
Un equipo de científicos, guías locales y el actor de cine Will Smith caminan con dificultad por un sendero de tierra. Su largo y resbaladizo recorrido por la selva amazónica termina en la cueva de Tayos, un enorme sistema subterráneo, donde en absoluta oscuridad, buscarán criaturas venenosas (escorpiones, ciempiés y arañas), incluida una tarántula no identificada del tamaño de un plato.
Se trata de la nueva serie de National Geographic que explora uno de los ecosistemas más poderosos del mundo y que fue estrenada el pasado 14 de enero por el servicio de streaming Disney + . Su objetivo es identificar nuevas especies y estudiar los venenos para descubrir moléculas que puedan servir de base para nuevos y potentes fármacos.
Para el Explorador de National Geographic Bryan Fry, quien también forma parte de la producción, esta expedición es solo una más de las muchas que ha realizado a lo largo de sus más de dos décadas dedicadas al estudio de los venenos, las criaturas venenosas y su evolución.
La única forma de acceder a la cueva Tayos es a través de grietas en la superficie terrestre “cualquier forma de vida que haya allí queda básicamente atrapada”, explica Fry. Debido a la dificultad (y el peligro) de entrar y salir, esta remota cueva es prácticamente desconocida para los investigadores fuera de Ecuador “nuestra expedición es la primera que va a publicar la biodiversidad de este sistema de cuevas”, reveló.
Adentrándose en las profundidades de la cueva, la expedición camina entre excrementos que llegan hasta las rodillas o la mitad de los muslos, depositados por los guácharos sudamericanos que anidan en la cueva Tayos. Estas aves suelen salir de la cueva en busca de fruta y luego regresan, desprendiendo nutrientes a través de sus heces que alimentan el ecosistema.
Dentro de la cueva, Fry y Smith iluminan las paredes con linternas y voltean rocas. Fry ve una tarántula gigante marrón y peluda y la captura en un frasco. Más tarde, la aturde con gas de dióxido de carbono. El equipo trabaja rápidamente antes de que la criatura despierte, mientras que Smith y los investigadores aplican pulsos eléctricos a las glándulas venenosas de la tarántula y comprimen suavemente los músculos que utiliza para inyectar su veneno.
T/Agencias

