Un equipo internacional de científicos comprobó que las pupilas pueden expresar emociones complejas y que sus cambios no solo obedecen a la cantidad de luz en el entorno. El estudio, publicado en la plataforma de acceso abierto de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH), revela que el diámetro pupilar transmite información sobre el estado emocional de una persona, abriendo nuevas perspectivas para la interpretación de las respuestas humanas en contextos sociales y clínicos.

Según los autores, las variaciones en el tamaño de las pupilas permiten detectar reacciones asociadas al miedo, la sorpresa, el interés o la empatía, incluso cuando no hay cambios perceptibles en la iluminación ambiental. El equipo de investigación examinó a participantes de diferentes nacionalidades y edades, y observó que los patrones pupilares coincidían con emociones específicas durante la exposición a diversos estímulos visuales y auditivos.

El artículo científico añade que la monitorización pupilar podría ayudar a mejorar el diagnóstico y el seguimiento de trastornos del ánimo, ansiedad o espectro autista, así como optimizar la comunicación en entornos de alta exigencia emocional. Los expertos coinciden en que este descubrimiento amplía el conocimiento sobre los mecanismos biológicos de la emoción y refuerza la importancia de los indicadores fisiológicos en la comprensión de la conducta humana.

El papel de la pupila en la comunicación emocional

El fenómeno, conocido como “dilatación emocional”, fue estudiado en laboratorios con voluntarios sometidos a imágenes y sonidos capaces de provocar distintas reacciones afectivas. Los resultados muestran que, ante estímulos emocionalmente intensos, la pupila puede expandirse hasta un 50% respecto a su diámetro en reposo. La American Psychological Association (APA) subraya que este reflejo no depende solo de la luminosidad, sino también del nivel de excitación interna y del contexto social.

La doctora Hess Gray, experta en neuropsicología y autora participante en el estudio, explicó que “la pupila es un marcador automático y no verbal del estado emocional, útil para detectar reacciones auténticas más allá del control consciente”.

En el artículo original, los autores detallan que, ante una situación de amenaza, el ojo humano tiende a abrirse más, permitiendo que la pupila aumente su tamaño y facilitando la captación de detalles en el entorno. Este patrón se ha observado tanto en adultos como en niños y en distintas culturas, lo que sugiere que el vínculo entre la pupila y la emoción es universal.

T/Agencias

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