla para aliviar sus penas y luego seguía su marcha. Esto le retrasó y además vació su cofre.

También, sobre este sabio se menciona que el gran diamante que llevaba como ofrenda al hijo de Dios, lo entregó en el camino a un soldado de Herodes que quería degollar a un niño. Por esta acción fue encarcelado durante 30 días, pues iba en contra de las órdenes del rey, lo cual le impidió llegar a tiempo.

Finalmente, otro cuento popular relata que al no encontrar a Jesús de Nazaret, Artabán dedicó 33 años de su vida a buscarlo, ya sin la estrella que lo guiaba, por lo que nunca lo halló físicamente. Recorrió numerosos lugares y en todos ayudó a los necesitados. Un terremoto sacudió la ciudad y una piedra lo golpeó mortalmente. Se dice que antes de morir, el sabio tuvo una visión de Jesús, en la que le dice que todos los actos de amor y compasión que realizó durante su vida fueron regalos para él: así muere en paz, sabiendo que ha cumplido su propósito.

¿Y desde cuándo son tres monarcas?

Igual que la mayoría de las historias relacionadas con el cristianismo, no todos los elementos en torno a ellas aparecen en la Biblia. Por esta razón, si un registro nos da cuenta de las visiones, pensamientos y creencias vinculadas con el tema son las pinturas. Los llamados Reyes Magos no escaparon de estas interpretaciones y, por su puesto, su representación pictórica varió de acuerdo a las épocas.

En el arte paleocristiano existen representaciones de la “Epifanía”, por ejemplo, como la que es del siglo III y aparece en la cresta de la Madonna del cementerio de los Santos Pedro y Marcelino, en la que aparecen dos reyes ofreciendo presentes a la Virgen María con el Niño. También está la de la catatumba Domitila, que plasman a cuatro sabios. Otras, como en la iglesia Armenia, muestran a 12 reyes frente a María.

De acuerdo con el investigador Greco Casanova, en el siglo III, uno de los primeros pensadores del cristianismo, Orígenes, es quien establece la cantidad de Reyes Magos, seguramente, por el número de regalos. “Esta interpretación no solo vinculaba directamente el número de los Magos con los presentes, sino que también ayudaba a simbolizar la universalidad del reconocimiento de Jesús como Mesías”, reseña en el portal Vozpopuli.com.

Pero otra de las curiosidades que surge en torno a los caminantes que siguieron la estrella de Belén desde el Oriente para ver al Niño Jesús, es si eran magos como actualmente lo concebimos, es decir, hechiceros y si eran monarcas de alguna población específica.

Frente a la primera duda, es importante aclarar que de acuerdo a las Escrituras y lo que el Evangelio de Mateos refiere, todo parece indicar que estos caminantes eran astrónomos. Es así que para la época estos personajes poseían gran reputación de manejar el conocimiento, por lo tanto, a los sabios también se les denominaba magos. Primer enigma resuelto, eran unos sabios astrónomos.

La otra duda nos la resuelve nuevamente Casanova, quien refiere que, en la misma época, Tertuliano, otro importante teólogo del cristianismo, identifica a los sabios con reyes, con la finalidad de vincular el nacimiento divino de Jesús de Nazaret, con la honra de las autoridades terrenales. Esta acción conectada “a los Magos con las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento, como la que menciona la visita de reyes a Sión llevando regalos”.

Ambas visiones fueron consolidadas en el siglo V, cuando el papa León I el Magno establece oficialmente el número de Magos en tres, como una forma de definir la doctrina y tradición cristiana.

La aparición de los nombres se da tiempo después, en el siglo VI, en el Evangelio Armenio de la Infancia, un texto apócrifo que narra los eventos relacionados con la infancia de Jesús, de María y de otros personajes bíblicos y que fue prohibido por la Iglesia Católica. Se dice que estos escritos fueron compilados en Armenia durante los primeros siglos del cristianismo y contiene una serie de relatos y detalles que no se encuentran en los evangelios canónicos del Nuevo Testamento, por lo que no fueron incluidos en el canon oficial de la Iglesia.

“La primera representación conocida que incluye los nombres de los magos se encuentra en la Basílica de San Apolinar el Nuevo, en Rávena”, refiere Casanova.

De rey africano a indígena

Al difundir el evangelio armenio y su interpretación sobre los detalles de los Reyes Magos, también se especifican sus procedencias. Un apócrifo del siglo VI, citado por el mencionado investigador, da cuenta de esto: “Y los reyes de los magos eran tres hermanos: Melkon (Melchor), el primero, que reinaba sobre los persas; después Baltasar, que reinaba sobre los indios, y el tercero Gaspar, que tenía en posesión el país de los árabes”. Para este momento, la representación de los sabios mantenía su piel clara.

Es posteriormente, entre los siglos VIII y XIII, cuando además se les otorga características físicas. El primer registro al respecto que se menciona es la obra «Excerptiones patrum, collectanea et flores», atribuida a Beda el Venerable, aunque hoy en día se considera que fue escrita por un autor anónimo conocido como Pseudo-Beda.

El texto, citado por Casanova, dice: “El primero de los magos fue Melchor, un anciano de largos cabellos y cumplidas barbas, quien ofreció el oro, símbolo de la realeza divina. El segundo, llamado Gaspar, joven imberbe de piel encendida, honró a Jesús presentándole el incienso, ofrenda que manifestaba su divinidad. El tercero, llamado Baltasar, de piel oscura (fuscus) y con toda su barba, testimonió con la ofrenda de la mirra que el hijo del hombre tenía que morir”.

Pese a que en este escrito a Baltasar se le describe con piel oscura, fue a partir del siglo XVI cuando se fijó su imagen como un rey negro.

Cuando se concretó la invasión europea en 1492, las representaciones sustituyeron la raza africana de Baltasar, por la de los pueblos originarios del Abya Yala. Una de las primeras pinturas en la que aparece este cambio fue en la de Vasco Fernande, quien sustituyó al rey africano por un indígena brasileño tupinamba.

También, la pintura del siglo XVII, «Epifanía», realizada por Diego de la Puente, un pintor jesuita nacido en Malinas (Bélgica), activo en el Virreinato del Perú, sustituye por un inca, para simbolizar las tres razas de América: la blanca, la negra y la indígena.

Un siglo después, según la voz de Michoacán, un lienzo de la sacristía del templo de la Soledad en Oaxaca realizado por Isidoro de Castro muestra a un cuarto Rey Mago ante el pesebre de Belén: un varón con penacho.

De acuerdo con el medio digital, todo parece indicar que esta interpretación incluye a un indígena con las características como Moctezuma, otro de los Reyes Magos que atravesó un enorme camino para llegar con el niño Dios.

Todo lo anterior se resume en que la esencia de los Reyes Magos, es que estos caminantes del Oriente fueron sabios monarcas que siguieron sus estudios astronómicos para cumplir con lo que las Escrituras les indicaba como el lugar en donde nacería el esperado Mesías, el Rey de Reyes. Sus características fueron cambiando por la interpretación de los hombres y de acuerdo a las ideologías que se pretendían instaurar en cada época épocas, por lo que la cantidad, los detalles físicos, incluso el sexo, serán un eterno enigma.

Lo importante de esta fecha es que es otra oportunidad para la renovación de la esperanza, para llevar a la pureza de la humanidad, los niños, el regalo que emancipe la alegría y el amor que debería ser el verdadero jerarca que domine los destinos del mundo y lo libre de guerras, intereses mezquinos y lo convierta en un espacio tranquilo para la vida, sin importar ideologías, raza, estatus social o creencias religiosas. ¡Feliz día de Reyes!