Comienzo por aclarar que no soy analista ni internacionalista, mis respetos para ellos por sus grandes conocimientos. Lo que si tengo es la autoridad de una simple ciudadana de a pie que observa, como decimos en Venezuela, “los toros de lejos” o en este caso “de cerca” para comenzar a armar las piezas de este rompecabezas del ajedrez en el que uno de los contrincantes es el gobierno de Estados Unidos (EEUU) liderado por Donald Trump. Dicho esto, le invito a conversar y le doy mi perspectiva del asunto.

Si está afuera del país le comento, los venezolanos y venezolanas estamos tranquilos. Para nosotros comenzó con más fuerza la Navidad y las calles están muy concurridas comprando los regalos, los ingredientes de nuestra tradicional hallaca y la vestimenta que utilizaremos en las dos fechas decembrinas. No es que no nos importe lo que ocurre en el mar Caribe, como se ha pretendido decir en redes, lo que sucede es que somos un pueblo resiliente, pero, sobre todo, alegre y de mucho humor. La cercanía y el compartir son nuestra principal tarjeta de presentación y el remedio para no sucumbir a las presiones externas.

Sin embargo, aunque los anaqueles están llenos, no como entre 2017 y 2019, hay un aire tenso en el ambiente. Aunque algunos han asumido el tema de los marines en el mar Caribe con humor, lejos de nuestra característica forma de bromear sobre asuntos serios, hay opiniones divididas.

Por un lado, están quienes adversan al Gobierno y manifiestan que de ocurrir una invasión casi se sentarán a jugar dominó con los militares estadounidenses y aseguran, asumiendo la línea de su líder María Corina Machado y obviando todos los hechos históricos de lo que ha ocurrido otrora en diferentes naciones, que estas fuerzas de EEUU solo atacarán autoridades venezolanas.

Por otro lado, hay un grueso de la población, (no sé si se trata del 60 % que la ganadora del Premio Nobel dice que colabora con grupos de narcotráfico) que, incluso, sin estar de acuerdo con el gobierno del presidente Nicolás Maduro, han asumido una posición seria y crítica sobre las últimas declaraciones del dignatario de la Casa Blanca y sus funcionarios en la que se adjudican tierras venezolanas y denuncian el supuesto “robo” que Venezuela hizo a EEUU con la nacionalización del petróleo.

Esta declaración y el anuncio del bloqueo absoluto de la actividad naval de hidrocarburos venezolano indignó a quienes con conocimiento de la historia observaron como Trump quitó el velo de una escalada guerrerista por la recuperación del monopolio petrolero.

Retomar el control de su “patio trasero”

Lo comenté hace dos meses en otro artículo: la estrategia de Trump es lograr que EEUU. retome el control sobre todos los países que conforman el continente americano y de esta manera hacer frente a sus principales contrincantes en el mundo: Rusia, China e Irán.

Desde la Doctrina Monroe (1823) cuando Estados Unidos se autoproclama “defensor” de los países Latinoamericanos para que Europa no ejerciera ninguna acción colonizadora sobre sus tierras, la intervención del “hermano mayor” se ha orientado a influir sobre los sistemas de gobierno y de esta forma lograr concesiones convenientes que, al final, se traduce en los fulanos “espejitos para los indígenas por parte de Cristóbal Colón a cambio del oro”, una frase que si bien es una aberración histórica describe lo que pasaba, por ejemplo en Venezuela, cuando las transnacionales extraían el petróleo y luego devolvían 1% de sus regalías a la nación suramericana.

No voy a entrar en detalles, pero en la Historia Contemporánea está. Luego de la Doctrina Monroe (y tal vez antes), EEUU ha apoyado y financiado gobiernos (sin importar las consecuencias para sus poblaciones) con el objetivo de proteger intereses económicos de grandes corporaciones y mantener el control geopolítico en la región, especialmente durante la Guerra Fría.

“¿Y quién no haría lo mismo para proteger sus negocios?”, diría alguno de los que tiene el juego de dominó preparado para recibir a los marines. El problema ha sido el coste humano, material y la sumisión de la soberanía territorial ¿o es que acaso no sería lo justo que se pague de forma equitativa las ganancias que se extraen en estas tierras? ¿o es que acaso no es justo que se subsane con tecnología a bajo costo todo el daño ecológico y humano que han ocasionado las transnacionales con la explotación de recursos? No se trata de un negocio de bisutería, aclaro.

