
Un innovador estudio reveló que un implante que estimula la médula espinal podría mitigar los efectos de la atrofia muscular espinal (AME), una enfermedad genética que causa la degeneración de las neuronas motoras y la consiguiente debilidad muscular. Aunque el efecto es temporal, los resultados ofrecen una nueva vía para mejorar la calidad de vida de los pacientes.
Investigadores de la Universidad de Pittsburgh informaron en la revista Nature Medicine sobre los resultados de un estudio piloto en el que tres adultos con AME experimentaron mejoras en su fuerza y función muscular tras recibir estimulación eléctrica en la médula espinal. Los participantes mostraron una mayor facilidad para pararse y caminar.
«Estas personas definitivamente no esperaban una mejoría», dijo Marco Capogrosso, profesor adjunto de la Universidad de Pittsburgh que dirigió la investigación. Sin embargo, durante el estudio piloto de un mes, «estaban mejorando cada vez más».
El equipo científico implantó electrodos sobre la médula espinal inferior de tres adultos con AME y probaron su fuerza muscular, fatiga, rango de movimiento y cambios en la marcha y distancia recorrida cuando el dispositivo estaba encendido y cuando estaba apagado8. No restableció el movimiento normal, pero con sólo unas pocas horas de estimulación espinal a la semana, todos vieron mejoras rápidas en la fuerza y la función muscular.
Los tres participantes aumentaron significativamente la distancia que podían caminar en seis minutos, y uno que inicialmente no podía ponerse de pie desde una posición arrodillada pudo hacerlo al final del estudio, dijo Capogrosso.
La estimulación de la médula espinal, que consiste en aplicar descargas controladas a la médula espinal, se ha utilizado previamente para tratar el dolor crónico81. Este estudio representa la primera evidencia de que también podría ser útil para enfermedades neurodegenerativas como la AME.
La estimulación de la médula espinal (SCS) utiliza impulsos eléctricos para aliviar el dolor crónico de la espalda, los brazos y las piernas.
Aunque la neurocientífica Susan Harkema reconoció que el estudio es pequeño y breve, lo calificó como una prueba de concepto importante.

