Presentado como la primera tienda de la capital francesa dedicada por completo a la mantequilla, Le Butter Shop abrió sus puertas el mes pasado y ofrece 30 variedades de sabores de mantequilla, procedentes de pequeños productores familiares de Bretaña, el valle del Loira y el norte del país.

Desde chalota, pimienta, algas, ajo silvestre y limón con pimienta verde, son algunos de los sabores disponibles. Los clientes pueden probar a cucharadas antes de comprar cualquier cosa, desde una porción de diez gramos hasta un bloque de un kilogramo. Y si las variedades mencionadas no les convencen, también hay opciones dulces, como vainilla, frambuesa, fresa y chocolate.

“La mayoría de la gente no espera que le guste una mantequilla de frambuesa o una mantequilla de chocolate”, explica el propietario, Erwan Leo. “Y cuando la prueban, es cuando dicen: ‘Vaya, de acuerdo’. Leo, que también dirige un negocio de catas de vino, sostiene que la mantequilla debe utilizarse como el vino, para mejorar una comida. “La idea no es emborracharse”, advierte, y añade que catar mantequilla funciona como catar vino.

“Hay que coger la cucharilla, llevarla al paladar, a la lengua, dejar que se funda un poco y entonces los sabores empiezan a aparecer uno por uno.” Además menciona que, el secreto para disfrutar de una mantequilla bien grasa es comportarse como los parisinos, caminar mucho y practicar la moderación “No pasamos de cuatro tostadas con mantequilla al día”, comenta.

Los productores de Leo baten leche de vacas seleccionadas y con mayor contenido en grasa, dos o tres puntos porcentuales más, afirma, “realmente marca una gran diferencia”. La pequeña tienda atrae a multitudes a través de las redes sociales y ahora cuenta con un equipo de cuatro personas “Desde el primer día ha sido una locura”, dice su dueño.

“La mayoría de la gente entra con la idea de probar una o dos mantequillas y acaba probando 25 tipos de mantequilla porque siente mucha curiosidad” destaca desde Le Butter Shop, que se encuentra en el número cinco de la Rue Bouchut, en París, a dos pasos del Campo de Marte y de la Torre Eiffel.

T/Agencias