Así, especialmente durante la Guerra Fría, EEUU respaldó golpes de Estado y dictaduras militares en varios países suramericanos para contener la izquierda que simpatizaba más con las ideas de la URSS. Revisemos la historia: en 1954 financió el derrocamiento del presidente guatemalteco Jacobo Árbenz, tras expropiar tierras a la United Fruit Company; en 1964 apoyó la caída de João Goulart y la junta brasileña que gobernó hasta 1985. En 1973 respaldó el golpe de Augusto Pinochet contra Salvador Allende en Chile; en 1976 avaló la junta argentina encabezada por Videla, que permaneció en el poder hasta 1983.

En el Cono Sur también intervino: en Uruguay (1973-1985) respaldó la dictadura cívico-militar que disolvió el Parlamento; en Paraguay toleró la larga presencia de Alfredo Stroessner (1954-1989) por su anticomunismo; en Bolivia apoyó el golpe de Hugo Banzer en 1971, que se mantuvo hasta 1978; y en Perú avaló la junta de Francisco Morales Bermúdez tras el golpe interno de 1975.

En Centroamérica y el Caribe el patrón se repitió: en República Dominicana intervino militarmente en 1965 y luego respaldó el gobierno de Joaquín Balaguer hasta 1978; en Honduras sostuvo sucesivas juntas militares desde 1963 como plataforma anticomunista; en El Salvador financió y armó a las juntas militares durante la guerra civil (1979-1992); en Nicaragua apoyó a la dinastía Somoza hasta su caída en 1979; en Haití toleró la dictadura de François Duvalier (1957-1971) por estabilidad; y en Panamá colaboró inicialmente con Manuel Noriega hasta que lo invadió en 1989.

Todo esto sin mencionar que muchas de estas dictaduras que fueron apoyadas por la Casa Blanca, también se sustituyeron por su financiamiento pues ya no les funcionaban. Entonces redirigieron su mirada a gobiernos “democráticos” que eran serviles a los intereses del hermano mayor.

De allí, no es casualidad que en la actualidad, justo en la temporada Trump 2 y la era de alienación digital, el mejor amigo de los tecnofeudales sea también “el compadre” de los gobiernos conservadores que se han instalado en los últimos años en América Latina.

Javier Milei (Argentina), José Antonio Kast (Chile), Santiago Peña (Paraguay), Daniel Noboa (Ecuador), José Raúl Mulino (Panamá), Nayib Bukele (El Salvador), José Jerí (Perú), Luis Abinader (República Dominicana) no solo han recibido el espaldarazo de Trump, también han implementado una serie de ajuste a sus políticas económicas para limitar el avance que han tenido con la firma de convenios que Rusia, China y países del Medio Oriente como Irán.

De acuerdo a lo anterior ¿qué fichas faltas para completar nuevamente la hegemonía estadounidense en el mundo occidental? Brasil, el gigante del Sur que está enlazado directamente con Rusia y China por los BRICS+, sería muy descarado emprender directamente contra esta nación, aunque se han hecho intentos. Colombia y Venezuela, pero este último, sin menospreciar a la hermana nación, tiene algo que todos codician: las mayores reservas petroleras del mundo.

Desde hace décadas las relaciones entre Caracas, Pekín y Moscú se han estrechado, logrando la firma de varios acuerdos que han contribuido a que la nación suramericana pueda sostenerse pese a las limitaciones de las sanciones impuestas por EEUU que limitan su economía. Estas alianzas han sido ejemplo para diversos países del hemisferio que han suscrito también diferentes negociaciones, minimizando la influencia estadounidense en sus economías.

Entonces ¿contra quién realmente es la guerra de EEUU en el mar Caribe? ¿Contra el narcotráfico como dicen o contra el principal socio de Rusia y China y su avance en el continente? ¿Es contra el principal país productor de petróleo? ¿Cómo Venezuela ha logrado sostenerse pese a las sanciones? Le responderemos en una segunda parte de este artículo

Natchaieving Méndez