La obra del maestro Román Chalbaud, El pez que fuma (1977), fue srecuperada digitalmente, marcando el inicio de un ambicioso plan de preservación fílmica nacional. La reedición es el primer resultado de un convenio estratégico suscrito entre el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC) y Bolívar Films.

Esta alianza, que se mantendrá vigente hasta el año 2028, tiene como objetivo principal la restauración visual y sonora de 15 películas emblemáticas del cine venezolano, en pro de garantizar la salvaguarda de un patrimonio artístico invaluable.

El proceso de restauración permite devolverle la calidad técnica original a esta pieza de culto, corrigiendo el desgaste del tiempo, tanto en la banda sonora como en el color y la textura de la imagen. Con esta transformación, la cinta está lista para ser exhibida nuevamente en las salas de cine modernas y plataformas digitales bajo los más altos estándares de calidad internacionales.

La películas de Román Chalbaud constituyen un espejo de la realidad social venezolana contemporánea. A través de clásicos indiscutibles como Caín Adolescente (1959), su ópera prima basada en su propia obra teatral, Sagrado y obsceno (1975), El pez que fuma (1977) y La oveja negra (1987), el director desnudó las dinámicas sociales del país, traducidas de vueltas en imagen narrativa para la reflexión.

Preservación del patrimonio fílmico

El primer paso de este convenio de restauración inició en 2024, tras un arqueo de incunables fílmicos venezolanos celosamente resguardados por la Cinemateca Nacional. La obra en cuestión, junto a otros títulos del universo cinematográfico venezolano, permaneció hasta ese momento en custodia de esta institución fundada por Margot Benacerraf hace 60 años y que por estos días está de aniversario.

El pez que fuma de Román Chalbaud y coescrita junto al reconocido dramaturgo José Ignacio Cabrujas, es considerada la obra cumbre del cine nacional, sino también una de las piezas más audaces y descarnadas del cine latinoamericano del siglo XX. Chalbaud, con su mirada irreverente, logró dignificar a los marginados sin romantizar la miseria.

T/MPPC