Natchaieving Méndez

Una estrategia para sustituir las fiestas romanas paganas, así surgió lo que actualmente conocemos como Navidad, fecha en la que los cristianos conmemoran el nacimiento de Jesús de Nazareth. Otros, esperan la llegada de un señor de barba blanca llamado San Nicolás o Santa Claus, que viene del Polo Norte, volando en un trineo arrastrado por renos, con regalos para las niñas y niños que se portaron bien durante el año.
Para quienes vivimos en el continente americano, aunque ya es una celebración que forma parte de nuestra cotidianidad, el origen de esta festividad nada tiene que ver con los pueblos originarios que habitaban estas tierras antes de la invasión europea. Sin embargo, como todo proceso cultural, cada grupo aportó una parte de su esencia y, en una rica hibridación de costumbres y pensamientos del mundo, se creó un amplio abanico de formas de festejar este día.
Lo que otrora fue un velo colonial sobre las sombras del solsticio de invierno y las antiguas hogueras que desafiaban la noche más larga del año; después buscó sustituir las cosmovisiones indígenas y africanas, ahora es uno de los rituales más significativos en el mundo.
¿Por qué se celebra en estas fechas?
Para los primeros cristianos, la fecha del nacimiento de Jesús era poco relevante. La razón era que su dogma se fundamentaba mayoritariamente en resaltar el “milagro de la vida eterna” y por ello centraban sus oraciones y rituales en la Pascua de Resurrección.
Según estudios difundidos en la web, se dice que el nacimiento de Cristo lo ubicaban el 6 de enero y otros entre marzo o abril. Incluso, alrededor del año 200, un destacado miembro de la Iglesia llamado Clemente Alejandría afirmó que Jesús de Nazareth había nacido el 25 de mayo, teoría que no fue aceptada.

Es así como inicialmente las celebraciones de la Natividad se realizaban entre el 6 y 8 de enero; de hecho, la Iglesia armenia fue una de las primeras en conmemorar esta fecha en estos días.
No fue sino hasta el año 345, cuando el papa Julio I (aunque algunos estudiosos mencionan al papa Liberio) cuando fija en Roma esta celebración la noche del 24 al 25 de diciembre. La razón era favorecer la conversión hacia el cristianismo y resignificar la conmemoración que se hacía en estos días al Nacimiento del Sol Invicto (natali solis invicti), ritual pagano proveniente de los pueblos originarios europeos que festejaba la llegada del solsticio de invierno en el hemisferio norte.
El Sol Invicto representaba una forma de Helios, la deidad solar de la mitología griega, que gradualmente se fusionó con Apolo, dios de la luz. En textos romanos, se le menciona frecuentemente como Apolo-Helios o simplemente como el Dios Sol.
Los Saturnales
En este sentido, aparecen las Saturnales, festividad que la sociedad romana, politeísta, asociaba a la llegada del solsticio de invierno. Como pueblos agricultores, los romanos enaltecían las divinidades relacionadas con la tierra, específicamente, honraban al dios Saturno como protector de la siembra, de allí el nombre.
Justamente, entre el 17 y 23 de diciembre, cuando las noches pasaban a ser más largas y los días más cortos, los campesinos y esclavos finalizaban sus labores y se les permitía aplazar sus labores. En este período, los romanos visitaban familiares, intercambiaban regalos (como figurillas de barro o velas) y compartían grandes banquetes. De hecho, los esclavizados podían vestir ropas de sus patronos y recibir atención sin castigo por esto.

Estas festividades se desarrollaban en un ambiente de permisividad que, se dice, se originó cerca del 217 a. C. para elevar la moral de los romanos que fueron derrotados en el lago Trasimeno, por los cartagineses.
Fuera de Roma, en los pueblos de la Germania antigua, hasta comienzos de la Edad Media las festividades de esta época honraban el nacimiento de Frey. Para esta ocasión, decoraban un árbol como representación de Yggdrasil, el eje que mantenía unido el universo nórdico. Este símbolo vinculaba las alturas celestiales donde residían Odín y los demás dioses, la superficie terrestre y las raíces que descendían hasta el mundo de los muertos.
Al llegar el cristianismo, todas estas tradiciones se fueron integrando y fusionándose en la celebración navideña que en la actualidad conocemos.
Mosaico cultural latinoamericano
Las fiestas navideñas en América Latina forman un mosaico cultural creado por la conjunción de elementos de la liturgia europea con la cosmovisión de los pueblos indígenas originarios y los esclavizados traídos desde el continente africano.
Cada país tiene tradiciones muy particulares, adaptadas a sus climas, geografías, idiosincrasias, historia. Una de estas formas particulares ocurre en México y gran parte de Centroamérica y tiene el nombre de las Posadas. Esta costumbre, que se realiza entre el 16 y el 24 de diciembre, representa la peregrinación de María y José en búsqueda de posada para dar a luz al Niño Jesús.
Esta festividad, claro ejemplo de hibridación cultural tal como lo definió Néstor García Canclini, surge cuando los españoles aprovecharon el ritual Advenimiento de Huitzilopochtli, practicado por los aztecas durante el solsticio de invierno para honrar la tierra tal como los pueblos originarios europeos. Los invasores europeos y sus misioneros adaptaron esta práctica ancestral y la reorientaron a la creencia cristiana.

Un elemento curioso de estas fiestas es la piñata de siete picos: mientras que la estructura de papel y cartón tiene raíces europeas, el acto de romperla con fe recuerda a los sacrificios rituales prehispánicos, aunque ahora simboliza la destrucción de los siete pecados capitales para recibir las bendiciones (frutas y dulces) del cielo.
También, en la costa sur del Perú o el Chocó colombiano, la Nochebuena se celebra con gran influencia de la cultura africana. Específicamente en la provincia peruana de Chincha, por ejemplo, se habla de la Navidad Negra, en la que el nacimiento de Jesús se celebra con «zapateo» y el ritmo del cajón. Se dice que esta costumbre tiene su génesis cuando las poblaciones esclavizadas, al no poder participar en las fiestas de sus amos, adaptaron la música y las danzas españolas. El resultado es una festividad en la que la devoción religiosa se mezcla con la resistencia cultural y el júbilo del movimiento africano.
En Venezuela, la gaita zuliana, las parrandas, los aguinaldos, los Pastores del Niño Jesús, son parte de la identidad cultural en estas fiestas. La tradicional hallaca, cuyos origen tiene muchas teorías, es el plato principal de la cena navideña. También destaca la Misa de Gallo, la cual incorpora a la liturgia cantos de aguinaldos venezolanos que son diferentes a otras partes del mundo y son diversos de acuerdo a la región del país donde se realice.
Lo que une a toda esta diversidad de tradiciones navideñas es la exaltación de un mundo en unión, paz, respeto y hermandad; una ocasión para que en el que cada pueblo, desde formas distintas, se una la familia y los afectos para celebrar la esperanza y el renacimiento de los sueños.
Que estas fechas ilumine en muchos gobernantes del mundo estos valores para que las poblaciones del planeta eleven el famoso villancico Noche de paz en diferentes lenguas, idiomas, creencias y pensamientos, para sustituir bombas, asedios y odios por esperanza, ilusión, hermandad y amor en la humanidad.


