Natchaieving Méndez

No te duermas, no te va a pasar nada. “Chama yo no siento nada, estoy, miren, como si nada”. No te duermas, después de este reto vas a tener muchos seguidores, muchos “like”, capaz que te paguen, todos te recordarán por eso… Todo te da vueltas, pero eso no es nada tú puedes, no te duermas. “Ay vale, ustedes son unos niñitos, yo no siento naaada”, ¿nada? No te duermas, esa presión en el pecho es como cuando no hay nadie en casa, no es nada… Todo da vueltas, no cierres los ojos, todo se mueve, no te duermas. “¡Tas loco! Será para que mi mamá me mate si me descubre, estoy bieeen”, ¿bien? No te duermas, respira, te estás poniendo nerviosa, no te va a pasar nada. “No se desconecten, voy al baño, estoy bien”. Respira, no te duermas, lo vas a lograr, esto no es nada, respira, no te duermas, no siento las manos, respira, todo da vueltas, no te duermas, no siento las piernas, no te duermas, “¡Mamá!”, respira, no te duer, “¡Mamá!”, resp… no te du

“Cuando se tiene un hijo, se tiene todos los hijos del mundo» dijo el poeta Andrés Eloy Blanco, pero creo que en este caso no hace falta ser madre o padre para sentir el dolor ante la injusta muerte de un niño. El relato con el que comienza este artículo es imaginario y ojalá fuese creado de ficción, pero no, lamentablemente no es así. Una niña de tan solo 12 años apagó su luz para complacer los deseos de las oscuridades del entorno y eso es real.

No solo fue ella, tampoco ha ocurrido únicamente en Venezuela. Las redes sociales si bien han resultado una bendición para acercar y difundir la cultura global de la humanidad, sin importar las distancias, se han convertido en una fuente de generación de contenidos adictivos, la mayoría sin regulación que, en muchos casos, apuntan hacia la ridiculización, escarnio, acoso y el atentar contra la vida.

Por qué seguir la corriente

Indagando sobre el tema entre jovencitos de 12 y 13 años, refieren que no ven nada malo en las redes sociales, especialmente, en la que frecuentemente usan: TikTok. Confiesan que les molesta mucho los videos que “siempre” les sale y en los que hablan mal de Venezuela y de los venezolanos. “Dicen que todos somos ladrones, malandros y nos deberíamos ir de sus países”, comenta uno de los consultados. También manifiestan que existen muchas publicaciones en las que se burlan y critican a personas de otras nacionalidades latinoamericanas. “Hacen chistes racistas, dicen que son feos y hacen comentarios crueles”, refiere una de las niñas entrevistadas.

Ninguno de ellos ha visto el reto «Chroming», que consiste en inhalar los vapores tóxicos de sustancias como desodorantes en aerosol, pinturas metálicas, disolventes, pegamento, quitaesmaltes y otros productos químicos, para generar sensación de euforia. Este desafío difundido en redes sociales, especialmente en TikTok, ocasionó la intoxicación de decenas de estudiantes y docentes en diferentes estados venezolanos y en Australia cobró la vida de una joven de 13 años.

Sin embargo, todos coincidieron en que si sabe de otros “trends”, nombre con el que ahora denominan a estos retos, en los que un grupo acuerda tratar mal a un compañero, graban el momento y luego le dicen que es mentira. Mencionan igualmente un desafío en el que publican la imagen de una persona con rostro caricaturesco o desagradable y lo comparan, con el efecto de transición, con el de alguien cercano, que si existe en la vida real y es conocido por quien hace la publicación, así como su entorno.

“La mayoría es para tener más vistas, tengas más comentarios, más seguidores”, expresa uno de los consultados. “Supongo que los niños que tienen más seguidores se hacen más famosos, quieren tener fama y se creen más importantes”, refiere otro que es interrumpido por uno de sus compañeros que subraya que quienes hacen estos “trends”, creen “que les va a dar más plata, porque he visto que cuando llegas a un punto de popularidad en TikTok te pagan por los videos”.

La edad vulnerable

La psicóloga clínica, Albanis Colina, resalta que los retos virales de las redes sociales suelen cautivar a adolescentes de diferentes rasgos de personalidad. Por un lado, refiere, se encuentran aquellos jóvenes que tienden a ser más impulsivos, inseguros y de baja autoestima, aspecto último que les hace más vulnerables en caer en la espiral de seguir los desafíos para ganar atención de otros. “Buscan sentirse reconocidos y tomados en cuenta (…) suelen estar en familias de padres donde el vínculo y apego que están desarrollando es ansioso, ambivalente o evitativo”, explica.

