¿Puede el PSG de Luis Enrique marcar una era en el fútbol Europeo? ¿Está el Arsenal de Mikel Arteta en disposición de abrir una nueva etapa? El Puskas Arena de Budapest será el campo de batalla entre dos gigantes del fútbol europeo, dos estilos que buscan impregnar con su impronta la historia.

Los franceses, que sobre el papel parten con un ligero favoritismo, buscan convertirse en el primer equipo que repite cetro continental desde el triplete del Real Madrid de Zinedine Zidane entre 2016 y 2018, lo que sin duda le colocaría como la referencia continental.

Su victoria coronaría una forma de entender el fútbol, la que Luis Enrique ha impartido: la presión extrema, posesión del balón y verticalidad máxima, el fútbol total elevado a su máxima expresión.

Los londinenses aspirar a impedirlo, a hacer triunfar otra manera de buscar el éxito que reposa en un solidez defensiva que hacía tiempo que no se veía, cimiento de un ataque explosivo.

El PSG, que estrenó el año pasado su palmarés europeo, aspira ahora a elevarlo y cuenta con todos los ingredientes para hacerlo.

Luis Enrique ha creado un ejército que aplica sus mandamientos y el equipo se ha convertido en una máquina que juega de memoria, un engranaje en el que brillan los talentos individuales.

Desde una defensa talentosa liderada por el ecuatoriano William Pacho, un centro del campo de quilates con Vitinha al mando y un ataque en el que Ousmane Dembélé, Khvicha Kvaratskhelia y Desiré Doué se relevan para herir a los rivales, el equipo ha conseguido maravillar a Europa sin que nadie les plante cara en las grandes citas.

Solo han dejado escapar el pasado Mundial de Clubes, que perdieron en la final contra el Chelsea, pero en Europa, donde las cosas se ponen más serias, ningún rival ha conseguido sacar de sus convicciones al equipo parisino.

El entrenador, además, ha curado el complejo que tenía el equipo cuando la exigencia se elevaba y liberado su potencia en la Liga de Campeones, que hasta la llegada del técnico español les bloqueaba.

Asentado en una planificación magistral, Luis Enrique ha vuelto a conseguir, por segundo año consecutivo, que todas sus piezas lleguen en perfecto estado al tramo decisivo del curso.

Achraf Hakimi y Dembélé, que arrastraban problemas en los últimos días, estarán a las órdenes del técnico español, que cuenta con su capacidad de movilización para que la tropa salga en tromba como hace un año hicieron contra el Inter de Milán.

La final es de unas dimensiones históricas para el Arsenal. Lo ha admitido Mikel Arteta, si ganan comienzan una nueva era en la historia de este club. De ser el equipo perdedor de Inglaterra hace unas semanas, cuando parecía que el Manchester City iba a arrebatarles la liga, a poder ser campeones de la Premier League y la Champions este sábado.

Un doblete solo visto antes en el Liverpool, Manchester City y Manchester United y que supondría la mejor temporada de la historia de los ‘Gunners’, al que durante su historia le ha faltado pedigrí europeo.

Apenas una Recopa de Europa luce en el palmarés de los de Highbury, que han cargado los últimos veinte años con la derrota de París ante el Barcelona y que son conscientes de que este sábado tampoco será sencillo. Aquel año les tocó el mejor equipo del continente y aquí se repite la película.

Las estrellas individuales están en el PSG, mientras que el Arsenal confía en su grupo y en su solidez defensiva. Es el equipo que menos goles encaja, tiene a David Raya, el portero más en forma del mundo y a la pareja de centrales con la que sueña todo entrenador, Gabriel-Saliba.

Arteta solo tiene dos dudas para el once, en el lateral derecho y en el centro del campo. Jurrien Timber por fin se ha recuperado. El holandés ha estado de baja desde marzo y se ha perdido los últimos catorce partidos del equipo, pero esta semana se ha entrenado por el grupo y entrará en la convocatoria. Ahí Arteta tiene que decidir si le merece la pena el riesgo o si opta por Cristhian Mosquera.

En el medio, Arteta se ha inclinado en los últimos partidos por poner a Myles Lewis-Skelly y dejar a Martín Zubimendi en el banquillo. El español ha sido vital durante todo el curso, pero ha llegado al límite físicamente a esta recta final de temporada y Arteta ha preferido darle descanso en las últimas semanas.

T/EFE