Venezuela y Reino Unido, países localizados en diferentes continentes, con distintas geografías, climas, historias, culturas, pero con algo en común: fueron el escenario del challenge que se desarrolló a partir del 29 de julio.
Aunque los motivos aparentemente son distintos, la forma de ejecución del famoso desafío tuvo similitud. Focos de violencia en las calles, agresiones verbales y físicas a contrarios solo por su color de piel, pensamiento ideológico e incluso aspecto físico; carros y edificaciones incendiadas, ventanales rotos, funcionarios de seguridad heridos, todas acciones organizadas e instigadas desde X, Intagram, TikTok y Whatsapp.
En ambas naciones, estas plataformas digitales no solamente jugaron un papel fundamental para la ejecución de actos de violencia, a través de ellas durante días, meses y tal vez años previos a los detonantes, se cultivó el odio que como la pólvora, solo requirió de una chispa para que la combustión arrastrara la consciencia de los usuarios de estos espacios virtuales.
Violencia viral
Uno de los objetivos de las redes sociales es ganar seguidores. Tal como como históricamente puede evidenciarse en el plano real de la sociedad, en estos espacios virtuales ser popular es sinónimo de prestigio, hecho que puede traspasar las fronteras de la intangibilidad y convertir en “influencers” a personas que solo con hacer lo que en la realidad no se atreven, ganan fama y muchos “amigos”.
El challenge ha sido una estrategia muy popularizada especialmente por la red Tiktok, y parte del instinto humano en plantearse nuevos desafíos para probar su potencial en diversos aspectos. La diferencia en este caso, yace en la forma en la que el reto se hace tendencia y hasta qué punto estos pueden poner en riesgo el sistema de valores de las personas que lo ejecutan e incluso su integridad física y la de los demás. Así, desde la acción ingenua de lanzar al aire una botella casi llena, con una fuerza y velocidad que logre que caiga en pie, se puede llegar a la simulación de un secuestro o provocar un desmayo que puede ser mortal.
En este punto seguramente se preguntará ¿qué tiene que ver un “simple” challenge con los actos de violencia ocurridos desde el 29 de julio en Reino Unido y Venezuela? Pues más que formas de protesta o descontento colectivo, los actos desestabilizadores en ambos desembocaron reacciones frenéticas que tuvieron como génesis el impulso en redes sociales, así como su difusión y viralización en las mismas.
Una muestra de ello es que la alta presencia en estos actos de población juvenil, principales usuarios de las mencionadas plataformas digitales
#Violenchallenge
La meta del challenge es básica y clara: hacerse viral. Uno de los primeros pasos para este fin es lograr que un personaje de relevancia en las redes o de los medios de información, difunda el contenido que se desea posicionar. Es así como no es casualidad que en Reino Unido, los principales promotores de los actos de violencia de los últimos días sean influencers que a través de sus redes sociales bombardeaban a su gran cantidad de seguidores con información antislámica y racista, siempre estimulando el uso de la intolerancia y el vandalismo como método de protesta.
En el caso de Venezuela, días previos a la elección presidencial, referentes de la televisión y de las redes emitieron mensajes con tono desolador, casi suplicante, en los que expresamente se muestra la incitación al rechazo al actual mandatario, así como con cualquier persona, símbolo o aspectos vinculado con la identidad bolivariana. De allí el empleo de la bandera de siete estrellas en sus perfiles y estados de whatsapp como una manera de alinearse al mandato de las redes que les retaba a expresar a través de sus cuentas su repudio al presidente Nicolás Maduro.
Paso dos. Una vez conseguidos los personajes admirados por las masas, el reto: hasta dónde llegar drenando la rabia. Dos detonantes abrieron la compuerta para retar a estas poblaciones previamente alineadas. Por un lado, una información falsa difundida a través de cuentas digitales antislámicas y antimigrantes sobre la nacionalidad del responsable del lamentable asesinato de tres niñas en Reino Unido; por el otro, el supuesto fraude en unos comicios que siempre estuvieron bajo la sombra del cuestionamiento en los discursos de los influencers opositores. Los promotores, sectores de la extrema derecha.
En ambos países, mensajes de odio y hasta desafiantes por personas con gran cantidad de seguidores, provocaron que una simple protesta entrara en bajada de la curva de una violencia que fue desde los que el psicoanalista alemán Erich Fromm denominó como “lúdica” hasta una reactiva y vengativa. En otras palabras, en ambos escenarios se evidenció cómo desde el chiste pesado hacia el contrario o la irreverencia de una imagen para confrontar al contrario, se pasó a la crueldad animal con un gallo ahorcado, una estatua profanada, la ubicación de algún adverso para dañar su integridad. Una suerte de retar que tanto se puede hacer para expresar el descontento.
La especialista venezolana Olivia Suárez, durante el foro “¿Qué está pasando en Venezuela?”, resaltó que mayaoritariamente en los adolescentes se presenta la violencia lúdica pues está motivada a probar hasta qué punto se puede llegar en una acción, por ejemplo, montarse en la punta de una estatua y caerle a martillazos para derribarla. Es la que generalmente se encuentran en las redes y que a través de los retos virales ha programado a esta población, y aquella que busca demostrar su eterna juventud, a buscar alternativas para expresar al ecosistema digital su nivel de valentía, así esto vulnere el sistema de valores aprendidos.
Esta violencia casi insignificante, expresó la psicoanalista, que puede parecer un simple juego es de cuidado pues es ejecutada por personas fácilmente incitables que pueden llegar a desarrollar impulsos destructores. Convencidos y con la validación de sus referentes de redes que poseen la razón para sus acciones, las masas de internautas pasan a convertirse en los personajes de acción de los video juegos bajo la supuesta excusa de defender su verdad y lo que es importante para su vida, con acciones que incluso van en contra de su esquema de valores.
“Se prepara el escenario de guerra para que este tipo de violencia salga mayoritariamente a hacer desastre y es lo que estamos viendo en algunos focos”, enfatizó Suárez quien refirió que, aunque parezca cliché, la mejor manera de contrarrestar estos odios desatados es impulsar y reforzar el amor hacia la patria y los valores que contrarios al sistema capitalista con el cual ha sido programada la sociedad.