Por otro lado, destaca Colina, están los adolescentes que se caracterizan por ser “agresivos, irritables, retadores, desafiantes y oposicionistas, suelen tener problemas importantes de conductas en distintos espacios y son hijos de padres que han desarrollado el tipo de apego desorganizado, donde igualmente buscarán a través del reto sentirse calificados positivamente”.

En sintonía con la especialista, el psicólogo y psicoanalista Andrés Álamo enfatiza que desde su perspectiva considera que los algoritmos de las redes sociales parecieran ser cada vez más sofisticados, pues ofrecen una oferta de contenido más ajustada a los usuarios. “Se hacen eco de miedos y deseos y en ocasiones los potencian. Esto puede ser muy adictivo, especialmente para los adolescentes actuales que viven en un mundo sumamente cambiante donde las verdades se construyen a medida de los pequeños grupos que se ofrecen para que nos identifiquemos a ellos”, resalta.

Álamo describe que todo esto, sumado a la experiencia del confinamiento por la pandemia, desde su experiencia generó que muchos adolescentes tengan dificultades para hacer lazos con sus pares, por lo que las redes sociales se ofrecen como una muleta para lograr la socialización que, en esta etapa, es de vital importancia.

Desarrollo neurológico

Otro de los aspectos que contribuyen a que un adolescente pueda tomar la decisión de cumplir un desafío de las redes, sin medir el peligro que esto representa para su vida es, justamente, el proceso de desarrollo en el que se encuentra. “La parte del cerebro encargada del pensamiento racional, la corteza prefrontal, no se ha desarrollado totalmente y por esa razón, van a ser más impulsivos y actuarán antes de pensar totalmente en las consecuencias y peligro que tendrá de participar en dichos retos”, expone la psicóloga clínica, Albanis Colina.

Esta condición, agrega la especialista, es lo también ocasionan que los niños y jóvenes que están en el período de adolescencia experimenten temor, sentimientos de acoso, alteraciones en la alimentación y sueño, trastornos afectivos o incluso del espectro de la esquizofrenia.

Colina explica que el uso excesivo de las redes sociales interfiere en los procesos de atención y concentración de los jóvenes en proceso de desarrollo, así como influye en “sus emociones y comportamientos ocasionándoles ansiedad, aislamiento, depresión y están expuestos a ser víctimas de ciberacoso”.

Igualmente, la exposición excesiva a las plataformas digitales impacta en cómo pequeños y jóvenes internautas interactúan con su entorno. “Debido a la comodidad y seguridad que les genera una pantalla y, en el caso de niños y adolescentes con algún trastorno del neurodesarrollo, estanca parcialmente los procesos u objetivos que se van alcanzado”, enfatiza.

Ocupar el espacio que han ganado las redes

Si bien es cierto que las políticas de regulación de los contenidos en redes, así como la supervisión y orientación de las instituciones educativas son elementos importantes para evitar daños psicológicos y físicos por el uso excesivo de las redes sociales, la clave fundamental para impedir este flagelo es la familia.

La psicóloga Colina recalca que los niños y adolescentes saben que sus padres o cuidadores no le van a fallar, por lo que mientras aumente la confianza, la seguridad, la aceptación, la cercanía y el tiempo de calidad se evitará una influencia dañina externa y se fortalecerán los valores en los que el muchacho aprecie la vida. “Un compartir, una película, un juego. Se basa en la educación y la crianza, si no se da la debida atención, no se puede pretender que el joven actúe o muestre otras conductas. Como padres se debe buscar apoyo y psicoeducación para que puedan enseñarles a sus hijos desde pequeños lo que está bien y mal, sabiendo que es partir de los 7 a 9 años en adelante que un niño puede aprender a identificarlo”, destaca.

En este sentido, la especialista insiste en que lo ideal es que los cuidadores y los jóvenes internautas establezcan los límites del uso de las redes sociales. Este acuerdo, refiere, debe ser desde el respeto, el reconocimiento, la sensibilidad y la autonomía, para que pueda haber sintonía y cumplimiento de los compromisos establecidos. “Supervisen lo que hacen, establezcan acuerdos de cómo será el uso de las redes sociales, pero siempre mostrando que los están acompañando y orientando, más no prohibiendo y limitando para que no se de apertura a la rebeldía, conducta retadoras ni mentiras”, expresa.

La mente de los jóvenes es como la arcilla que se moldea para crear la figura final que se imagina. La intervención temprana, el tiempo de calidad, el amor y el respeto, son claves para que las redes se mantengan como una alternativa y no sustituyan el rol formador de la familia, la escuela y la comunidad.