Este domingo 29 de marzo, las calles de São Paulo fueron escenario de la sexta edición del Paseo del Silencio, una movilización que clama justicia por los crímenes cometidos bajo la dictadura cívico-militar (1964-1985) en Brasil. La caminata parte desde el antiguo centro de tortura DOI-Codi, concluyendo en el Monumento a los Muertos y Desaparecidos Políticos en Ibirapuera.

Bajo el lema Aprendiendo del pasado para construir el futuro, la coalición Movimiento Voces del Silencio, que agrupa a más de 100 entidades, reafirmó su compromiso con la consigna «dictadura nunca más» en un contexto donde las heridas de la violencia estatal permanecen abiertas en Brasil.

Esta iniciativa surgió en 2019 como una respuesta popular a las pretensiones del entonces gobierno de Jair Bolsonaro de celebrar el golpe militar de 1964. Inspirada en la Marcha del Silencio de Uruguay, la versión brasileña se integró en el calendario oficial de la ciudad, uniendo las denuncias de violaciones de derechos humanos del pasado con la violencia institucional del presente.

Vera Paiva, hija del diputado Rubens Paiva, asesinado por el régimen militar, destacó que la procesión ahora también acoge a madres de jóvenes de la periferia asesinados por la policía, subrayando que para los sectores más humildes la estructura represiva de la dictadura no ha desaparecido totalmente.

Vale recordar, que según cifras de la Comisión Nacional de la Verdad se documenta el saldo de la barbarie del período dictatorial en Brasil, con 434 muertos y desaparecidos reconocidos, 8.300 indígenas asesinados durante el régimen y 144 personas cuyo paradero sigue siendo desconocido.

Los organizadores denuncian que la impunidad del pasado alimenta la violencia actual, que registra un promedio de cinco muertes por intervención policial al día en el país. Con velas y rosas, los manifestantes recorren trayectos cargados de simbolismo histórico, superando intentos previos de bloqueo de rutas.

T/Agencias