
El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, anunció que las islas Galápagos se convertirán en una base militar para Estados Unidos. Este movimiento busca «combatir el narcotráfico, la pesca ilegal y otras actividades ilícitas marítimas» en este archipiélago, conocido por su extraordinaria biodiversidad y su estatus como Patrimonio Natural de la Humanidad desde 1978.
La resolución se basa en tratados de cooperación militar firmados con EE. UU. en febrero de este año, los cuales han sido aprobados por el Consejo de Gobierno de la provincia de Galápagos.
La instalación militar incluirá personal militar y civil del Departamento de Defensa estadounidense, lo que ha suscitado alarmas entre grupos ambientalistas y defensores de los derechos humanos.
Las Galápagos, célebres por su rica fauna y flora, son un tesoro ecológico que atrae a turistas de todo el mundo. Sin embargo, la posibilidad de una base militar en este entorno delicado plantea serias interrogantes sobre la protección del ecosistema.
Activistas han advertido que la presencia militar podría poner en riesgo la integridad ambiental del archipiélago, además de violar el artículo 258 de la Constitución ecuatoriana, que prohíbe la instalación de bases extranjeras.La medida también contempla otorgar privilegios y exenciones al personal militar estadounidense, así como la firma de declaraciones que aseguren el cumplimiento de estándares ambientales.
Sin embargo, organizaciones sociales han denunciado que experiencias pasadas con presencia militar estadounidense no han respetado las normas constitucionales del país.Este anuncio ha desatado un intenso debate sobre la soberanía nacional y el equilibrio entre seguridad y conservación.
Mientras Ecuador se enfrenta a desafíos significativos en materia de narcotráfico y pesca ilegal, la decisión del gobierno plantea un dilema sobre cómo proteger uno de los ecosistemas más valiosos del planeta sin sacrificar la soberanía ni el bienestar ambiental.

