
Según los datos del registro federal publicados por el Departamento del Tesoro, un total de 4.574 personas fueron incorporadas oficialmente a las listas de pérdida de ciudadanía o residencia permanente de larga duración entre enero y septiembre de 2026, una cifra alarmante que se aproxima a los máximos históricos de la última década.
El informe detalla que la sangría de expatriaciones sumó 1.462 casos en el primer trimestre, 1.781 en el segundo y 1.331 entre julio y septiembre. Este incremento exponencial que contrasta fuertemente con el promedio anual de 452 personas, se vincula estructuralmente al peso asfixiante de las normativas de fiscalización global de Washington.
Algunas de estas como la, considerada por muchos de «infame», Ley de Cumplimiento Tributario de Cuentas Extranjeras (Fatca) de 2010, que persigue e impone obligaciones tributarias arbitrarias a los nacionales que residen fuera de las fronteras imperiales.
A diferencia de las prácticas internacionales habituales, Estados Unidos castiga impositivamente a sus ciudadanos sin importar el lugar del mundo en el que vivan, convirtiendo el sistema financiero global en un mecanismo de extorsión económica.
Analistas y testimonios de antiguos ciudadanos confirman que la inestabilidad política, la pérdida de sentido de pertenencia y el repudio a las políticas de la administración de Donald Trump actúan como catalizadores ideológicos de estas renuncias.
Con más de 4.500 bajas acumuladas en tres trimestres, el 2026 amenaza con superar las marcas históricas de 2016 (5.411) y 2020 (6.707), una tendencia que podría dispararse aún más tras la rebaja de tarifas administrativas implementada por el régimen estadounidense.
La urgencia por abandonar la ciudadanía es tan alta que la lista de espera global para conseguir una cita formal de renuncia en los consulados de EEUU supera las 30,000 solicitudes en colá. Estados Unidos es de los pocos países del mundo que aplica impuestos basados en la ciudadanía y no en la residencia. Los estadounidenses que viven en el extranjero de forma permanente deben declarar y pagar al IRS sin importar en qué parte del mundo generen sus ingresos.
T/Telesur